«Poetas a la intemperie»: Doce autores contemporáneos al aire libre

Una docena de autores de edades variadas y geografías distintas se reúnen en una antología poética. Una docena de autores que hablan (y escriben) en español. Doce experiencias subjetivas del mundo se reúnen bajo un título: Poetas a la intemperie I. Una docena de prácticas poéticas son arrojadas en conjunto al aire libre. Ahora comparten su exposición al sol y al viento.

Hoy en día, a reserva de realizar una serie de esfuerzos para mí desconocidos, una antología de poesía no puede caracterizarse por otra cosa que por su heterogeneidad. En esta primera edición de Poetas a la intemperie, realizada por Editorial Lectio, cachamos a quienes se aferran a estructuras y temáticas poéticas tradicionales y a quienes parecen no haberlas conocido nunca. Leemos voces que se enuncian desde el ser hijo, desde el habitar una ciudad-monstruo, desde el feminismo, desde el miedo, desde el insomnio, desde el amor. Se trata de un cuerpo diverso en donde las metáforas juegan disfrazadas de las palabras más pequeñas y como poemas completos; un cuerpo, en donde la poesía narra, sugiere, incomoda.

Me encuentro intentando reseñar una antología de poemas por primera vez, en un momento en el que la poesía empieza a ocupar un lugar importante en mi día a día. Me temo que esto último suene pretencioso, pero ese miedo me molesta. Cuando al crecer no hemos tenido a alguien que nos presente la poesía como algo cercano, es difícil buscar aproximarse a esa cosa tan rara e intratable llamada poema. Así fue para mí el contacto con la poesía por mucho tiempo, hasta hace muy poco cuando, en parte por casualidad y en parte también por mis circunstancias, una serie de propuestas poéticas contemporáneas comenzaron a hacerse presentes. Poco a poco he ido aprendiendo que la poesía puede ser un montón de cosas y que si queremos podemos usarla para, por ejemplo, pensar en cuánto nos gusta el atardecer “en este momento”.[1]

Como parte de mi reciente afición, además de leer y escribir poesía, busco tiempo para escuchar entrevistas o charlas con escritoras. Recuerdo mucho una de estas, parte del Podcast El Lector, conducido por Alejandra Arévalo (@soy_sputnik), en la cual la joven autora Yolanda Segura recomendaba entrarle a la poesía de adelante hacia atrás. Es decir, empezar por lo más reciente y próximo y desde ahí, si se quiere, ir retrocediendo y recorriendo otros caminos.

Las palabras de Yolanda Segura cobraron particular sentido para mí mientras leía Poetas a la intemperie I. Allí me encontré con doce personas que existen, que escriben, que escriben poesía; que un día, por x o y razón, decidieron mandar algo a la convocatoria de Lectio y que posteriormente se tornaron en una docena de voces volcadas hacia afuera. No es poca cosa. Me parece importante conocer que, actualmente, se escribe poesía por diferentes motivos y para manifestar diversos temas; que quienes lo hacen también cantan, investigan, son estudiantes, o tienen doctorados en Economía.

Al tener una antología de poemas en mi computadora en donde hay autores más jóvenes que yo, autores con los que cohabito la Ciudad de México, autoras que me remiten a mis propios procesos de escritura, otrxs tantxs con quienes no compartiré muchos más que el idioma (porque debo decir que no todos los poemas me gustaron), entiendo la poesía como acto cotidiano y eso es muy emocionante.

Desde mi perspectiva, Poetas a la intemperie I testifica la realidad de la poesía. Que no es algo que sucede en una burbuja alterna a lo común, pero sí algo que nos encara con todo lo que se excede ante nosotrxs día a día. Y es que es así. La violencia, el amor, la familia, esa carta, el atardecer, la muerte, la migración, la realidad nos rebasan y no hay manera precisa de buscar abordarla, ¿por qué no probar con unas líneas?

Así pues, me encuentro intentando reseñar una antología de poemas. Se trata de un libro que reúne doce voces, en su mayoría mexicanas, pero también de Cuba, Argentina, España y Colombia. Estas se representan a través de las palabras escritas y hacia el exterior. La docena se encuentra ya a la intemperie, por lo que el ambiente habrá de afectarla. Este es un intento de respuesta a dicha exposición. Si algo puedo decir tras haber leído Poetas a la intemperie I es que la poesía brota, recorre el mundo, lo interpreta y vuelve distinta sobre sí misma.


[1] Lucía Pereyra (Neuquén, 1988), “Poema del desamorío (I)” en Poetas a la intemperie I