Cartelera, Cine

“Los Grizzlies”: una historia de resiliencia

El búfalo es la única especie animal, además de la humana, capaz de lanzarse deliberadamente al vacío y terminar con su vida. Por ello, el poeta Alejandro Tarrash nombró La caída del búfalo sin nombre a la obra en que reflexionó, por medio del ensayo y la poesía, en torno al suicidio.

Tú mismo deberás domar al animal, para ser el animal. Tú mismo deberás buscar la caída, el regreso a casa y te harás uno con la caída, con el fuego y el agua y el paisaje. No fuerces las cosas, pero rómpelas, haz como que las rompes, aunque todo esté desmembrado de antemano…

Alejandro Tarrash

El suicidio es un movimiento extremo que se pronuncia desde la ira, desde la savia y la aflicción. En ocasiones, se nos antoja como una solución consoladora. Mas, ¿cuál es el grado de sinsentido, rabia y desasosiego de la persona que elige ese camino? ¿Cuáles las condiciones para que una comunidad entera transite, peligrosamente, entre la vida y el deseo de morir?

Esas preguntas inundaban mi mente tras ver las primeras escenas de Los Grizzlies, en las que un joven se despide, cariñosamente y por última vez, de su perro, para después darse un tiro. Acto seguido, el espectador lee en la pantalla: “Nanut, Ártico, 2004. La tasa de suicidio más alta en América del Norte”. Este es el escenario en que Los Grizzlies se desarrolla.

En medio de un ambiente de pobreza, violencia, drogas y muerte, un maestro primerizo: Russ Sheppard, llega a una pequeña comunidad inuit del Ártico canadiense para impartir clases de historia. El rechazo de la población ante un hombre blanco estadounidense y los múltiples conflictos sociales que se viven día con día en la zona, abruman a Russ.

Con el fin de motivar a los jóvenes para asistir a la escuela y abandonar sus continuas prácticas nocivas, el profesor introduce un programa de lacrosse en la escuela, deporte al que es aficionado y que había practicado durante sus años universitarios. A pesar de la resistencia y el escepticismo inicial de la población, el juego se convierte en una salida de escape para las emociones de los jóvenes, creando un lazo de hermandad y orgullo en la comunidad. En un mundo en el que el suicidio se asoma atractivamente como una respuesta ante el dolor de vivir, forjar un propósito colectivo se muestra como un antídoto para la depresión. Los Grizzlies es el nombre del equipo con el que los jóvenes adquieren identidad deportiva, cohesión social y un sentido de vida.

Paralelamente, la dura historia de vida de cada uno de los jóvenes nos es revelada, entre contrastes de juego y dolor, avidez y hartazgo, felicidad y frustración, vida y muerte. Un filme basado en un conmovedor caso real que nos habla sobre el importante papel del maestro que siembra curiosidad y deseo en sus estudiantes, así como la sabiduría inherente de los alumnos, capaces de aportar al profesor tanto como él a ellos.

Aunque, en primera instancia, la cinta revela una crudeza desconsoladora, que sin duda no abandona del todo, posee maravillosas pinceladas de alegría, consuelo y esperanza. Tal vez, después de todo, hay cosas por las que vale la pena no tirarse al vacío.

No se pierdan esta maravillosa película, dirigida por Miranda de Pencier, cuyo estreno próximo será del 29 de marzo al 4 de abril en algunas ciudades. Para más información, visita http://semanadecinecanadiense.com.

Sofía AmezcuaAutor: Sofía Amezcua Apasionada por la cultura y sus manifestaciones. Historiadora del arte en formación. Ser narrativo.​
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