Etiqueta: Microrrelato

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Futuro – Microrrelato de Hugo Jesús Mion

Con manos temblorosas, tomó la pequeña maceta, y la contempló un instante. Sus ojos se humedecieron. El endeble tallo de la planta se erguía desde un poco de tierra arenosa, que parecía apenas sostenerlo. Tres hojas, verdes y aterciopeladas, surgían a los costados y, en el extremo, un blanco botón anunciaba el inminente advenimiento del primer pimpollo.

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Conversaciones – Minificciones de Jorge Etcheverry

Cavilación de trasplante 

Y entonces allí nos quedábamos sentados a veces por horas en una plaza cercana, poco concurrida, con poco más que un poco de pasto amarillento, un par de árboles, una fuentecilla y la estatuita gris verdosa de un prócer inidentificable, viendo cambiar la forma de las nubes, como esperando que ese cambio se nos contagiara a nosotros, a nuestras vidas de apátridas. Como si a la naturaleza le importaran un bledo nuestros padecimientos. A veces comentábamos el destino de algunos de la generación que nos había precedido, de aquellos que murieron torturados en la revolución abortada, que muchas veces abandonaron carreras profesionales y hogares tranquilos, bellas novias, la notabilidad en diversas artes, para embarcarse en ese proyecto utópico que también había fracasado y que en retrospectiva nos parecía todavía menos alcanzable. Pero en el horizonte no se dibujaba un destino semejante para nosotros, o era que habíamos perdido de antemano, o éramos los verdaderos perdedores, los que habían recibido la pérdida, habían crecido y se habían desarrollado en medio de la pérdida. Nos parece haber estado muchos días sumidos en estas cavilaciones por horas, ya sea en este departamento, o dando vueltas por el centro, o aquí en este mismo parque, siempre en estas discusiones, pero a lo mejor era que nos parecía, y fueron en realidad sólo unas cuantas veces, o unos pocos días.

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Silencio a contraluz – Microrrelato de Baltasar Botavara

Santa María de las Lagunas, viernes 8 de noviembre. Cae el sol y alguien apunta a contraluz a donde pasta la vaca, en lo alto de la colina.

Allá arriba, en la línea del horizonte, se pierden el cielo gris y el sol en segundo tercio, y enfrente del sol hay unos árboles que yacen en silencio junto a unas espigas y una vaca. Cuando el fotógrafo mueve el lente hacia la derecha, se le aparecen de súbito tres siluetas que no tendría que estar viendo: la de alguien arrodillado, la de alguien de pie y la del arma con la que le está apuntando a la cabeza de aquél. Hace frío y se alcanza a ver la respiración del sentenciado.

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Sol de septiembre || Microrrelato de Baltasar Botavara

Esa mañana Adriana entró a su apartamento sin más ambiciones que seguir viviendo la costumbre de su matrimonio. Cerró la puerta y notó que algo era distinto: el aire tenía notas de mandarina, de caramelo claro, de piel de durazno, con una acidez brillante y cuerpo medio. El aroma era violento y escandaloso, extraño y sensual, y envolvía cada rincón del apartamento. Era el aroma del café del Huila, recién molido y preparado, servido en una sola taza que estaba sobre la mesa del comedor, en el puesto de Mario, quien no esperaba que Adriana volviera tan rápido del supermercado. Rodeados de un ruidoso silencio y deslumbrados por el sol de septiembre, los esposos, incómodos y confundidos, entrecruzaron sus lejanas miradas, como dos amantes dedicados a desamarse hasta que la muerte los separe.