Categoría: La nota moderna

Un espacio de apreciación musical a partir de algunos compositores representativos de la época.

Leer Más

Giacinto Scelsi: Cuatro piezas para orquesta, música con una sola nota

El antepasado unicelular, en su forma de potencial infinito, permanece a la orilla del caldo primigenio. En la falda de la primera montaña una sola piedra contiene dentro de sí paisajes. Los delgados trazos dibujados en su superficie cuentan con un solo punto la vida y muerte del macrocosmos. En el siglo XXI, diez millones de visitantes se deslizan cada año por las calles de Florencia, mientras que en un pueblo de cuatrocientos habitantes, dentro de un grano de sal incrustado en el quinceavo ladrillo a la izquierda de una enredadera, brota iridiscente la armonía que envuelve y describe con exactitud el tiempo como es en verdad: una sola nota, infinita, enorme, dentro de la cual todos los sonidos posibles son contenidos.

Anuncios
Leer Más

Frank Zappa: “Tornado del punto G”, el significado de la música

Cualquier cosa, a cualquier hora, en cualquier lugar por ninguna razón en lo absoluto. Una pareja se desviste frenéticamente y don Quijote se enfrenta a las ovejas mientras las trompetas anuncian la llegada del vendedor de aspiradoras que con una ceja en lo alto te mira por el picaporte. Cuartas paralelas en Si dórico son las bragas y corbatas se deslizan cuesta abajo desde el tendedero. Son dos viejos bailando un vals que quiere ser tango. Son cascadas y chorros placenteros que escurren por los húmedos lados de una botella. Veinte minutos después, tras bambalinas, Frank Zappa aún escucha los aplausos.

Leer Más

Andrew Norman: “Espiral” y la nueva generación estadounidense

Con sus dedos torpes, el ánima infantil arroja una canica sobre la superficie del embudo. Su trayectoria parcialmente circular produce un murmullo sigiloso. El espiral se imprime en tus ojos, su patrón hipnotizante transporta el sueño arcano al mundo. Girando constantemente, se deslizan en su apareamiento las serpientes del caduceo, el doble hélix inmerso en sangre. En la calle de vórtices celestes giran planetas y satélites. Con un lápiz dibuja la escalera del infinito. La rotación perpetua de la vía láctea destella. Inmensa gravedad y *ping* cae la canica.

Leer Más

Gabriela Ortiz: “Patios Serenos”

El primer muro que se erigió trajo consigo la frescura de la sombra. La briza trazó nuevas danzas que le rodeaban. Me vi reflejado en él y en su altura. Nuevos muros le siguieron, planicies verticales de colores vivos, y pronto el susurro de las serpientes se desvaneció en inocuos lazos de luz sobre la piedra y, de lo que antes era el espacio infinito, emergió un patio amurallado. El agua encuentra su camino entre los peldaños de ladrillo, y dentro de las vasijas su gorgoteo renueva el tiempo inmóvil. Entonces, el verde atemporal visita el patio y lo transforma en su jardín: dibujos de vida colgando en racimos por los bordes del refugio personal que ha sido construido como albergue de toda emoción.

Leer Más

John Adams: “Lollapalooza”

Pulso. Se acerca. Las venas de la tierra se ensanchan y todo respiro siente el ardor cálido de la expectativa. Un resplandor. Manos de niños trazando un arcoíris tornasol pavimentan con pétalos volátiles las calles. Voluptuosos, escandalosos, atractivos y brillantes los sonidos que desfilan. Desfasados, pero en la comunión de un solo impulso. Poseyendo incontables sonrisas de todos los colores, marcha en procesión desenfrenada el evento más excepcional. El puente entre las sensaciones y las palabras es en su mejor momento solo una imaginación. Cuando tu cuerpo sucumbe, en un empuje apasionado, frente al festejo extraordinario tu voz desconoce conceptos, sólo permanece el cosquilleo onomatopéyico sobre tu lengua de la sorpresa absoluta: lollapalooza.

Nacido el 15 de Febrero de 1947 en Massachusetts, E.U.A., John Adams fue llamado por la música por primera vez a sus diez años, cuando escuchó historias de un virtuoso niño que componía bellas sinfonías de nombre Mozart. De inmediato y sin un solo conocimiento previo quiso sentarse a componer sinfonías, sus padres que percibieron su interés alimentaron su curiosidad acercándole a sus primeros estudios musicales

Leer Más

Maurice Ravel: amanecer, “Dafnis y Cloe”

Verde es el color de la pasión que inunda desde tus ojos el paisaje primaveral. La helada calma se derrite sobre las raíces que sueltan sus aromas de piedra y sangre. Durante la gran mañana traída del cielo por las aves, la tierra se vela por el calor de girasoles, rubores jóvenes y pétalos vanidosos. Iris cristalinos, besados por la luz que ha llegado para quedarse, riegan sobre la tierra poesía lozana, alimento de las abejas. Por fin la respuesta al rezo de un hombre en forma de amante suena en el valle, un dios eterno de todo lo natural mira en ti un reflejo de su amor eterno. Reposa el sol sobre la tierra. El erotismo de los tulipanes al nacer se perpetúa en la reunión de lo que debe estar junto. Dafnis se ha reencontrado con Cloe.

Maurice Ravel, nacido el 7 de Marzo de 1875, creció en Francia como el primer hijo de un matrimonio feliz. Su padre, altamente educado, dedicó tiempo a la formación de sus dos hijos enseñándoles de ciencia y cultura, de donde nació el primer gusto de Maurice por la música. Desde sus primeros años de estudiante demostró un entendimiento intuitivo del lenguaje musical, ingresando a sus 14 años al conservatorio de París; primero como pianista y después como compositor bajo la tutela de Gabriel Fauré. Su personalidad altamente individualista le causó dos expulsiones, lo que lo atrajo hacia otros artistas renegados que formaban parte de un grupo difuso conocido como Los apaches. Entre ellos llegaron a participar compositores como Ígor Stravinsky, Claude Debussy, y Erik Satie, quieres fueron un fuerte estimulante para Ravel, quien escribió varias de sus obras más reconocidas en la primera década del siglo XX.

Leer Más

Aleksandr Scriabin: Sonata no. 5

Ciegos. A partir del beso nos llama la vida a florecer. El éxtasis se nos presenta en ilusiones impedidas por truenos pulsantes. A partir de tu caricia nos llama el ser al vuelo. Se arrastra por el piso quien nos dio la vista y encuentro en tu piel un espejo. Primero el fuego y luego la lanza hurtan los aromas de orquídeas y vetiver. Desde el vientre clavan las serpientes los colmillos en tus muslos y de su veneno nace aquel quien crea el universo con su mirada. Sobre el pecho de tu cuerpo, que es el mío, el más alto ideal se vuelve palpable. En el vuelo de espiral ascendente el espíritu creador inmortaliza el deseo. Embriones de la vida, os traigo osadía.

Aleksandr Scriabin nació proféticamente en la navidad de 1871, en Moscú, convencido de cambiar al mundo. Teniendo apenas su primer año de edad, su madre murió y pocos años después su padre le dejó con sus tías, quienes le mimaron durante su infancia. Pequeño, precoz constructor de pianos y dotado de permanentes impulsos creativos, Aleksandr destacaba por su rareza; sin embargo, se ganaba la amabilidad de sus pares con sus habilidades de pianista, gracias a las que se graduó del conservatorio de Moscú a los 20 años.

Leer Más

Olivier Messiaen: Aves Exóticas

Desde lo obscuro, un silbido corta la línea sangrante de oro en el cielo. El pulso de un rito da paso al siguiente. Cantando, las madres despiertan a sus hijos y al enamorado a quien adora. Un resplandor de sonido baña de arriba a abajo los árboles que se tambalean con el aletear de las voces: el coro permanente de las infinitas mañanas en el bosque, hasta el final de los tiempos, canta salmos de un dios benevolente que otorga a las aves el deseo de vivir. Al presentarse el hombre en reverencia frente a esta ceremonia milenaria, sólo desea “desaparecer detrás de las aves”.

Leer Más

György Ligeti: Atmósferas

El día permanece muerto, pero es ahora, en la recobrada lucidez de la mente despierta, que sabes nombrar el terror de piel fría que desprende su red partiendo hacia el olvido. El sueño nace sin límites. Impermeable al deseo del portador, se desliza entre las categorías sin nombre de la mente, cazando la presa que escondiste. Desde este tapiz de hilos sin fin, entes desfigurados toman la imagen de objetos solo relacionados por una metonimia ininteligible. El gradiente que imaginas entre el ensueño y la pesadilla es ilegítimo durante la noche. Tanto es así, que al sueño libre, para transformar la fascinación en angustia, le basta solo la muerte del ser amado, la violación de la estrella, el fuego, el pantano, el espejo o la maraña de seda que el enjambre de gusanos dejó a su paso cuando el terror te obligó a despertar. A lo lejos, un murmuro.

Leer Más

Edgard Varèse: “Octandre”

Las ideas, desde su expresión en los individuos, cobran vida propia. Estas unidades de información se propagan entre personas como genes entre células. De esta manera, ideas tan viejas como la humanidad han sobrevivido civilizaciones enteras: dios, el tiempo, la belleza, el héroe, el inframundo. Conceptos que viven más allá de nosotros se propagan con nuestras voces y en nuestra obra. Así fue como una idea llegaría a posarse sobre las cejas de Varèse que lo movería a participar en la alteración permanentemente del paradigma musical.