Muerto por jugarle al verga: hacia un modelo de análisis dramático

Podemos sintetizar la definición aristotélica de la tragedia como un género dramático en el que el protagonista pasa de la felicidad a la desdicha en un cambio de la fortuna, provocando los sentimientos de horror y conmiseración en los espectadores, pues la peripecia acontece no por maldad del protagonista sino por una falla en su carácter -como las que podemos reconocer en todos los seres humanos- ni se trata tampoco de una desgracia ocurrida a una persona eminentemente virtuosa (pues, en este caso, dice Aristóteles, no provocaría horror ni compasión sino un sentimiento de indignación y acaso un efecto de falsedad).

Propongo sintetizar todavía más esta definición aplicando a todo personaje sospechoso de ser un personaje trágico latumblr_static_94naxzie544k48so8oo4sc4kg fórmula facebookera “muerto por jugarle al verga”, que consiste en presentar a un individuo cualquiera anunciando que va a hacer algo sorprendente que, por experiencia personal, sabemos que no puede terminar sino en la desgracia. Tradicionalmente, este meme consiste en una primera imagen donde el personaje aparece manifestando un demencial orgullo (la hybris señalada por Aristóteles), que en la parte inferior del meme se transforma en una tumba con el epitafio antes señalado.

Y es que, en efecto, este epitafio es aplicable a todo los grandes protagonistas trágicos, si bien, en ocasiones, la muerte es sustituida por otro tipo de destrucción. Veamos algunos ejemplos: Edipo prosigue la búsqueda del asesino de Layo a pesar de que todos le advierten que deje de hacerlo… ciego y viudo y desterrado y huérfano por jugarle al verga… Prometeo roba la llama de Zeus a sabiendas de los deseos de los dioses… abierto de intestinos para alimentar a un zopilote por jugarle al verga… Satanás piensa que puede rivalizar con los ejércitos celestiales puesto que es el más grande, bello e inteligente de las huestes angélicas… feo, desterrado y condenado por jugarle al verga… Oscar Wilde emprende un juicio por difamación contra el padre de su amante a sabiendas de que tiene todo en su contra, confiado en que su elocuencia (con la que se burla del jurado) va a salvarlo… encarcelado por jugarle al verga… Jesucristo responde , cuando le preguntan si se ha declarado hijo de Dios “tú lo has dicho”… crucificado por jugarle al verga. E invito al lector a que comente más fórmulas como ésta… estoy convencido de que, si no es posible hacer una versión del meme con el personaje en cuestión, no se trata de una tragedia: no es ésta la clase de desgracia que acontece a un personaje de telenovela, ni es lo que les sucede a Fantine y a Jean Valjean, ni a la Cenicienta ni a la Sirenita.

Hoy quiero aplicar este modelo a un de mis películas favoritas, que constituye para mí un perfecto ejemplo del género trágico, y a cuya escena final acudió mi memoria cuando, en Bellas Artes, me topé con los conceptos de “horror y compasión”, que son, supuestamente, el efecto de una tragedia.

El personaje de tragedia se enfrenta, generalmente, a una situación espantosa, que demanda una respuesta. ¿Qué clase de gobernante sería Edipo si se queda con los brazos cruzados ante la peste que azote a su pueblo? Es posible que Ismene tenga razón, Ismene, empeñada en acabar, por fin, con la maldición de los Labdácidas… pero cuando uno lee o presencia Antígona, siente en el fondo de su corazón que no hay otra manera de proceder que la de la princesa tebana.

¿Cómo puede seguir Hamlet con su vida luego de descubrir que su madre está casada con el asesino de su padre, que usurpa el trono? La tragedia de Hamlet ilumina particularmente las vicisitudes del conflicto al que se enfrenta el héroe trágico… Hamlet está atrapado en su situación, Hamlet quisiera huir y dedicarse al teatro… pero algo en el fondo de su corazón le dice que un hecho tan atroz no puede quedar sin consecuencias, aunque, efectivamente, sucede en la vida. ¿Cómo podemos permitirnos seguir con nuestra existencia, aunque la salud mental así nos lo exija, cuando día con día surgen pruebas de la incapacidad de nuestro presidente, de su baja calidad moral, de su ineptitud y de sus crímenes? Ante la indiferencia de la naturaleza y del resto de la sociedad, el héroe trágico tiene que hacer algo… o no podrá dormir tranquilo.

“La naturaleza está en desorden ¡ay! ¡Haber nacido yo para arreglarla!”, exclama Hamlet luego de la visita del fantasma, y en sus palabras advertimos que la virtud del personaje trágico es también su vicio… la hybris descrita por Aristóteles, el “pecado” de soberbia. Hybris, en griego, significa desmesura, y al personaje trágico, envuelto en una situación terrible, que exige demasiado de cualquier ser humano, siempre se le pasa un poquito la mano… hace más de lo estrictamente necesario pero, podría argüirse, ¿qué otra cosa podría hacer, sino jugarle al vergas? Situaciones extremas requieren acciones sobrehumanas… de ahí la grandiosidad de la tragedia, cuyos personajes se acercan a los dioses… Hamlet acaba por ocasionar la muerte de toda la corte danesa, y Marat manda a ejecutar a miles de franceses en nombre de la Revolución.

En la saga de El Padrino, de Francis Ford Coppola, presenciamos el ascenso y la caída de Michael Corleone, así como la lenta corrupción de su alma que, sin embargo, se hace evidente, no es sino la revelación de lo que siempre estuvo ahí. Michael es el menor de los hijos de Vito Corleone, líder de la Cossa Nostra, modelo de mafioso que ayuda a su comunidad y que se guía por una ética inquebrantable… Vito nunca emplea la violencia si no es necesario, y procura mantenerse en los límites de la honorabilidad. A causa de esto, las demás familias de la Cossa Nostra atentan contra su vida, pues sus escrúpulos de honor se interponen en algunos de sus negocios.

Michael se ha negado siempre a participar en los negocios de su familia, pero cuando ésta se ve en peligro, responde como un héroe trágico. El heredero natural de la familia es asesinado, y el mediano es un inepto… Michael, inteligente y noble, se convierte en la cabeza de la familia… en medio del drama que lo rodea, Michael es golpeado por un policía, al que luego asesina, y luego pierde a su mujer en un atentado que pretendía acabar con su vida.

Cuando su padre muere y Michael asciende al poder, manda asesinar a los líderes de las otras familias. Michael mata al policía que lo ofendió… Michael mata a su hermano por traicionarlo con otro magnate… al final de la segunda película, cuando su consejero le señala que ha ganado y la venganza no es necesaria, que no debe aniquilar a todo mundo, él contesta, lacónicamente “sólo a mis enemigos”.

Michael acaba perdiendo a su mujer y el respeto de su hijo. Sólo tiene su poder.

Casi al final de la última parte de la saga, Michael contempla el cadáver de un viejo amigo de su padre, de esos mafiosos dulces que todos amaban y respetaban. Y es entonces que Michael roza la esencia de la tragedia:

“Quise ser honorable… quise hacer el bien. ¿Qué me traicionó? ¿Mi mente? ¿Mi corazón?”

Michael no es un villano de melodrama… no debe pagar por haber hecho el mal, sino por haber hecho más de lo necesario: Michael no se limitó a proteger a su familia, a arreglar el problema en el que se había metido su padre… hubiera sido suficiente con mucho menos, pero Michael va más allá, conducido por su soberbia.

En el fondo, era necesario… la excesiva piedad de su padre dejó vivos a sus enemigos, pero Vito Corleone muere casi como un santo, respetado y recordado por todos, mientras juega con su nieto. Michael Corleone actúa con más eficacia, pero al costo de la perdición de su alma y la destrucción del mundo que lo rodea. La situación, como se ve, no tiene solución: a tales conflictos nos enfrenta la tragedia.

Al final de la saga, luego de haber delegado el poder en manos de su sobrino, Michael sale del teatro con su familia y una bala dirigida contra su corazón impacta en el de su hija… la escena enmudece y Michael estalla en un largo grito sin sonido: vemos el mundo derrumbarse sobre ese hombre, y comprendemos que la larga cadena de sucesos, desde el asesinado a sangre fría del policía que lo golpeó (y que le pidió disculpas), lo han conducido hasta ese instante. La escena bruscamente se corta en recuerdos de Michael bailando con sus tres amores… sus dos esposas y su hija, para terminar con una imagen del anciano líder de los Corleone en una vieja casa siciliana, y el momento exacto de su muerte… entendemos que el Padrino vivió muchos años para soportar la muerte de su hija, como los que vivió Edipo en el destierro, pero sin esperanza de redención. Esta terrible secuencia, estremecedora, es para mí uno de los ejemplos claros del efecto catártico: horror y conmiseración.

Proseguiré con el análisis de otros momentos semejantes que me han impactado en otros artículos. Quiero cerrar este artículo con la fórmula de la tragedia aplicada a Michael Corleone:

“Voy a proteger a mi familia y mantenerme respetable pero matando a todos mis enemigos y no perdonaré a nadie porque tengo el poder para hacerlo… destruido por jugarle al verga”.

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. jjaajajaj…

    No coincido en todo. Pero, la vdd sí se me hizo un texto divertido, lo cual quiere decir que no me funciona muy bien el cerebro, puesto que la tragedia difícilmente se hace para divertir. Al menos lo leí con mucho entusiasmo.

    Ya que vas a continuar con el tema quizá convenga que profundices en la relación entre horror y catarsis. Sobre todo porque los mecanismos de la tragedia quizá son en el fondo perversos… ¿Cómo está eso que la gente se purifica con el horror? ¿No después de un holocausto estaríamos más exculpados de todo? Pregunta un poco fuerte para presionar y ver qué sale.

    Da mucho gusto leer textos así.

    Saludos. Qué todo salga bien.

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    1. Yo creo que en el holocausto eso no sucede, porque carece de dimensión estética… David Hevia, un gran actor y director de teatro, insiste en que la realidad siempre es mil veces más brutal que lo que ocurre en un escenario. La tragedia nos previene de un horror como el holocausto, y definitivamente no nos exculpa: en la tragedia, la culpa siempre es, a fin de cuentas, la de haber nacido. Y supongo que sí, en el fondo, los mecanismos de toda obra de teatro son perversos, incluso tal vez en un sentido psicoanalitico :O Gracias por la retroalimentación, desarrollaré el tema de la catarsis más adelante, con varios ejemplos que por lo menos a mi me hacen sentir eso en obras de teatro y algunas películas. Saludos

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      1. Sí… bueno el tema de la “Estética de la desaparición”, no es mío. Es de Paul Virilio y tiene un texto que se llama así, está editado por Anagrama. Es un problema por supuesto y no pretendo agotarlo. Por supuesto no hay nada de poesía, ni de arte ahí en el holocausto, lo pongo como un terrible ejemplo. Pero hay una experiencia, o mejor dicho existe la desaparición de la experiencia, o de la realidad de la experiencia, lo cual es crucial en los escenarios. Buscaré a David Hevia que sin duda debe tener un punto de vista más acabado, al menos más que yo.

        Esperaré tu texto de la catarsis… porque es un tema al que le rehuyó. Igual contigo pongo al menos unas tentativas…

        Tú continua… Te seguiré por aquí. Bro.

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  2. Próximamente David Henvía estrena obra con la Compañía Nacional de Teatro: Intriga y amor de Schiller. En cuanto estrene lo comparto por aquí 🙂

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    1. y gracias por lo de la estética de la desaparición, voy a leerlo

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