NRMAL y Aural: de cómo dos chicos raros han dado las mejores fiestas de la Ciudad

Por Arturo Meléndez

¿Dejar la Ciudad de México? Es una opción tentadora si se considera el aumento de la población y su correspondiente impacto en la vida diaria. Algún estado tranquilo y apacible como Hidalgo sería una buena alternativa; aunque si algo extrañaré de la Ciudad, además de su arquitectura o su red de transporte, son los festivales de música, y no me refiero al Vive Latino o Corona Capital.

Más allá de estos dos eventos, la oferta de festivales en la Ciudad es amplia y apta para todos los gustos, aunque no es exclusiva, pues más espectáculos del mismo tipo se inauguran año tras año a lo largo y ancho del país, tales como Roxy Fest (Guadalajara), Pal’ Norte (Monterrey), Pulso GNP (Querétaro), entre muchos otros. Todos ellos se han caracterizado por promover actos locales y, más recientemente, por traer artistas internacionales de moda en México.

Esta diversidad en el mercado reduce mis posibilidades de querer abandonar la Ciudad, y esto se refuerza con la existencia en ella de dos festivales que no he conocido en otros estados, que me atan a la capital de una manera nostálgica.

NRMAL: Sinécdoque y consonancia

El primero de estos festivales —quizás el más popular de ambos—, es NRMAL. Éste comenzó a celebrarse en 2010 en Monterrey, aunque en 2014 cambió a la Ciudad de México, su actual sede. Sus nueve ediciones anuales se han caracterizado por llevar a sus escenarios artistas que no destacan como “mainstream”, ni sus temas son considerados “radio friendly”, aunque cuentan con amplias trayectorias, propuestas audaces y bases de fanáticos relativamente pequeñas, pero fieles.

Sí, lo sé: estas líneas rozarán lo cursi, o lo que es peor: parecerán publicidad pagada. Pero indudablemente NRMAL ha ganado un gran mérito al incluir en sus line-ups nombres como Swans (2015), la polifacética agrupación iniciada en los ochenta que ha ido del agresivo no-wave a un rock más melódico; Slowdive (2016), uno de los pilares del movimiento shoegaze, y Silver Apples (2014), dúo de los sesentas pionero en la música electrónica. En la edición del 2017 destacaron The Brian Jonestown Massacre, quizás la última gran banda de rock psicodélico, así como Psychic TV, herederos del sonido de la primera ola del industrial.

Quizás el line-up que más ha brillado hasta el momento es el de la edición 2018, en donde no sólo confluyeron géneros musicales, sino también temperamentos, actitudes y personalidades, como una perfecta representación en miniatura de la Ciudad de México. Los “metaleros” que se reunieron para presenciar el estrepitoso acto de SLEEP, los reyes del stoner, convivieron en perfecta armonía con aquellos espectadores más orientados al apacible rock psicodélico de Mac deMarco y de Cornelius, y todos ellos compartieron la cadencia con el indie pop de Of Montreal.

Aural: Experimentación, ruido y expresión

En un nivel más profundo en la escala de los festivales “no-mainstream” se encuentra Aural. Desde su primera edición en 2011 (con ausencia en 2015), este evento se ha caracterizado por llevar a la Ciudad de México, año con año, propuestas de géneros alternativos como noise, free jazz, drone, entre otros. Es considerado el festival de música experimental más destacado de la capital.

En sus siete ediciones han figurado artistas como Boris (2014), Melt Banana (2014) u OOIOO (2016), tres agrupaciones japonesas poseedoras de un sonido estridente y psicodélico. En 2011 destacó la participación de los pioneros del grunge The Melvins, de los experimentales y extraños The Residents y del destacado acto de drone y doom, Earth. Un año después, Aural ganó la etiqueta de “legendario” al llevar a México a Faust, la mítica agrupación iniciadora del krautrock en los setentas.

Fue la edición de 2017 —en la que brillaron nombres como Godspeed You! Black Emperor y Roscoe Mitchell— la que creó uno de los recuerdos más formidables en mi memoria. El segundo día de actividades se presentó el dueto de noise-rock Lightning Bolt. La acústica del Foro Indie Rocks! sumada a la explosión de ruido de los estadounidenses generó una atmósfera estridente, a la que el público respondió con un interminable mosh pit y una odisea de brincos, codazos y empujones.

Este acto fue teloneado por (SIC), dueto mexicano cuyo sonido es una insólita combinación de sonidos guturales, cantos operísticos, ruido electrónico y percusiones retumbantes. Imposible calificar su estilo, pero es lo más cercano a la versión sonora de alguna pintura del expresionista Francis Bacon (1909-1992). Definitivamente (SIC) fue el mejor descubrimiento que me llevé en la jornada. Éste, junto a la fulminante presentación de Lightning Bolt, convirtieron ese 14 de diciembre de 2017 en una de las mejores noches de mi vida.

I left my heart in Mexico City

Es verdad que algunos de estos actos se han presentado en otros estados de México, pero creo que sólo en la Ciudad ha existido esta reunión periódica de grupos tan importantes dentro de la escena musical alternativa. Por lo que la respuesta a la pregunta que inicia este artículo es: no, no dejaría la Ciudad, por lo menos no en unos años, porque sé que en ningún otro lugar encontraré experiencias como las que me he llevado de festivales como NRMAL y Aural.

Tal vez sea cierto que los hilos del capitalismo nos hacen crearnos una ilusión de vacío si no consumimos determinados productos, como los festivales de música. Estoy consciente de ello, pero también estoy consciente de que algunos actos presentados en estos festivales (y en otros, como Marvin o Hipnosis, que dejé fuera por cuestiones de espacio) ocurren una vez en la vida. De igual manera, sé que a mí y a toda mi generación nos llegará el momento en el que nuestras prioridades económicas vayan mucho más allá de un concierto, o nuestra condición física no nos permitirá ser espectadores fervientes de los mismos. Así que no nos queda más que disfrutar del momento, de festivales que, como éstos, figuran como joyas escondidas de la Ciudad de México.

*Videos cortesía de Youtube: el primero pertenece al canal “raos viceroy” y el segundo a “Konzertholics”. Fotografía de autoría propia.

Arturo MeléndezAutor: Arturo Meléndez. En búsqueda de las seiscientas sesenta y seis canciones del soundtrack de mi vida. Ávido fanático del consumo cultural y otras vicisitudes capitalistas. Medio cinéfilo y bibliófilo y medio. También escucho harsh noise… y hasta lo que no se ha inventado.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: