Categoría: La ene con peineta

Reseñas, crónicas y opiniones de las creaciones literarias de autores españoles.

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Rosalía es para siempre

Siempre encuentro muy necesario hablar, sugerir o escribir sobre por qué cualquier momento es perfecto para leer a Rosalía de Castro (1837-1885). La gran poeta de Galicia ha dejado su huella en la tradición popular gallega y en un sinfín de autores ulteriores; por ejemplo, en los Seis poemas galegos (1935) y en algunas de las Impresiones y paisajes (1918) de Federico García Lorca, en los relatos cortos de Manuel Rivas, así como en cantautores como Xoan Montes Capón, Luz Casal y Carlos Nuñez, quienes han musicalizado la “Negra sombra» del fenomenal libro Follas novas (1880). El otoño siempre nos invita a reiterarnos la fugacidad de nuestra piel, como si fueran hojas quebradizas de un otoño deshojado. Éste es el mejor momento, tal vez, para ir a las Hojas nuevas tan eternas y tan entrañables como la presencia de Rosalía de Castro.

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Sobre nuestro suicidio: Una reflexión del romanticismo en el siglo XXI

El 22 de marzo de 1835 se estrenó Don Álvaro o la fuerza del sino de Ángel de Saavedra, el  magnífico Duque de Rivas (1791-1865), en el Teatro del Príncipe de Madrid. Este drama suscitó muy diversas críticas en la prensa española del momento, así como el reconocimiento del teatro romántico por parte de un público todavía acostumbrado al ordenamiento y gusto neoclásicos. La obra, de templanza provocativa, entretejida predominantemente con maravillosas redondillas y octosílabos, adquiere su momento más sentimental y entrañable cuando, al final de la quinta jornada, el protagonista, Don Álvaro, decide arrojarse desde lo alto de un risco para acabar con su vida. Sin embargo, el suicidio de Don Álvaro no responde únicamente a la imposibilidad de aceptar una realidad golpeada por los infortunios, quienes han demostrado que sus mejores amigos son la muerte y el desamor. En esta tragedia española, el Duque de Rivas deja ver una preocupación típicamente romántica que hemos arrastrado hasta los resquebrajantes escalones del siglo XXI: la negación de la insoportable y fatal realidad que nos golpea día con día.

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Una pincelada de realidad en el lienzo del deseo: La contemplación en la poesía de Luis Cernuda

Luis Cernuda ha sido uno de los casos más claros de ‘voz’ poética. Lo que ha habido siempre en su mejor poesía ha sido eso: voz, indefinible acento, ritmo pero no insistente, sino tierno y ahogado como de agua murmurante.

Tomás Segovia

Contemplación. Con esta palabra —aun en distintas altitudes temáticas— Pedro Salinas, Elena Garro, James Valender, Octavio Paz y Miguel J. Flys coinciden al aproximarse hacia los primeros trazos del retrato del magnífico poeta sevillano Luis Cernuda Bidón (1902-1963). Por supuesto, estos retratos de palabras suelen trazarse con técnicas muy poéticas de pincel delgado y amable. “Era como si Cernuda viviera separado del mundo por una cortina invisible”, dice Elena Garro en sus memorias españolas, en las que la escritora mexicana nos lega cómo le conoció dorándose la piel bajo el fustigante sol en las playas de Valencia, en plena Guerra Civil. Garro nos describe a un Luis Cernuda tímido, cariñoso, melancólico y reforzadamente prudente ante las preguntas insaciables de Elena. Con esa misma paciencia con la que Cernuda observaba el mar de Valencia entre bombardeo y bombardeo, trazaba el recorrido de sus primeros pasos literarios. La soledad fue un ingrediente medular de la creación poética de Cernuda. La soledad permite que el poeta admire y contemple el mundo para articularlo mediante el misterioso y revelador lenguaje de la poesía. No son gratuitas todas las letras que se han escrito sobre los colores de Fray Luis de León en las imágenes poéticas del sevillano:

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Cuando se encuentran las palabras: Homenaje a la poeta Julia Uceda

Parece que la vida no se cansa de demostrarnos que hay geografías en las que las aguas de sus ríos llevan disuelto el mineral de la poesía. Es por esto que quienes la han bebido desde hace siglos regalaron al mundo una fuente de la que brotan poetas y más poetas como un chopo de palabras cristalinas de tornasoles.

Hay en Andalucía una predisposición por la creación poética; y no me refiero a que no exista en ningún otro sitio, pero en la tierra de Luis de Góngora, Gustavo Adolfo Bécquer y Antonio Machado se respira aquel ingrediente mágico que Federico García Lorca cristalizó en América como duende. Y coincido con Lorca en que México y España son territorios poéticos en los que nuestras vidas aprendieron a andar de la mano de la muerte, por eso le cantamos y bailamos con ella. La latencia de la muerte, como una sábana de nubes que mantiene en calor de la irónica vida, es el firmamento de la poesía andaluza.

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La desigualdad social, la peor pandemia

Imagen: A tale from the Decameron, John William Waterhouse, 1916

No es la primera vez que un bicho irrumpe en nuestros días para recordarnos lo efímera que es la vida… y lo desigual que sigue siendo el mundo en el siglo XXI. Así bien, en las literaturas del mundo también han quedado marcas de enfermedades y plagas que llevan a los pueblos a extender al máximo las cuerdas del equilibrio social, económico y político.

Voltaire dijo que no todo lo acontecido merece ser escrito, que únicamente los grandes acontecimientos quedan grabados en la memoria de los pueblos. No se equivocó. Si revisamos una prueba diagonal de los textos escritos a lo largo de los años de la historia de la humanidad, encontraremos temas recurrentes: guerras, triunfos, acuerdos políticos, rebeliones populares, repúblicas e imperios y, no lo olvidemos, enfermedades también. Incluso, muchas veces todos aquellos causados por la última.

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Federico García Lorca y Galicia

De Galicia os simiterios
cos seus alciprestes altos,
cos seus olivos escuros
i os seus homildes osarios,
todos de frores cubertos,
frescos coma os nosos campos,
pocas mañáns malencónicas
e nas tardes solitarias
cando o sol poniente os baña
co seu resprandor dourado,
cheos dun grande sosego
parés que que nos din, «¡Durmamos!»
ROSALÍA DE CASTRO

A mi muy querida Tamara Pérez Permuy, la gallega más mexicana del mundo.

Imágenes: Federico García Lorca en Betanzos, Galicia.

Imagínate que llegas por primera vez a Santiago de Compostela… Imagínate que eres un joven granadino que toca el piano y que tiene aspiraciones a escribir literatura… Imagínate que es 1917 y que tu voz poética interior tan dorada por el incansable sol de Andalucía se encuentra de tajo con el cielo de Galicia…

Entre 1916 y 1918, durante un viaje pedagógico organizado por el profesor Martín Domínguez Berrueta de la Universidad de Granada, Federico García Lorca llevó consigo lo que puede nombrarse como un diario literario de viaje en el que se puede encontrar una mirada de subjetivación paisajística de alto tono poético. La mayor parte de la crítica ha dedicado sus páginas a la poesía y al teatro del poeta de Granada. No obstante, sus prosas —entre las que se encuentran numerosas conferencias, entrevistas y este maravilloso diario, Impresiones y paisajes— han gozado de menor atención. Afortunadamente, con el paso de los años se están realizando más estudios sobre esta otra cara del multifacético autor de Poeta en Nueva York.[1]

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Cerremos filas

El 1 de abril de 1939 culminaba una de las más grandes tragedias de la historia contemporánea: las tropas de un dictador, de cuyo nombre no quiero acordarme, apoyadas por las dos figuras del fascismo italiano y el nazismo alemán, ponían fin a una maravillosa gesta de las democracias modernas. Los gobiernos del Reino Unido, Francia y la Unión Soviética decidieron voltear hacia otro lado, abandonando así a un régimen democráticamente electo, cuyas intenciones —lo dice el célebre historiador Paul Preston y yo lo secundo respetuosamente—, para bien o para mal, fueron siempre sacar a España de una vorágine ideológica. 

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‘La estela que dejó Federico García Lorca’: Rafael Alberti

[…] una noche, en sueños, se me presentó Federico, como subido de la profundidad de la tierra, para verme. Estaba muy envejecido. Parecía que hubiera seguido cumpliendo años, físicamente, durante todos aquéllos después de su muerte. Pensé que tal vez ascendía del barranco en donde fue arrojado para reconciliarse conmigo —¿sería eso?— por las mínimas e inocentes rencillas literarias que alguna vez pudimos haber tenido.

Rafael Alberti

Hurgando de nuevo por las memorias de Rafael Alberti, quise dar continuidad a la columna anterior, en la que me subí a las ramas de su arboleda perdida para pintar cómo Rafael conoció a Federico. Ahora, en esta peineta de la ene de agosto, me inspira escribir sobre un suceso que marcó la vida de Alberti de igual manera como cuando se encontraron por primera vez estos dos poetas andaluces; me refiero, por supuesto, a cómo afectó el asesinato de Federico a Rafael.

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‘Cuando conocí a Federico García Lorca’: Rafael Alberti

Debiste de haber muerto sin llevarte a tu gloria
ese horror en los ojos de último fogonazo
ante la propia sangre que dobló tu memoria,
toda flor y clarísimo corazón sin balazo.
Mas si mi muerte ha muerto, quedándome la tuya,
si acaso le esperaba más bella y larga vida,
haré por merecerla, hasta que restituya
a la tierra esa lumbre de cosecha cumplida.
 

«Elegía a un poeta que no tuvo su muerte»
RAFAEL ALBERTI 

La arboleda perdida de Rafael Alberti, magnífico poeta y dramaturgo, suele mencionarse como las ‘memorias’ del poeta gaditano. Probablemente sea ésta la manera con la que Rafael llamaba a este conjunto de libros en los que, a guisa de retrospección, escribía su historia de vida, sobre aquél que había sido en el pasado. En este texto mi prioridad no es disertar sobre un posible estatuto genérico de La arboleda perdida como una autobiografía en partes y no como la conocemos mayoritariamente, como memorias. Sin embargo, esta discusión es muy interesante y fecunda para escribir muchas páginas sobre su menester en el futuro. Será en otra ocasión.

En ésta traigo al presente un momento maravilloso para la literatura española del siglo anterior que quedó inmortalizado en el segundo libro de La arboleda perdida: aquel día de octubre de 1924 en el que, como dos fuerzas tan grandiosas y potentes como un huracán masivo y un volcán eruptivo colisionando, se conocieron Rafael Alberti y Federico García Lorca en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

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Manuel Altolaguirre: un poeta ‘excepcional’

Tenía cara de poeta escandinavo —Bolin era su segundo apellido—, el pelo alto, en caracolas; la boca sonriente, siempre dispuesta para la gracia. Parecía todo él un ternero escapado del limbo, una rara invención angélica extraviada en la tierra.
RAFAEL ALBERTI

A Yetlanezi, poema de mi vida…

El próximo 29 de junio se cumplirán 114 años del nacimiento de Manuel Altolaguirre Bolín (Málaga, 1905-1959), poeta que perteneció a la llamada Generación del 27.