Categoría: Literatura

Reseñas y recomendaciones de libros, reflexiones alrededor de un autor y su obra, lanzamientos de libros.

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Deseos || Cuento de Andrea Jocelyn Mora Méndez

*Fotografía documental de la obra La promesa de la artista mexicana Teresa Margolles

El camino era largo y peligroso. Sabía que no sería sencillo y que podía no llegar a su destino final, pero no le importaba. Ya no había nada que perder. Ya lo había perdido todo y no podían arrebatarle nada más… Todo se lo habían llevado, todo, todo. Le quedaba el miedo y el dolor. Ojalá se llevaran eso también y no sólo lo bueno, ojalá le quitaran su dolor y se pudrieran por dentro como ella se sentía, ojalá su dolor y su miedo los paralizara y los consumiera, ojalá también llevaran huecos y ausencias como los de ella.

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Alergia || Cuento de Melissa Tarabay

No siempre me he sentido cómoda en la casa que habito. A lo largo de esta mediana vida, me he mudado con mis maletas y colchón de cama unas doce veces, sola. He estado en cuartos que me ocasionaron urticaria en la piel debido a la humedad que se estancaba en sus esquinas; estuve en un departamento donde me trataron como una pequeña rata gris, no sabía que me estaba metiendo en un nido de cucarachas; también caí en una casa de asistencia en medio del bosque, y ahí tuve que repartir mi corazón en más de tres pedazos; y a los dos años me fui a una vecindad donde me cambié de departamento tres veces.

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Ofrendas de día de muertos es Mixquic, fotografía de Edgard Garrido

Altar y ofrenda poética a la Generación del 27

Fotografía de Edgard Garrido

Durante los últimos días de octubre, se convoca a los muertos a volver al mundo de los que aún vivimos en la ilusión de la vida. Comienzan los grandes días de fiesta. Uno y dos de noviembre: Día de Muertos. Arte Poética mexicana. La tierra comienza a endurecerse con el soplo de otoño y el césped, aferrándose a los resquicios de la primavera, va perdiendo su tenaz verdor. México, tierra tan extraña y tan maravillosa por su surrealismo intrínseco que deslumbró a un André Bretón que sólo pudo elucubrar la materia onírica de la realidad ignorando que en este país se vive en ella todos los días. México de la muerte cantora, donde los muertos vuelven año con año rompiendo la severa ley de las cálidas aguas del Leteo mesoamericano. México, donde la muerte sabe a chocolate. México, vereda en la que los huesos han sido sembrados desde antaño y donde siguen sepultándose para que broten las ramas del grito que sigue clamando por la justicia y la libertad verdadera. México que, como su compañera España, ha sabido conformarse con los cantos poéticos para que los huesos de sus poetas muertos en la aleatoria sepultura vibren, crujan y digan con voz de ultratumba: «¡Aquí, aquí estoy! ¡Aquí fui fusilado! ¡Aquí fui asesinada! ¡Aquí me arrancaron la dignidad!».

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Prosas líricas || Poemas de Jennifer García Acevedo

Sobre un cuadro de Caspar David Friedrich

Un barco se multiplica frente a nuestros ojos, de sus velas penden las espadas que aniquilarán a los hombres. Ningún ángel podrá salvarlos ahora que los animales duermen lejos y el paisaje se revela en una caligrafía extraña. Caminan hacia él impulsados por un gesto ciego, extraen la sal de la ola para cubrir su herida, mientras la tarde se cierra y la sangre fluye hacia otros lugares. Nadie es lo suficientemente viejo para morir o lo suficientemente joven para salvarse. En todos se revela la sombra y la intemperie. Ahí surge el misterio, bajo los signos secretos del aire, en el vértigo que no distingue de nombres, en la universalidad de la muerte y de la luz. Aquellos que vagan por la vida como por una estancia del sueño comienzan a desconocer su destino, observan el incendio en el río y no temen, escuchan el canto de los ahogados, tocan las puntas de las lanzas, y cuando el asesino señala con su rifle, cierran los ojos y esperan. Eso que los lleva a su descenso, los acerca también al origen, en el que extraviados, con la plena ignorancia del mundo, se arrojan al mar y ven sus manos salir a la superficie. A diferencia de ellos, poco puede decirse de los que conocen la inmolación y la niegan, esos que nunca aprendieron de la mosca y su fugacidad o recibieron con humildad los estragos del invierno, para ellos la muerte es una casa lejana, repleta de huéspedes y campanarios, donde nadie más debe entrar. Al final del día no hay que insistir en la permanencia y esconderse. La tierra siempre abre su pecho para encontrarnos.

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Extrañezas || Microrrelatos de Rodrigo López Romero

Censo

El afamado doctor G. ideó hacia el final de su carrera, un método certero para medir la desgracia. Con una serie de exámenes físicos, pruebas de laboratorio y los más diversos cuestionarios y crucigramas, afirmaba que era posible conocer con un imperceptible margen de error la magnitud de las diferentes tristezas y jeraquizarlas. Con esta solución se pretendía saldar de una vez por todas la interrogante histórica de quién sufría más. El Gobierno aplaudió la propuesta y prometió otorgar una exención de impuestos vitalicia a quien resultara ganador.