Para cuando llegamos, ya estaba perdido

 

¿Qué es esta generación sino huérfana de todo tipo de virtudes? Cuando se trata de poder entender una juventud digital en este país podemos recurrir a todo tipo de información que, como color distintivo y desgastante a la vista, puede llegar a ser veloz pero no certera. ¿Por qué nadie nos dio la plática incómoda de la adolescencia para informarnos que tenemos en el ADN una canción de José Alfredo Jiménez? Somos huérfanos en el momento en que logramos dilucidar la ausencia de mentores que nos indiquen por qué ese bolero en la borrachera del fin de semana está en nuestra mente, aun cuando ni nuestros padres habían nacido en los años que se cantaba en vivo. Ahí, en ese lugar falta el gran gato de la cultura popular en México. Ahí, a esta generación,le falta un Carlos Monsiváis.

Vive dichoso, quizá otros besos te den la fortuna que yo no te dí… No, definitivamente no tenemos la fortuna de tener la pluma que nos guíe por la vida nocturna de esta ciudad con un estilo que no caiga en la exageración de la forma, bastante explotada, del bohemio capitalista. No tenemos a quien nos cuente que en los bailes de las colonias populares habita toda seña de identificación machista, de relaciones de poder y asimilación de música extranjera que baila una buena rumba con la organización de una colectividad en la fiesta y el licor. ¿Dónde se nos extravío este amor? Para encontrar la respuesta, hay que regresar a un clásico de la descripción y la crónica popular en México.

            Amor perdido, un libro elemental de Monsiváis, representa una serie de crónicas de la vida popular en una década que está hecha al molde de los grandes medios de comunicación tradicionales. No hay teléfonos móviles y el jaibol está hecho para hacerse hombre de alta cultura con bajo salario. Así, recorriendo la ruta que marcó la “dictadura perfecta” del príismo en sus mejores años, Monsiváis cuenta un México de grandes personajes que definieron el imaginario colectivo de una sociedad. Desde las luchas políticas de una izquierda dogmática, apegada al golpe de la hoz y el martillo del lado frío del mundo, hasta el machismo doliente y restregado de los “buenos” sufrimientos legitimado en la voz proveniente de Dolores, Guanajuato.

Por esas hojas corren los gritos sindicalistas y el origen de la mitificación del líder charro que hoy en día nos parece tan lejano de un debilitado poder de la CTM, eclipsado por actores políticos mucho menos eficientes. Del otro lado del auditorio diverso que representa este pueblo, se encuentra agazapado, disfrutando de la verdadera “iluminación”, el chavo de “la onda”, el heredero de los bohemios de principio de siglo y renegado de los existencialistas a la mexicana que llenaban los cafés de la Universidad; ahí, sin lugar a duda, se prepara para el Woodstock mexicano que rompería todo lo establecido.

¿Busca el principio de los derroches del “mirrey” de hoy en día? No se canse más, Monsi  delata a las familias porfiristas que nunca perdieron el ritmo del baile de salón y los casamientos acordados desde el nacimiento. El burgués en México no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Los abuelos de todos las Ladys que inundan nuestros móviles fundaron a la clase alta del México moderno alemanista y dejaron de comprar telas francesas e inglesas para no quedar mal con el vecino del norte, pues dejó de ser moderno parecer Churchill y comenzó a ser necesario entrar al american way of life. Del otro lado del mundo, es decir, ese lugar donde sólo se puede ser rojo, también se cuecen chiles y tortillas. Ahí están nuestros mártires de la clase obrera. La pluma del cronista los atiende de una forma que no le pide nada a la burguesía, entre el charrismo y el mundo mártir, proveniente de una educación católica, del líder trabajador hasta la anécdota de un José Revueltas grande, tan grande, que desde la cúspide ya nos perdonó a todos.

El autor oriundo de la Portales nos muestra y enfrenta al otro lado que esta juventud ya no atiende: al de la televisión poderosa de las décadas pasadas: Con ustedes, el rostro de la televisión en México, ¡Raúl Velasco! Siempre introduciendo lo que se debe de ver y escuchar en los buenos hogares mexicanos, cada domingo, sin falta, a la familia no le debe quedar duda de que ¡Aún hay más! que la joda de enfrentar una modernización que no entiende de necesidades básicas.

Habría que detenerse en el libro de Carlos Monsiváis para encontrarse con el origen de los  muchos intentos fallidos de este Estado por captar a las masas actuales pero, también, de ubicar nuestra orfandad. Darse cuenta de que esta generación va olvidando sus raíces populares, no hay plumas que nos cuenten lo irrisorio de nuestra tragedia. Pensar, como dice el bolero de donde partimos que si realmente tú vives más feliz, esa es tu suerte/ ¿Qué más puede decirte un trovador?

 

 

 

 

 

 

 

 

Tonatiuh TeutliAutor: Tonatiuh Teutli
Estudiante por las mañanas de Estudios Latinoamericanos en la UNAM y por las tardes de Antropología Social en la ENAH. Eterno aficionado de la cultura popular, los diarios privados y el activismo político.

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