Ay, Dios mío, ¿por qué no me has hecho nacer varón? – ‘La ciudad de las damas’ de Christine Pizan

Christine de Pizan fue una mujer italiana que vivió entre los siglos XIV y XV en Venecia. Se dedicó a la poesía, a la filosofía y a los «altos estudios» en la corte de Carlos V de Francia, en donde entró gracias a que su padre se incorporó como astrólogo real. La corte funcionó como su espacio para desarrollarse, pues utilizó la biblioteca y el archivo como fuente de información para formarse como humanista y escritora.

En 1405, publicó La ciudad de las damas, un tratado en defensa de las mujeres presentado en forma de alegoría, donde responde a varias de las obras de su tiempo, escritas por grandes filósofos y reconocidos doctores de la iglesia y de la ciencia, en las que se escribían todos los vituperios y quejas posibles sobre las mujeres.

“Aquí empieza el libro de La Ciudad de las Damas, cuyo primer capítulo cuenta cómo surgió este libro y con qué propósito”.

La escritora veneciana abre su narración con la anterior cita y del mismo modo, abrimos hoy este espacio para hablar de la literatura escrita por y para mujeres.

Pizan se sitúa como protagonista y comienza su relato narrando su acercamiento a una de estas obras molestas: El libro de las lamentaciones de Mateolo. La mujer describe su sentimiento de risa y goce sobre las “groserías de estilo” y las atrocidades que escribe su autor, un símbolo del talento para trabajar con el humor y la conciencia de su conocimiento superior al de quien escribía dicho texto. Al final, decide dejar el libro, en señal de la decisión de librar las batallas que valen la pena y que son de un estudio “más provechoso”.

Este hecho es relevante porque a causa de este texto es que la autora comienza su reflexión: ¿por qué todos se expresan tan mal de las mujeres? ¿cuál es el pecado tan grande que han cometido? Si ella conoce a mujeres tan buenas y tan distinguidas, ¿cómo es posible que los hombres critiquen a diestra y siniestra a todo el género femenino? Si Dios es tan bueno, ¿por qué creó a la mujer tan imperfecta y no la hizo a semejanza del hombre, ese ser lleno de virtudes y digno de todas los privilegios y alabanzas? ¿Dios es tan cruel como para crear un monstruo como la describen los sabios?

La autora enumera una gran lista de libros en los que se pone en cuestión la virtud femenina y discuten el respeto que se debería tener hacia las mujeres.

“Me preguntaba cuáles podrían ser las razones que llevan a tantos hombres, clérigos y laicos, a vituperar a las mujeres, criticándolas bien de palabra bien en escritos y tratados.”

Pizan sigue pensando. Todos los libros, desde la Metafísica de Aristóteles hasta las Confesiones de San Agustín, hablan de las mujeres:

“No hay texto que esté exento de misoginia. Al contrario, filósofos, poetas, moralistas, todos -y la lista sería demasiado larga- parecen hablar con la misma voz para llegar a la conclusión de que la mujer, mala por esencia y naturaleza, siempre se inclina hacia el Vicio”

Tras quedarse entre el sopor del sueño y la meditación, tres mujeres se le aparecen en una especie de visión y le transmiten un mensaje y un propósito: no debe dudar de su juicio, las habladurías ajenas no deben modificar en absoluto las consideraciones que ella se ha formado acerca del género femenino mediante su propia experiencia y su estudio. Además, agregan que es su nueva misión crear una ciudad donde todas las mujeres sean libres y educadas, y que cada una de estas damas celestiales le proporcionará un elemento para la construcción del lugar

Le dicen que aquello que escriben los poetas no debe ser siempre creído, y es aquí donde la misma autora indica la idea que tiene de la poesía: es un lenguaje figurado, metafórico, que no indica directamente la realidad.

“Durante mucho tiempo las mujeres han quedado indefensas, abandonadas como un campo sin cerca, sin que ningún campeón luche en su ayuda. Cuando todo hombre de bien tendría que asumir su defensa, se ha dejado, sin embargo, por negligencia o indiferencia que las mujeres sean arrastradas por el barro”

En este momento, la narración se divide en tres partes, cada una protagonizada por alguna de las visiones celestiales de la autora y se comienza con un largo conteo de mujeres ejemplares y sus vidas, así como del camino que hay que seguir para ser como ellas. La primera Dama, la Razón, ayudará a la autora con los cimientos de esta nueva ciudad alegórica, representados por las mujeres célebres del pasado en donde se encuentran las amazonas, las míticas mujeres guerreras. La segunda parte cuenta cómo la Derechura dirigirá la construcción de los edificios y vialidades de la ciudad, que representan las virtudes femeninas. En este apartado se toca el tema del matrimonio y la educación, pues se sostiene que todas las mujeres son libres de decidir cuál debe de ser su nivel de estudios y sus áreas de dedicación. Las vidas de las mujeres bíblicas del Antiguo Testamento, Dido y las Sibilas son el modelo para esta sección. En la tercera parte, donde impera la Justicia, habla la Virgen María, quien será la reina de la ciudad , agradeciendo a Christine por su acto pues ahora tendrá un lugar para vivir con todas sus amigas, hermanas e hijas.

La Razón es el otro personaje principal, pues acompaña a la autora en todo su recorrido y dialoga con ella acerca de sus dudas sobre el lugar de las mujeres y las razones por las que son despreciadas. En una de estas conversaciones, Christine le pregunta cuál es el motivo por el que Ovidio, siendo un gran poeta, hablaba tan mal de las mujeres. También la cuestiona acerca de la veracidad del argumento de que las mujeres son «glotonas y comilonas» y de por qué las mujeres no forman parte del sistema judicial medieval.

En general, todo el libro es un discurso en defensa de las mujeres mediante la desmitificación de los prejuicios que existían sobre ellas, acusándolas de pecadoras e indignas. Las mujeres ilustres de las que se habla funcionan como espejos, no solo para demostrar la capacidad femenina, sino también como ejemplos, modelos a seguir en cuanto a su educación o esfuerzo, algo como lo que hoy intentan hacer libros como Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes y de lo que podemos ver un poco en De mulieribus claris de Bocaccio (1374).

Christine de Pizan fue una mujer que en la que podemos pensar como pionera en la profesionalización de la mujer intelectual, pues vivió toda su vida, desde que enviudó haciendo escritos por encargo. Fue una escritora muy prolífica y es considerada como una de las primeras mujeres que mediante la palabra se decidió a pronunciarse contra los parámetros establecidos en su época, un espíritu que podemos ver heredado en mujeres como Sor Juana Inés de la Cruz y Gertrudis Gómez de Avellaneda.

Este libro es una muestra de apertura a la discusión y al diálogo que nace de la reflexión y el cuestionamiento de lo que parecía lo más natural, de la regla impuesta y de la puesta a prueba de esta misma.

“Honorables damas, alabado sea Dios porque queda nada la construcción de nuestra Ciudad que os acogerá a Vosotras que os preciáis de virtud, dignidad y fama, seréis acogidas en una Ciudad levantada y edificada para todas las mujeres de mérito, las de ayer, hoy y mañana”

 Aquí pueden encontrar el libro completo digitalizado.

 

Giselle GonzálezAutor: Giselle González Camacho
Chiapaneca que a veces escribe.
Me interesan las literaturas populares, el origen de las palabras, el trabajo comunitario y la escritura femenina.

 

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2 comentarios sobre “Ay, Dios mío, ¿por qué no me has hecho nacer varón? – ‘La ciudad de las damas’ de Christine Pizan

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