Un teatro para las emociones: Asociación OPEM

El teatro es poesía que se sale del libro para hacerse humana.

Federico García Lorca

“Todo nace de un querer”. Con esta sentencia Nael de Anda describe el origen de la Asociación OPEM, un colectivo de jóvenes profesionales de las artes escénicas que, desde 2015, ha centrado sus esfuerzos en la organización y producción de eventos multidisciplinarios capaces de superar los preceptos tradicionales del teatro.

El propio Nael, director general de la asociación, describe cómo ese querer, desde el sentido más amplio y profundo del término, fue el motor que personalmente lo orilló a aproximarse a la dirección teatral que a lo largo de los años le ha llevado a confluir con las ideas, afectos y personas que finalmente llegarían a conformar OPEM.

Integrantes de Asociación OPEM

Así, un querer colectivo es el elemento integrador del trabajo de esta agrupación que busca configurar un teatro pensado desde la otredad. El planteamiento surge desde la conciencia de crear emociones en el receptor a través obras capaces de provocar sentimientos de forma plena y directa, al valerse de los intersticios que la expresión artística ha encontrado para manifestar pasiones y aflicciones dentro de la crisis de los afectos del mundo actual.


No buscamos que las personas entiendan, buscamos que sientan.

Nael de Anda (Asociación OPEM)

Todo ello se ha traducido en la búsqueda de propuestas cada vez más distantes del canon dramático y de las producciones tradicionales. Desde teatro autoreferencial, intermedialidad que conjuga teatro y danza, teatro de sombras en espacios no convencionales, hasta la inclusión de elementos propios de la Lengua de Señas Mexicana son algunos de los recursos que han dado forma a los montajes realizados por la asociación para abordar temas tan complejos y profundos como la esquizofrenia, el suicidio, la violencia intrafamiliar o incluso la reflexión acerca del quehacer artístico.

Aunque el apostar por nuevos formatos en lugar de las puestas en escena más convencionales implica una oportunidad invaluable para el creador, en términos de producción puede ser muy arriesgado. La dicotomía entre nuevas propuestas y el mercado de las obras del teatro comercial arroja un problema difícil de abordar en términos de la gestión de espacios, el recibimiento del público e incluso la propia taquilla que financia la creación de estos montajes.

El propio medio teatral impone mecanismos sistemáticos centrados en producciones taquilleras, lo que implica un reto para agrupaciones y compañías del medio independiente. Por ello, entablar un contacto directo con el público que permita validar la configuración de nuevos lenguajes desde el teatro cobra especial relevancia.

En el caso de OPEM, la búsqueda por dicho diálogo con el publico se ha producido desde el sentir, no desde la intelectualización del fenómeno escénico, lo que ha marcado también un posicionamiento ideológico muy firme hacia dentro de la asociación. Entender su trabajo desde un enfoque transversal ha permitido que el funcionamiento de la compañía y la producción de las obras se realice de forma horizontal, ajena a los procesos unilaterales de las lógicas jerárquicas.

Esta misma perspectiva se ha reflejado en una búsqueda de lo incluyente que va más allá del concepto en sí mismo. Frente al dilema de la integridad hacia dentro de lo que entendemos por inclusivo, la asociación no busca asumirse desde las minorías, sino que opta por abrir espacios para que sea cada individuo quien manifieste su dimensión personal desde su propia voz.

Un claro ejemplo de este posicionamiento ideológico es una de sus últimas producciones, Diarios de Habitación, una obra que retrata la crudeza de la violencia intrafamiliar vista desde los ojos de un niño, en la que destaca particularmente la inclusión de elementos propios de la Lengua de Señas Mexicana.

Más allá de haber concebido esta puesta en escena bajo la premisa de una obra para sordos, Diarios de Habitación surge a partir de la intención por configurar una obra capaz de funcionar sin la presencia de diálogos. De esta forma, lo intermedial y la interdisciplina convergen con la Lengua de Señas para dar paso a una obra teatral sustentada en acciones escénicas que reconceptualizan la manera en la que nos acercamos a la LSM. Así, la propuesta apela por reducir la brecha de comunicación que existe entre sordos y oyentes, lo que nos permite reconocernos en el otro para pensar formas de comunicación distintas, incluso dentro de la expresión artística.

Aunque Diarios de Habitación ha causado polémica por romper de manera directa con los paradigmas teatrales mediante la escritura de un guión descrito únicamente mediante indicaciones escénicas sin la delimitación de diálogos, la crítica ha aplaudido ampliamente la obra que se ha presentado en Perú dentro del Festival Internacional de Teatro y Performance (FESTEPE), en el Festival Semilla, en el Teatro de las Artes (CENART) y recientemente en el Foro Shakespeare.

La vuelta a lo presencial y a los teatros ha implicado un respiro dentro del gremio teatral, sobre todo para el sector independiente. Sin embargo, las consecuencias del tiempo de confinamiento se hacen tangibles frente a un medio muy golpeado en el que el regreso a los escenarios no ha implicado un cambio en las estructuras sustentadas en favoritismos que enfrentan a las compañías y creadores dentro de la lucha por aspirar a una convocatoria de financiamiento.

El panorama sigue necesitando cambios, tanto a nivel estructural hacia dentro de las instituciones como en los aspectos formales respecto a la manera en que se escribe, produce y asiste al teatro. Como comenta el propio Nael, es difícil encontrar dinero para producir una obra, es difícil encontrar espacios para presentarla y es difícil encontrar difusión para acercarla a la gente. Sin embargo, el teatro siempre implica una búsqueda que, incluso frente a la crisis, es capaz de ofrecernos un resguardo generoso: un refugio para la expresión, para conocer desde otros lenguajes, para sentir desde otros afectos.

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