Etiqueta: apreciación musical

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Paisajes sonoros: El retrato de un lugar más allá de las imágenes

Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo

L. V. Beethoven

Te propongo algo. Durante los próximos minutos, y mientras sigues leyendo lo que voy a pedirte, trata de mantener completo silencio.

Probablemente estés en tu recámara o en el salón de tu casa; quizás te encuentres viajando en el transporte público o esperando en la banca de algún parque. No importa dónde estés. Guarda silencio. Respira profundamente. Tan sólo escucha lo más atentamente que puedas.

¿Qué alcanzan a percibir tus oídos? Seguramente se escuchan las voces de las personas a tu alrededor, o la música que sale de la bocina del local de enfrente. ¿Ese es el ruido de la televisión? Escucha aún más atentamente. ¿Puedes escuchar el tic-tac del reloj que está colgado en la pared? ¿Qué tal el ruido del carro que acaba de cruzar por la avenida? Guarda total silencio, escucha cada detalle. ¿Eso que suena es un pájaro a lo lejos? ¿O es sólo el aire que está silbando a través de la rendija de la ventana entreabierta? Bien. Ahora concéntrate en los silencios. En tu propio silencio. Qué curioso suena el aire que exhalas en cada respiración, ¿no? Ahora parece que tu propia voz suena demasiado fuerte dentro de tu cabeza . ¿Y qué tal el sonido del latir de tu corazón?

¿Escuchas?

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Brevísimo manual del melómano aficionado (III)

En esta suerte de apéndice, epílogo, lista de consejos, decálogo sobrepoblado, usted podrá encontrar algunas consideraciones finales acerca de lo que subyace a un melómano, más allá de rituales y esquemas, formas y complejos.

Al final, esto no se trata más que de escuchar música en compañía de un variado conjunto de expresiones faciales que van del júbilo a la rabia, de la melancolía a la resignación. Su esencia sólo se forma por varios cientos de recomendaciones desinteresadas y por una interminable lista de música pendiente. Es el lugar en donde una persona, en la más exquisita intimidad, busca un refugio en donde recrear su silencio, en donde todo se reduce a un par de ojos que se cierran para privarse de ciertas imágenes y explorar otras, muchas veces más hondas y profundas.

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Brevísimo manual del melómano aficionado (II)

Si ha seguido nuestro consejo —en vez de optar por el consumo de opiáceos y demás fármacos que ayudan a sobrellevar la abstinencia— y ha decidido ejercer el vicio y entregarse a los brazos de la musa Euterpe,  es muy probable que ya empiece a sentirse familiarizado con los síntomas y necesidades que conlleva la melomanía. Seguramente ya ha conocido algunos de los tantos recintos culturales de su ciudad y puede que incluso se haya tomado una foto frente a alguna fachada famosa. También es probable que sus listas de reproducción favoritas hayan tenido nuevas adquisiciones y que ahora el tono de llamada de su teléfono celular sea el fragmento de alguna obertura francesa. Sin embargo, es posible que su necesidad aún no esté satisfecha y que todavía tenga inquietudes musicales que subsanar. Por ello, y con el afán de instigar su ávida curiosidad, a continuación se le ofrecen algunos fragmentos más de información oportuna capaces de introducirse en casi cualquier conversación cotidiana.

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Brevísimo manual del melómano aficionado (I)

Si en algún momento de su vida usted se ha dejado seducir por el sensual coqueteo de un saxofón, si al escuchar las notas finales de un violín ha experimentado sensación de debilidad acompañada de sudoración en las manos y erizamiento de la piel, si las escalas y arpegios del piano le provocan fuertes e incontenibles suspiros y si tiene un particular interés por los exóticos movimientos de muñeca que el director de orquesta realiza, me complace informarle que es muy probable que dentro de sí usted lleve el singular germen de la melomanía.