Mi crimen: una mirada al pasado para entender el presente

Desde el siglo XIX, las narrativas centradas en la investigación y la resolución de crímenes han servido para evidenciar la corrupción de la sociedad, así como cuestionar el funcionamiento del sistema judicial que, hasta el día de hoy, tiene fisuras. En la década de 1940 surgió el film noir (cine negro),un estilo cinematográfico caracterizado por tener una estética oscura, lenguaje crudo y realista, además de personajes cínicos, que, en conjunto con lo antes mencionado, suelen mostrar otra cara del ser humano, para quien los conceptos de justicia y moral a veces no significan nada.

¿Qué pasaría si los códigos de este estilo se mezclaran con los de un género como la screwball comedy (traducida literalmente como comedia excéntrica)? Mi crimen (François Ozon, 2023) es un claro ejemplo de que puede hacerse una audaz crítica a la sociedad, al sistema de justicia y a la contradicción humana, desde el humor, los clichés y a partir de un entorno más concreto: la industria del entretenimiento.

La cinta sigue la historia de Madeleine Verdier (Nadia Tereszkiewicz), una actriz joven, guapa, sin trabajo y (presuntamente) sin talento que, por una serie de coincidencias, es acusada del asesinato del famoso productor de cine Monsieur Montferrand. Las investigaciones apuntan a que, durante una entrevista de trabajo en la mansión del productor, Verdier le disparó en la cabeza para robarle 300,000 francos que tenía en su cartera.

Ante esta situación en la cual parece inevitable la condena, Pauline Mauleón (Rebecca Marder), la abogada y mejor amiga de Madeleine, sugiere que durante su audiencia acepte la culpa del crimen con el argumento de que fue un asesinato en legítima defensa. Esto tendrá como resultado no sólo su absolución, sino el despegue de su carrera como actriz y con ello una gran fama y fortuna.

Desde un principio, la película se encarga de hacernos saber que Madeleine no es la culpable, sino que fue víctima de un intento de violación después de haber rechazado la propuesta de ser la amante del productor. Se muestra, además, un cuadro completo de las circunstancias que la rodean: vive con su amiga en un pequeño departamento, están endeudadas e intentando sobresalir en sus carreras, aunque fracasan estrepitosamente. Su culpabilidad será resultado de una serie de prejuicios, primero, por parte de los encargados de manejar el caso, y después, por las personas que fungen como público durante la audiencia.

Uno de los puntos más destacables de la cinta es que se ocupa en discutir la problemática en torno al género. La película está contextualizada en la Francia de los años 30. Es decir, existe una brecha marcada de desigualdad entre hombres y mujeres, así como distintos tipos de violencia como el abuso de poder ya ejemplificado con el conflicto inicial.

De manera explícita, los discursos de Madeleine y Pauline durante la audiencia, en los que exponen todas las injusticias que han pasado a raíz de la situación, tienen su móvil de volver el falso crimen en un discurso que busca empatizar con la situación de todas las mujeres y convertir a la actriz en un ícono que las represente. Esto tiene buenos resultados pues todos comienzan a hablar del caso y, más tarde, se mostrará que tuvo un impacto positivo a nivel social.

“Al cometer su crimen, en una sociedad francesa dominada y gangrenada por los hombres, ella protestaba contra todas las injusticias que nos hacen a las mujeres, consideradas menores, por nuestros derechos, ¡pero adultas por nuestros errores!”

Pauline

Implícitamente, esta situación, que no parecía negativa a pesar de tratarse de una mentira, nos hace plantearnos otros cuestionamientos ¿A qué tipo de personas beneficiará la justicia? ¿Bajo qué circunstancias alguien puede volverse un modelo a seguir? En todo momento se nos hace saber que Madeleine es recompensada por su belleza.

Para probar este punto, la película referencia el caso de Violette Noziere, una chica que en la vida real asesinó a su padre en legítima defensa, pero fue condenada a muerte. Aunque se encontraron en situaciones similares, podemos asumir que fueron tomadas de forma distinta porque el caso Noziere no tenía el potencial de volverse mediático y, por lo tanto, monetizable. No se hace justicia para la chica común, pero sí para la actriz que encaja con los estándares de la época: silueta delgada, pelo ondulado en corte bob y piel clara.

“Cuando el criminal es una mujer bonita, ¡la víctima está equivocada!”

Fiscal

Como parodia a las películas de género de investigación, Mi crimen destaca por no centrarse en mostrar qué ocurrió realmente o quién fue el verdadero culpable, sino en cómo los personajes actúan por sus propios intereses y conveniencias. Retrata una serie de comportamientos contraintuitivos (que caen incluso en el absurdo) de los involucrados. La justicia no se interesa en resolver el caso, sino cerrarlo lo antes posible, aunque eso implique cometer un error. Madeleine no quiere saber lo que pasó, sino seguir beneficiándose de la narrativa que creó junto con Pauline; mientras tanto, el público ―y podemos asumir que la sociedad― quiere quedarse con esta versión y guardar en la memoria colectiva un ícono que cumple con el status quo.

Como seguimiento del modelo cinematográfico de la screwball comedy se recurren a clichés para hacer la crítica aún más contundente. A la trama del crimen se le suma una trama paralela centrada en el enredo amoroso entra la protagonista y André Bonnard, un personaje caricatura del estereotipo masculino: es hijo de un millonario pero no tiene trabajo, actúa irracionalmente y su único móvil es el amor a Madeleine. Esto último provoca que sus intervenciones muchas veces vuelvan una situación seria en inverosímil.

La película hace manifiesto que el resto de los personajes también son caricaturas. Su forma de conducirse parece una mala actuación; los diálogos a menudo resultan excesivamente explicativos, son verbalizaciones directas de los pensamientos y emociones de los personajes. Esto sirve para recordarnos los absurdos de la trama.

En suma, tenemos una obra que revisita estereotipos y modelos del pasado para no sólo entretenernos, sino cuestionarnos una realidad que facilmente podemos encontrar en nuestro presente.

Mi crimen se proyectará en salas de Cinépolis como parte del 27º Tour de Cine Francés. No te la pierdas.