Carta a la distancia

Estoy lejos de México. No tuve que cruzar ningún océano pero sí tomar un avión por varias horas. Desde hace unas semanas, estoy en un lugar donde el otoño es de verdad y los árboles han comenzado a colorearse de amarillo, rojo y guinda. Todo era maravilloso, no había tenido nostalgia de la casa hasta el día de ayer, cuando dormí con una sonrisa en el rostro después de la gran noticia que las hermanas oaxaqueñas lograron para todas las mujeres mexicanas. Me sentía tan lejos de ese logro, quería ir con alguien y abrazarla para poder mirarnos y decirnos “Es posible”.

Pero hoy fue 26 de septiembre. Y el día fue lluvioso y triste. Pensé en que si tengo hijos, alguna vez me preguntarán “Mamá, ¿tú qué hiciste?, ¿tú dónde estabas?” Y quizá no sabría qué responderles. Quizá con el tiempo las marchas se hagan más pequeñas, quizá tomen más fuerza. Sólo espero que un día no olvidemos. Es nuestro trabajo hacer memoria todos los días y recordarnos esos momentos para nombrar a quienes ya no están.

Por ello hoy quise escribir sobre Procesos de la noche.

Como ya he dicho aquí, las mujeres han venido liderando las avanzadas literarias en México y sus libros se han develado como grandes joyas pues han hecho del compromiso social de hablar de temas importantes para México de una manera poderosa y poética. Diana del Ángel es una de estas mujeres. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM y es la autora de un libro bellísimo pero crudo. Cuando empecé a leerlo, no pude soltarlo hasta que lo terminé. Luego estuvo llorando toda una semana. Es un libro que no debería existir pues narra un evento que jamás debió haber pasado, sin embargo, el libro tiene una fuerza poética impresionante que convierte a Del Ángel en una de la smejores escritoras mexicanas actuales.

Cristina Rivera Garza afirma en Los muertos indóciles que “es importante, tanto por motivos estéticos como políticos, diferenciar entre aquellos libros hechos para confirmar el estado de las cosas y aquellos libros hechos para cuestionar y subvertir, el estado de las cosas” (112), por lo que me parece que es necesario recuperar el carácter de Procesos de la noche como un texto subversivo de ficción documental que está proponiendo una nueva forma de escribir, haciendo mímesis de un nuevo documento de poder y legitimación: el discurso forense.

La búsqueda de la familia de Julio César Mondragón Fontes y la abogada Sayuri Herrera de una segunda necropsia para el normalista asesinado el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero es la trama de este libro escrito por Diana el Ángel.  Es un texto en el que más allá del cuerpo de Julio y los estudios que le fueron realizados, se habla de las personas y los sucesos a su alrededor, la travesía de su familia y la abogada para lograr la autopsia y los sentimientos que hay durante los días que dura esta. Esta autopsia es realizada en las instalaciones de la SEMEFO, a la vez por peritos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EEAF) y de la PGR, además de que intervienen otros actores como el experto en huesos, Steve Symes.

Este texto es especial por muchas cuestiones, sin embargo, me interesó en particular la forma en cómo Del Ángel aborda el acto de la autopsia pues esta no es cualquiera. El EEAF trata de traducir ese léxico médico que puede llegar a ser frío a palabras ncotidanas para romper, como dice Paryz (2004), esa relación de poder entre quien posee el discurso médico y quien no. Se habla del nivel de descomposición de los tejidos y la descripción de las heridas en el cuerpo de Julio César: “El médico señala que se encontraron equimosis de color violáceo producidas por impacto de objeto romo en el brazo, antebrazo, cara anterior del cuello, espalda, región lumbar, por encima de los glúteos, cresta ilíaca y muslo” (191) y luego: “Las costillas afectadas, cuyo grado de lesión va del doblez a la quebradura, fueron la segunda, tercera, cuarta, sexta, séptima, octava, novena y décima del lado izquierdo, mientras que del lado derecho la tercera, sexta y decimosegunda” (194).

No obstante, se trata al mismo tiempo de humanizar el cuerpo y en este caso, hay toda una sección en libro dedicada a esto. Los capítulos llamados Rostro son textos con la finalidad de matizar la posible crudeza de la descripción de la necropsia. Una de las estrategias textuales usadas por la autora que me parece tiene un gran poder es en la que utiliza un término técnico con un adjetivo de carácter afectivo: “un maxilar querido, una mandíbula besada…” (178) pues está colocando en un mismo sintagma nominal un sustantivo médico con una palabra con carga sentimental que matiza la impersonalidad del primero. Posteriormente, ocurre lo mismo con el siguiente pasaje, sólo que, en lugar de ser dentro de una estructura sintáctica pequeña, es en un contraste entre situaciones narrativas: “Mientas los peritos hablan, Melisa, la hija de Julio y Marisa, se pasea con su pequeña figura de casi dos años por la sala y se divierte abriendo y cerrando las puertas de los estantes donde guardan el material de la oficina” (199). Tomasso Gravante añade a propósito de la humanización:

Además, en el caso investigado, se puede observar un punto de ruptura donde las víctimas dejan de ser cifras anónimas para convertirse en seres humanos, lo cual transforma la desaparición de los estudiantes en una crisis social: las imágenes del cuerpo con el rostro desollado de uno de los jóvenes asesinados la noche del 26 de septiembre de 2014. Ver aquellas imágenes y asociar esa muerte a la biografía de un estudiante, padre de una bebé, rompió con el anonimato que caracteriza a las numerosas víctimas de desaparición en México. (Gravante 19)

Este el primero de los textos en los que se establece una diferencia entre el cuerpo muerto y la persona que fue en vida, cuando se dice: “ese no es Julio, Julio ya está descansando”, se puede interpretar que existe una diferenciación ontológica entre la materia orgánica que es el cuerpo que se está examinando y la persona que llevaba por nombre Julio César Mondragón y a la que toda su familia busca darle justicia.

Por último, Procesos de la noche me parece que demuestra su complejidad, aunque pueda parecer a simple vista un texto fácil al ser una crónica y no un entramado ficcional, sin embargo, es muestra de lo complicada que puede ser la realidad frente a la más inteligente obra literaria. Procesos…, me parece utiliza la retórica legal para tratar de solucionar y deconstruir esta misma retórica en la búsqueda de justicia. En numerosas ocasiones dentro del libro se critica la cualidad críptica del texto legal y cómo esto se vuelve un obstáculo para las víctimas.

Analizar este tipo de textos es difícil porque en cualquier momento podemos perder de vista el tema que están tratando o tratar de usar las mismas herramientas utilizadas en otros textos, sin embargo, necesitamos darnos cuenta de qué tipo de escritura está naciendo en el escoldo del incendio que México ha sido estos años. Necesitamos hacerlo tanto para dar cuenta de nuestros procesos sociales como para detenernos y encontrarnos de nuevo a través de las letras. Hacer memoria y no olvidar.

Bibliografía

Gravante, Tommaso. “Desaparición forzada y trauma cultural en México: el movimiento de Ayotzinapa” en Convergencia. Revista de Ciencias Sociales, núm. 77, mayo-agosto 2018, pp. 13-28. doi: https://doi.org/10.29101/crcs.v25i77.9728 (Consultado por última vez el 17 de diciembre de 2018)

Paryż, M. “Narrative Functions of Medical Discourse in Edgar Allan Poe’s ‘Berenice’” en Polish Journal for American Studies, núm. 1, 2004, pp. 87-98. Disponible en http://paas.org.pl/wp-content/uploads/2013/10/001-224-PJA-NR-1.pdf (Consultado por última vez el 20 de diciembre de 2018)

Rivera Garza, Cristina. Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación. México: Tusquets, 2013.

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