Etiqueta: escritoras cubanas

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La memoria no olvida – Poema de Yuleisy Cruz Lezcano

Ahogados
Fusilados
Quemados
Después de indecibles torturas
los muertos no olvidan.
Hay una memoria
en la nada
donde el espíritu flota
debajo del olvido.
Los demás,
los vivos,
van adelante
y en cada instante
la memoria pierde la casa,
en medio a la niebla
se vuelve noticias vagas
—Algunos se preguntan
si todo esto sucedió—
y donde la memoria se durmió
los muertos no olvidan.
Esos pobres cuerpos deshechos
todavía gritan
sus silencios
en el silencio del mundo.

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A Alejandra Pizarnik – Poemas de Yuleisy Cruz Lezcano

Te vi
en los ojos de un pájaro
sin árboles,
en las ramas de ese árbol
sin aquel pájaro,
como quien se quita del camino
con el ala tendida al aire inútil
y el pecho bien vacío
de los lugares del canto.
Te vi con el corazón roto
pedir limosnas
un poco de caricias,
con lágrimas gruesas
y ríos y ríos de llanto.
Te vi en tus versos
con los ojos perdidos
en una necesaria ciega omnipresencia
sin conocer la ciencia
de decir adiós y seguir viviendo.

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Maternidad (es) – Poemas de Yuleisy Lezcano

Maternidad

Nunca se crea nada del vacío,
desde este terremoto de identidad,
mi maternidad es una bolsa
llena de lluvia, luz de vida dividida
en dos partes de una línea nigra,
una mitad es la narrativa del asombro,
la otra mitad es un manual de descubrimiento,
entre las aguas lentas de este momento,
se cambia continuamente.

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Lejana juventud – Poema de Yuleisy Cruz Lezcano

Me vive, me está viviendo
este lugar solitario,
objetos de barro roto
entre la yerba y la ciudad,
sombra de río y de gusanos,
sol que abusa de la costumbre
de sentirse en el aire igual
un día atrás de otro.
Me viven los fantasmas de ecos perdidos,
los años cumplidos que traen
junto a un mensaje de polvo del pasado
un pedazo de recuerdo apagado
por las lluvias que llegan
desde la distancia.
Me viven nuevas estaciones
de calendarios sin ventanas,
los besos de viejas primaveras,
pegadas a mí, con lazos de memoria.
Me vive un hundido sueño en una gaveta,
las piernas sin ritmo, cruzadas,
en la resonancia de un viaje
que duerme en el margen
de los días en el silencio manchados
por una lágrima que cayó
hace muchos años.
Mi mirada es un engaño,
con sus treinta años,
contrasta con las arrugas y las canas,
madura ya de mi juventud lejana.
La lejana voz de los amores
son lagos de paz para mi seco mundo,
metido en el rincón de su sótano.
Ya no me quedan semillas en los huesos,
mis oídos con alas tensas, presos,
no sienten los rumores.
Ya no tengo fuerzas para lanzarme
en nuevos viajes sin orillas,
viajo sólo sentada en la silla
y cuando almuerzo me quedo dormida,
como quién sale de la vida
para continuar otra vida en el sueño.