#ExperimentumCrucis 2: Onetti o de la melancolía y el amor

«Le style, c’est l’homme».

GEORGE-LOUIS LECRERC

El estilo es el hombre. Según esta premisa, no existe nada más allá que toda verdad contenida en el estilo. De tal modo, el hombre se decreta por este carácter: su estilo de vida, de escritura o de ser. La melancolía, por ejemplo, existe en tanto que la denominamos sin más. Sin indagar en mayores cuestiones filosóficas, diariamente confluyen distintas formas –mejor dicho estilos–  de la misma, ya sean individuales, distantes, extrañas, fraternales, contradictorias, entre muchas otras.

Juan Carlos Onetti –escritor uruguayo fundamental del siglo XX– posee un lugar importante dentro del ámbito literario universal. Su visión existencialista, además de su estilo elegante y pesimista, lo vuelven un personaje basto para el análisis, la crítica o la visión del hombre mismo. Es en sus textos que podemos encontrar la desilusión del ser humano, ese rostro que casi nadie aborda por miedo o repugnancia. Onetti, al contrario, embiste aquella melancolía que roza lo trágico y lo sublime, para convertirla en literatura, en una expresión que golpea a cualquier lector.

«Tan triste como ella» [1] es un cuento que narra la historia de un matrimonio. Sin designar nombres, Onetti crea una atmósfera de frustración, desgracia e hipocresía. En ella, los personajes hablan sin comunicarse y se odian sin amarse. El estilo melancólico que plantea Onetti, resulta completamente contrastante, porque a pesar del ambiente denso, el inicio resulta totalmente empático, de hecho contradictorio con la esencia de la historia. Todo el desarrollo es, en su totalidad, disimulo o ficción, pues la mujer y el hombre fingen el afecto sólo por estar casados. Sin embargo, al principio del cuento, aparece una especie de epístola o recado:

Para M.C.

Querida Tan Triste:

Comprendo, a pesar de ligaduras indecibles e innumerables, que llegó el momento de agradecernos la intimidad de los últimos meses y decirnos adiós. Todas las ventajas serán tuyas. Creo que nunca nos entendimos de veras; acepto mi culpa, la responsabilidad y el fracaso. Intento excusarme -sólo para nosotros, claro- invocando la dificultad que impone navegar entre dos aguas durante X páginas. Acepto también, como merecidos, los momentos dichosos. En todo caso, perdón. Nunca miré de frente tu cara, nunca te mostré la mía.

J.C.O. [1]

Precisamente es éste el fragmento al que nos dedicaremos en esta ocasión. Por medio del análisis semántico de los verbos que se presentan, caracterizaré un posible estilo de amor melancólico en este cuento del escritor uruguayo. Lo digo de esa manera ya que el amor es casi inexistente en el cuento, tal es el carácter existencialista; sin embargo, podemos analizar la semántica utilizada en el fragmento más emotivo y amoroso del cuento para observar una visión distinta de Onetti.

En el texto, hay un total de quince verbos, mientras que «aceptar» aparece en dos ocasiones. Curiosamente, es el único verbo que se repite. Para el análisis del cuento, resulta discordante o irónico que surja la «aceptación» como elemento de la proposición del estilo amoroso –obviamente desde la óptica de este artículo–, pues quizá sea el valor más ausente en toda la historia.

Captura de pantalla (167)

En la tabla anterior, aparece un listado de los verbos y su correspondencia semántica. Cabe resaltar la gran variedad de verbos, pues no todos pertenecen a una clasificación genérica que englobe a la mayoría. Así, la construcción de la idea de amor y de la melancolía se edifican a partir de la variedad en las «acciones». El amor, por ejemplo, ya no forma parte de una semántica mental que es donde estereotipadamente se encuentra.

En la siguiente clasificación, hay un conteo de los tipos de verbos según su semántica:

Captura de pantalla (168)

En este caso, resulta notable la valía de la comunicación en el fragmento de Onetti. Con cuatro muestras, es el campo semántico más relevante de la clasificación y, como dije anteriormente, ironiza un poco con el desarrollo de la historia; además refuerza el carácter contrastante de la melancolía desde la óptica aristotélica.

La transferencia (casi nula en la entrega de ambos personajes), el movimiento (característica fundamental, mayor aún en la mujer), la existencia dinámica (también parte de la construcción del personaje femenino) y el campo mental tienen dos muestras. El último módulo es relevante para el cuento. Éste inicia y termina de la misma forma, consecuencia de la carga psicológico-mental de la mujer.

El fragmento completo indica una gran carga de resignación, despido y pesimismo, fiel al estilo existencialista de Onetti. En él, el narrador declara sinceramente –en contraste con todo el cuento– que él, a pesar de intentar amar a la mujer, fue incapaz de hacerlo, por lo que la nostalgia y la melancolía lo invadieron por completo, eso ocasionó una visión completamente disconforme e hipócrita del matrimonio.

Sin embargo, la aceptación y la disculpa están en el pequeño texto. Si confrontamos ambos aspectos –léxico, con el análisis semántico, y textual, con la lectura del fragmento completo– obtenemos un contraste interesante de la visión de Onetti. Al mismo tiempo que demuestra la melancolía de su visión con el choque de sentimientos, también nos brinda un estilo amoroso particular que clasifica algunos elementos.

La comunicación, entonces, tiene una carga mayor en su estilo amoroso; sin embargo también existe la imposición. Hay una lucha constante de seres que buscan comprenderse mutuamente para poder mostrarse después al otro. He ahí el dinamismo y el movimiento. La transferencia reside en la aceptación –discrepancia melancólica dentro del cuento–, sin la cual estamos condenados como «aquellos tan tristes». El entendimiento complementa todas las demás características, por más que haya divergencias y discrepancias.

Si pudiéramos hablar de una propuesta de estilo amoroso de Onetti, ésta recaería en la desapropiación de lo evidente. En «Tan triste como ella», hay muestras que denotan una gran carga de nostalgia, de elementos densos e irremediablemente vacíos que desaniman a cualquiera. El existencialismo, al fin y al cabo, sobrevive ante todo. La melancolía, la disparidad en el trasfondo y el texto en sí, revela una visión amplia de un estilo sumamente rico, paradójico y, por supuesto, humano de Juan Carlos Onetti.

[1] Onetti, J. C. (1984). Tan triste como ella. México: Editorial Seix Barral.

Joshua Córdova RamírezAutor: Joshua Córdova Ramírez Estudiante de Letras Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Ganador del concurso interpreparatoriano de Poesía. Ha publicado en revistas como Cruz Diez, La sociedad anónima, Palabrerías y la antología de la Secundaria Diurna No. 4. Es colaborador y community manager de Primera Página.
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