María Calcaño: abrirse paso entre las costuras del tiempo

I

La serie Vindictas. Poetas latinoamericanas de la colección Material de Lectura, un proyecto de la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM, propone una revisión crítica del canon literario de América Latina, con el propósito de rescatar de la violencia por omisión a algunas de las mujeres poetas cuyos nombres y páginas no llegaron a nuestros ojos ni a nuestros libreros a tiempo. Tal es el caso de María Calcaño (Venezuela, 1906-1956), poeta antologada y presentada por Xel-Ha López Méndez.

A razón de este olvido forzado de distintas autoras, escribo con los dedos enfurecidos y el corazón abrazado por los versos de María Calcaño y el prólogo de López Méndez. A distancia temporal, identifico la siguiente triada: primero, una mujer escribió poesía; después, otra mujer poeta configuró un libro-recopilación y un prólogo a nuestra primera autora; luego, una mujer más reseña ese libro y se reconoce parte de la manada. Así, pues, se construye esta especie de estirpe de escritoras, quienes se leen, enuncian, difunden, postulan y critican a través de vínculos hechos palabra. 

II

¿Pero quién fue María Calcaño? Eso, en realidad, sólo se puede intuir, como quien abre apenas un poquito la cortina de una ventana empañada, a partir de sus poemas y del prólogo tan personal que escribe a manera de carta amorosa Xel-Ha López Méndez. Que esta incertidumbre sobre quién fue María quede como una espina dolorosa en la espalda de la historia, pero que podamos, a partir de este libro, apuntar algunas ideas.

Las referencias más constantes en las biografías de María Calcaño coinciden en que tuvo seis hijos y se casó con dos hombres (como si esta información acotara su paso por la Tierra), pero de ella, de su vida más íntima y encarnada, no sabemos mucho. Apenas se habla de los temas sobre los que escribe y se reduce a “erotismo” la clave para leer sus obras. Y claro que el erotismo es importante en sus poemas, pero es sólo una hebra de un complejo tejido. Quizá sí es la más llamativa porque Calcaño nombró afectos, pulsiones y deseos en un contexto temporal y geopolítico represivo y violento. Me parece que los poemas aquí presentados tienen distintos tonos: diversas Marías hablan con la voz que necesitaban en momentos específicos.

Su primer poemario titulado Alas fatales (1935) fue criticado de “inmoral” por los escasos lectores de loa década de 1930; veintiún años más tarde (1956), mismo año cuando falleció, saldría su segundo libro, Canciones que oyeron mis últimas muñecas. Los libros publicados de forma póstuma son Entre la luna y los hombres (1961) y La hermética maravillada (1938). Así, con sólo cuatro libros, María Calcaño ha sido reconocida como una de las poetas venezolanas con mayor voz de mediados del siglo XX. 

III        

Con esta recopilación de poemas, María Calcaño nos comparte su voz. Pero no lo hace a susurros ni quedamente; María se acomoda en un sillón histórico bastante pequeño para ella, nos mira de frente y nos recita sus propios textos como quien habla de la vida en las calles de Maracaibo, de las relaciones madre-hija, de las pulsiones de muerte, y de lo que se siente vivir acotada desde el género, de las incertidumbres de la adolescencia, de las pasiones y los desgastes del día a día, del dolor y las mentiras, o de las formas de pronunciar la voluntad frente a la gente, de la indiferencia y los goces, de su belleza, del cuerpo compartido, de la vida tejida de literatura, de los hilos perdidos entre poema y poema, de no darse por vencida, ni aun con la enfermedad a cuestas, de ser una mujer vindicta. 

La mayoría de estos textos se sienten urgentes. Imagino a María sumamente lúcida y crítica escribiendo apresurada, como si sintiera más rápido de lo que sus manos pueden escribir. Y desde ahí entiendo los signos de admiración a medias, los versos que termina con un “!” sin haber abierto el signo casi gemelo. Respetar esas decisiones —al editar a distancia— es un acto político. Al final del día, María estaba escribiendo como quien despliega sus entrañas a plena luz, furiosa y consciente. 

Estos poemas de Calcaño se acomodan en la página acurrucando su rabia y ocupando todo el espacio en blanco, sin miedo, sin permiso. María Calcaño escribió con la certeza de que sería entendida después, con esa apuesta a tiempos lejanos o a espacios donde sus palabras no son ya consideradas blasfemia; por eso lo hace así, directa y quizá paciente de ser leída. Su obra nos lega literaria y socialmente una caja de herramientas sensibles y sesudas hechas de versos. De aquí la responsabilidad de nosotrxs lectorxs de leer mujeres como acto de resistencia.

La poeta venezolana nos habla sin distinción, no para tratar de convencernos sobre cómo veía el mundo a pesar de que la querían ciega, sino para invitarnos a poner el cuerpo en el poema y leer desde ahí, desde donde todo puede enunciarse porque se reconoce vital.  

María Calcaño supo hablar de estos tiempos, así como de su presencia o ausencia: 

¡Y de allí, que me lleven en hombros,
tapada de rosas!
Ya estaré sin nombre
como el de la inclusa…
¡Nada podrá esa caja
de paredes estrechas
y prieta como un cuervo!

Pasaré las rendijas cuando menos lo piensen
y retoñaré vida sobre el terrón de muerte.

María Calcaño, Material de Lectura, Vindictas. Poetas latinoamericanas, UNAM, p. 12


Me gusta pensar que en ese futuro enunciado por el yo lírico nos situamos ahora mismo, en uno donde ella, invicta, es leída, “para todos los futuros que vengan desde ahora”, como afirma Xel-Ha López Méndez en prólogo del libro. Yo le respondo: gracias por propiciar este rincón temporal desde donde leemos a nuestra autora con otras cabezas y sensibilidades.

IV

Este libro no pudo suceder sin la lectura arqueológica de Xel-Ha López Méndez, quien confiesa haber visto hasta fotografías de la tierra de María Calcaño para sentirla un poco más cerca. Esta labor de lectura, selección y edición resulta absolutamente importante, pues es casi una voluntad archivística de ver-leer para reconocer potencias, posibilidades, coyunturas y puentes entre tantos textos para luego proponer un orden incisivo, provocador y asombroso; a manera de quien presenta a alguien muy querido con otra persona y se aleja para que charlen. El orden, en este caso, propone un ritmo de lectura; como si Xel-Ha describiera un retrato hablado de la poeta venezolana, o como si preparara un encuadre de María y la acomodara frente a la cámara para que saliera de pies a cabeza en la fotografía. Esta edición, vaya, es un acto de amor.

V

Robando esta herramienta para invocar corazones que se fueron, estimulada por el deseo de continuar con la carta escrita por Xel-Ha López Méndez, te digo con tus palabras, María: 

Camino de la feria
todos los pocitos dulces que encuentro 
me retratan! 
Con la cesta de frutas, 
la funda de vuelos,
y la pañoleta bordada. 
Así mismo como me miro en tus ojos. 

María Calcaño, Material de Lectura, Vindictas. Poetas latinoamericanas, UNAM, p. 17

Y te imagino escribiendo con una mano, mientras la otra rasga con las uñas las costuras del tiempo para abrirse paso. 

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