Editorial (agosto) – La huelga en Hollywood o la parálisis de la industria del entretenimiento

Ilustraciones de Darío Cortizo

Desde su primer gran estreno, El nacimiento de una nación (D.W. Griffith, 1915), Hollywood se convirtió en un referente del cine y el entretenimiento a nivel mundial. Su trabajo en el desarrollo de distintas técnicas en la producción le han asegurado el control sobre la industria: año con año genera millones de dólares con proyectos de gran visibilidad e impulsa la carrera de múltiples talentos. Sin embargo, por primera vez en 43 años, esta organización estadounidense está paralizada debido a la indignación de alrededor de 11500 guionistas y 160000 actores de cine y televisión, por las negociaciones caídas entre la Alianza de Productores de Cine y Televisión (AMPTP) y los sindicatos de actores y guionistas (SAG-AFTRA y WGA, respectivamente). Estos últimos exigieron, entre otras cosas, un aumento salarial, incremento de ganancias por regalías, así como garantías de protección por el uso de inteligencia artificial. Al no ser aprobadas sus demandas, lxs guionistas entraron en huelga el 2 de mayo y, más tarde, el 13 de julio pasado, los actores se unieron para reclamar mejores condiciones de trabajo. 

Lo que ganamos en 1960 fueron nuestros planes de salud y jubilación, y la existencia de pagos residuales. Ahora se enfrentan al hecho de que no sólo no están recibiendo nuevos guiones, sino que tampoco pueden rodar nada hasta que regresen y lleguen a un acuerdo justo, no sólo con un sindicato, sino con ambos [la traducción es nuestra].

Adam Conover, escritor y comediante para Apnews

Puede creerse que una vez formando parte de una de las producciones de Paramount, Universal o Warner Bros, por ejemplo, hay garantía de cierta seguridad laboral y éxito. No obstante, la realidad para muchas personas que forman parte de ese gran complejo es otra. En el caso de los guionistas, existen distintas jerarquías: los showrunners, además de escribir, son quienes tienen un rol de liderazgo y toman decisiones en la producción general; por debajo de ellos, se encuentran productores ejecutivos, co-productores ejecutivos, etc., hasta llegar a los guionistas de planta o de staff. Aunque los showrunners obtienen una mayor ganancia por proyecto, se han encontrado complicaciones al buscar iniciativas en las cuales puedan participar. Los periodos de contratación han disminuido con la llegada de nuevas tecnologías. Quienes ganan menos además tienen que batallar con el costoso estilo de vida de Los Ángeles y se ven obligados a tomar trabajos temporales o freelance para sobrevivir entre proyectos. Del lado de los actores ocurre algo similar. Es cierto que dentro del sindicato existen las “estrellas de Hollywood”, pero éstas apenas representan el 2%. El resto está constituido por extras, actores de reparto, locutorxs, presentadorxs de programas, especialistas en escenas de riesgo, entre otrxs profesionales, quienes enfrentan dificultades similares a las ya mencionadas. 

La llegada del streaming cambió notablemente la producción y la distribución de contenido. Como ya no sólo existe la televisión ―que por mucho tiempo fue uno de los pocos medios de entretenimiento disponibles―, se abrió una nueva posibilidad de crear y acceder a un amplio catálogo de películas y series.

Anteriormente, con el modelo televisivo había un periodo de trabajo en promedio de 40 semanas al año para crear una serie de 20 episodios. Se pagaba a lxs participantes tanto por episodio grabado, como por las veces que se retransmitiera (regalías). Las casas productoras percibían ganancias de los cortes comerciales. No obstante, en el nuevo modelo se han reducido las semanas de trabajo a la mitad para crear 10 episodios, que es la duración aproximada de series como Stranger Things. Ya no existen cortes comerciales y cada temporada es publicada, en la mayoría de los casos, inmediatamente. Las ganancias se obtienen de las suscripciones a la plataforma y se paga a lxs trabajadorxs únicamente por la semana de trabajo.

Por un lado, el nuevo modelo permite que puedan estrenarse un mayor número de proyectos en un periodo más corto. Los escritores también pueden explorar nuevas posibilidades para estructurar sus historias sin las limitaciones de los cortes comerciales y la forma en la que lxs espectadorxs verán los episodios. Sin embargo, por el otro, con un nuevo público cada vez más acostumbrado a la inmediatez, surge una nueva presión sobre guionistas y actores, pues se espera que creen más en menos tiempo. Sus ganancias ya no son proporcionales a esa demanda. Al no obtener pagos residuales, u obtenerlos pero en cantidades mínimas, tienen la necesidad de buscar más proyectos para subsistir durante el año.

No creo que nadie esté pidiendo regresar a las temporadas de veinte episodios, pero la estabilidad y duración de esos empleos es el modelo que reclamamos, y el que consideramos que es el mejor para los guionistas y para el producto.

Erica Saleh para Vox 

Otro factor que afecta a los integrantes de ambos sindicatos es la reducción del presupuesto en el proceso de escritura y en el proceso de producción. Para el primer caso, la estrategia por la que se ha optado en la industria son los llamados mini rooms que, a diferencia de los writers’ rooms, consiste en un grupo de escritores reducido que trabaja en el desarrollo de la historia, personajes, etc. En el segundo caso, ya no se contrata a guionistas para que estén presentes durante las grabaciones, lo que se traduce no sólo en otra fuente menos de ingresos, sino en su falta de interacción con los actores. Como resultado esto puede llevar a una falta de cohesión con la visión de la obra y la calidad final. 

La IA también ha influido en esta nueva configuración de la industria. Como ya hemos visto en otra entrega de este mismo editorial, la IA ha permitido que tareas con horas de duración ahora puedan completarse en cuestión de minutos. Se ha experimentado con el uso de modelos de lenguaje como Chat GPT para escribir guiones. Con ello se pretende reemplazar a los integrantes del cuerpo de guionistas. Si la interacción entre escritorxs y actores ya había sido coartada, ahora se volvería inexistente. Y si bien está comprobado que la IA puede emular la estructura de una película o serie, todavía reutiliza los trabajos hechos por manos humanas. Esto tiende a resultar en ideas genéricas y poco inventivas.

Otra estrategia para evitar la contratación de personal es el uso de las imágenes generadas por ordenador o CGI. Con ello también se pretende reemplazar a los actores y que asistan una sola vez a su trabajo para utilizar posteriormente su imagen en futuros proyectos. Se espera que todo eso contribuya a la producción de películas en masa, lo que generará más ganancias en un menor tiempo, pero ¿para quién? Es probable que a guionistas y actores les ofrezcan contratos menos favorables y salarios más bajos. Los únicos beneficiados serán los grandes estudios y las plataformas de streaming que buscan maximizar sus ganancias. 

No se pueden negar los beneficios que podría traer el uso de estas tecnologías, como la automatización de ciertos procesos y la capacidad de llegar a audiencias globales de manera eficiente, pero podría comprometerse la calidad y la originalidad de dichas producciones. Las mejoras deberían estar en favor de lxs trabajadorxs, no en su contra. Las IA’s pueden ser utilizadas para proponer ideas que posteriormente sean desarrolladas por lxs escritorxs. Finalmente, el proceso creativo se enriquece con mayor tiempo e interacción humana. Es momento de que se reconozca el valor de este tipo de trabajo, mejoren las condiciones laborales, existan mejores garantías de trabajo y que se pague dignamente a guionistas y actores, quienes dan vida a las producciones. 


Ilustrador: Darío Cortizo Morelia (Michoacán, México, 1999). Estudió la licenciatura en Arte y Diseño en la Universidad Nacional Autónoma de México. Desde 2020 ha trabajado como ilustrador y caricaturista en revistas literarias. Sus principales temas de interés son el absurdo y el subjetivismo. Puedes seguir su trabajo en Instagram y Twitter.