“Las Flores de la Noche”: entre reinas y guerreras

Hasta que la dignidad sea costumbre y la vida no sea un privilegio.

Omar Robles

“Durante la guerra de independencia, el pueblo indígena de Mezcala luchó valientemente contra el ejército español. Cuatro años estuvieron defendiéndose, refugiados en la Isla del Presidio. Cuenta la historia que por las noches una mujer guerrera bajaba por la montaña y, mientras dormían los españoles, ella los atacaba. Cuando al fin el ejército la capturó, decidieron quemarla. Al quitarle la ropa se dieron cuenta de que era un hombre. La mujer guerrera murió quemada en la hoguera y sus cenizas fueron lanzadas al agua”. Con esta leyenda en voz en off comienza Las Flores de la Noche (2020), documental dirigido por Eduardo Esquivel y Omar Robles que celebra la vida de cuatro amigxs y su resiliencia en una comunidad machista, homofóbica y transfóbica. Conjugan la historia de la guerrera del siglo XIX con las de Violeta, Alexa y Gardenia, quienes viven su identidad día a día a pesar de las miradas y murmullos, y la de Uriel, que vive en constante conflicto y se debate entre su deseo de vivir libremente y la heteronorma.

Los directores retoman elementos de la leyenda y aprovechan el lenguaje cinematográfico para llevarnos a la reflexión, al cuestionamiento, pero también al gozo. El fuego pareciera quemar a un pequeño Uriel en una inquisición autosentenciada por el rechazo y la negación de su yo. La procesión es el constante desfile que Alexa, Violeta y Gardenia realizan día con día por las calles de Mezcala, donde se acuerpan y caminan hombro a hombro para hacerse paso entre las miradas y negaciones externas. Y el lago es la guerrera que lxs llama a bañarse en ella para llenarse de vida y fuerzas para ser ellxs. En esas aguas está la promesa de luchar con ellas como lo hizo con los indígenas en siglos pasados. Uriel rechazará ese llamado, le dará la espalda, pero sus amigas le acuerparán y le extenderán los brazos para andar juntos en comunidad. 

En entrevistas, Eduardo y Omar han dejado en claro que su intención no era la de realizar un documental de denuncia, con datos duros y dolor, sino todo lo contrario: apostaban por una película pletórica que celebrara la diversidad. Sin embargo, y aunque se logra ese tono festivo en la película, están presentes el machismo, la homofobia, la mofa, la ridiculización y los discursos de odio. Como cuando vemos a Violeta y Gardenia desfilar frente al palacio municipal con una corona en la cabeza. Se pavonean entre chiflidos y aplausos en la plaza principal y se percibe la burla con que son recibidas cuando momentos antes ha sucedido una escena similar: se ha coronado a la reina de las fiestas patrias, quien ha hecho el mismo recorrido y la respuesta de la gente ha sido distinta, se ha limitado a aplausos y gritos gustosos.  O cuando al iniciar su jornada de trabajo, a Alexa y Gardenia les gritan “esos jotos ni trabajan”. O simplemente al ver el retrato de Uriel, quien rechaza sus preferencias sexoafectivas y se somete a grupos religiosos y terapias de conversión en donde se refiere a sí mismo como un enfermo sexual al ser homosexual. 

Y es que no se pueden ignorar las batallas constantes que viven ellxs como muchos otrxs en todos los rincones; no cuando la esperanza de vida de las mujeres trans en México es de 35 años. No cuando este país ocupa uno de los primeros lugares en crímenes de odio en Latinoamérica. No cuando homosexuales y lesbianas siguen siendo torturados en las llamadas terapias de conversión. Porque también mostrar estas violencias nos permiten notar la luz en escenas con una esperanza a la que hay que aferrarnos. Estos contrastes nos hacen valorar momentos como la coronación simbólica de Cuquito, un hombre mayor homosexual, en una convivencia entre dos generaciones que comparten la continua lucha por la libertad. O ver a Uriel maquillado con una sonrisa genuina que le embellece más que cualquier polvo o sombra. 

Este documental es un homenaje a ellxs: a Violeta, Alexa, Gardenia y Uriel. A su valentía, su coraje. Las Flores de la Noche es una apuesta por la amistad como refugio y pilar de apoyo y motor de vida. Es una invitación a hacer comunidad y acuerparnos lxs unxs a lxs otrxs y cuestionarnos, reflexionar. Encontrar nuestra guerrera lago y sumergirnos en ella, absorber su fuerza y ser una barricada de carne y hueso.