No leer en cuarentena: Bloqueo lector

Ilustración de Carlos Gaytan Tamayo

I

Los bloqueos lectores son especialmente graves para las personas que tienen interés en las letras. Provoca ansiedad el hecho de perderse de las últimas joyas editoriales de la literatura. La emergencia sanitaria que causa este incomprensible virus nos recluye en nuestros hogares y nos lanza a nuestra suerte ante un trabajo, unas clases o una muerte digital. Abruma pensar que en internet se pueden encontrar legal e ilegalmente algunos de los mejores libros que los hispanohablantes han escrito. No quiero —¿o no puedo?— leer.

Mi máximo logro durante esta emergencia sanitaria ha sido conducir eficazmente la intertextualidad de veinte páginas de un cuento o dos. No quiero leer a Cervantes, ni a Cortázar, ni a Coetzee; esa maldita triple C me provoca asco. En este tono, me complace confesarles que no he terminado el Quijote, ni Rayuela, ni Juventud.

II

Hace tiempo se publicó No leer de Alejandro Zambra, un libro que reúne algunas de las mejores columnas periodísticas de este gran autor chileno. Hay dos o tres ensayos que irremediablemente remiten a la importancia que tiene el no leer ciertas obras. En estos tiempos, resistir la selección de los editores de la tienda de libros de Apple, los recomendados de El sótano o los más vendidos de Gandhi, es un deporte extremo. Los premios Mauricio Achar y los Planeta frecuentemente tienen la portada más irresistible que pueda tener un libro. Magnánimamente, me he negado a leer la mayoría de ellos. Y he desistido de leer a muchos más que no fueron premiados y que no están recomendados por ninguna tienda o editorial.

III

El origen de todo, probablemente sea el trato que recibe la literatura en nuestro sistema educativo y cultural. Carajo, antes de la cuarentena los eventos culturales más pobres y con menos asistencia eran los de literatura. Y, ¿te acuerdas cómo a una brillante maestra de Español se le ocurrió encargar de tarea leer el mentado Quijote a un grupo de adolescentes de 11 a 16 años? No lo leí entonces y no lo leeré ahora. No asistí entonces y no asistiré —virtualmente— ahora. Tal vez en el futuro: digamos nunca.

IV

Me muero por leer las reflexiones de Zizek y de Butler sobre el COVID-19. Por alguna razón no he podido tomar esos artículos. Ya lo pude descargar, incluso lo tengo en formato EPUB. El libro se llama Sopa de Wuhan. Pero no puedo. No me concentro. No me gusta. Me aburre. Puta, leer me aburre. ¿Ahora qué?

V

Como siempre, la poesía y la brevedad al rescate. Me encantan los contemporáneos españoles. Elvira Sastre es tan adecuada cuando no logro leer una sola página. Marwan. No estoy en el mood para criticar lo snob que es leerlos. Me sumergí en Pizarnik, en Borges y en Sabines y casi me ahogué. Salí para leer las minificciones de Alberto Chimal, de Andrés Galindo y de Twitter. Respiré aire fresco.

VI

El acto de no leer es fundamental en la vida de cualquier lector. Los libros sin leer en el estante o en las memorias virtuales son como las cicatrices de guerra de cualquier soldado. Cuando les preguntan: “Esta marca me la hice en Afganistán y esta otra en Irak”. Cuando a los lectores les preguntan: “Este libro lo compré en España y no lo he leído. Este otro en Guadalajara, y no tengo intención de leerlo ni hoy ni nunca. Estoy seguro que son libros buenísimos, los mejores”. Las letras exigen un respiro para reorganizarse y contar una mejor historia cuando no estamos leyéndolas. Si nunca las leemos, contendrán la más asombrosa historia de todos los tiempos. Entre más tiempo demos a los libros, más importantes se vuelven.

VII

Abordar un bloqueo lector en un contexto de encierro es complejo porque la necesidad mental de dedicar nuestras horas en casa a un buen libro no se va. Las cuatro paredes de las habitaciones albergan dentro un potencial lector que ahora se encuentra con un bache en su casi perfecto historial de lecturas. Ningún camino es intachable y hasta los más influyentes críticos literarios se toman un tiempo alejados de los libros. Un alejamiento prudente como el de Fitzgerald y Hemingway o como el de Joyce y Proust. Sus letras se encontentaron y no hay razón para pensar que las nuestras no lo harán con nosotros.

VIII

Mandamientos del bloqueo lector:
1. No leerás nada.
2. Leerás No leer de Alejandro Zambra.
3. No leerás No leer de Alejandro Zambra.
4. Leerás el Quijote, Rayuela y Juventud.
5. No leerás más de dos cuentos.
6. Pedirás recomendaciones literarias.
7. Te pasarás por el arco toda recomendación.
8. Leerás a tu ritmo, sin presiones.
9. Si no quieres leer, no leerás.
10. Ignorarás todos los mandamientos.

Ilustración de Carlos Gaytán

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Ilustrador: Carlos Gaytan Tamayo (Ciudad de México, 1999). Estudia Ciencias y Artes para el Diseño en la UAM Azcapotzalco. Formó parte de varias exposiciones colectivas de cartel en su universidad. Algunas de sus obras ilustran artículos de Cultura Colectiva. Su trabajo se inspira en diversas técnicas y se encuentra en el diseño gráfico y la ilustración.


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