Categoría: Literalia

Catálogo de reseñas y libros publicados por la editorial Literalia.

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Muerte - Aimeé Cervantes

“Asfódelos”: La muerte tiene lugar

A modo de brevísimo paréntesis entre los ya múltiples artículos que se ciñen a nuestro siglo y al pasado, el detenerse en la figura del mexicano Bernardo Couto Castillo responde más a un compromiso de difusión literaria y, por supuesto, editorial. No es para menos. Su presencia en las letras mexicanas es prácticamente efímera, pero influyente dentro del periodo naciente de la literatura del siglo XX.

El escritor murió de neumonía el 3 de mayo de 1901, con apenas 21 años, ligado, como todo buen bohemio del fin du siècle (periodo de innumerables aflicciones existenciales), al opio, al alcohol y al hachís. A pesar de su prematuro deceso, su pluma nos legó una obra muy breve pero llena de oscuridad, asesinatos, muerte y un amplio espectro de temas incómodos no sólo para la sociedad de su época, sino también para la nuestra: Asfódelos.

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Como un bolero - Aimeé Cervantes

“Como un bolero”: La intimidad del relato contado al oído

Como un bolero
Improviso movimientos de ternura,
Mis latidos se confunden con tambores,
Y de pronto de mi alma
Mil requintos se derraman en tu alma
Como un bolero

Los Tres Reyes

Cuando pienso en el abuelo, la primera imagen que viene a mi mente es la de aquel hombre de canas sentado en un sillón con los ojos cerrados, mientras que en la vieja tornamesa un disco de Los Panchos gira incesantemente. A cada vuelta del desgastado ‘elepé’, la aguja del tocadiscos puntea el requinteo que sale de los dedos de Alfredo Gil y, entre una y otra de las canciones, el silencio se rompe por los suspiros del abuelo que, al recordarlos, descuelgan en mí momentos que se parecen a fotografías teñidas por los años y a películas en blanco y negro.

Siempre he creído que los boleros poseen esa esencia de suspiro musical. Como dicen los que saben, un bolero está hecho para bailarse “de cachetito” y para cantarse con un susurro al oído. Pues bien, el libro de Diana Ramírez Luna es justo eso: un bolero literario, un conjunto de “quince relatos y una poesía inesperada”, que se van acercando despacito con el aire inconfundible de un punteo de guitarra y la armonía delicada que entretejen las voces de un trío.

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Transfinitas cosas - Aimeé Cervantes

“Transfinitas cosas”: A través de la poética de Hugo Labravo

Ilustración de Aimeé Cervantes Flores

El 21 de febrero de 2018, se celebró un coloquio en homenaje al escritor coahuilense Julio Torri.  Lugar: la sala Moreno de Alba en la FFyL. Ahí, más o menos a las seis de la tarde, la Dra.  María Elena Madrigal pronunció una afirmación estremecedora: “Torri no es minificcionista”. A partir de ese momento muchos tomamos consciencia de la fragilidad de nombrar a un género, en especial a éste, no solo por ser tan breve y volátil, sino por la teoría circunfleja a él, que a veces se solidifica demasiado; en otras, se desmorona.

Foucault decía que aquello “no existe hasta que se nombra”, y con ello se refiere a que siempre han existido acciones semejantes, pero no toman su forma moderna hasta que son introducidos al lenguaje. Ejemplifico: “prácticas homosexuales han existido siempre, pero el homosexual nace hasta que es señalado y condenado”; algo así ocurre con los géneros y su denominación.

Un entimema sencillo, conciso y fuerte. Lo que llamamos minificción tiene poco tiempo de haber nacido, de habérsele otorgado forma y palabra. Arreola mismo se pronunciaba escéptico respecto a la denominación; no se digan las posturas de mis queridos maestros Lucila herrera, Gonzalo Celorio y Alberto Paredes. La minificción, o lo que sea que los grupos de poder que se adueñan del género han nombrado, tiene dos momentos importantes: uno, cuando nace una de las primeras antologías (Relatos vertiginosos de Lauro Zavala, que vio la luz a principio del nuevo milenio); otro, con el nacimiento de una primera teoría, la de Dolores Koch hacia el inicio de los ochenta. Escritores de brevedades contemporáneos buenos son pocos, y los pocos hay muy buenos. Entre ellos está Hugo Labravo.

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Sólo somos palabra - Aimeé Cervantes

“Sólo somos palabra”: Memorias de un pueblo zapoteca

Ilustración de Aimeé Cervantes Flores

El ser humano ha sido definido, desde tiempos clásicos, como un ser racional. Se ha dicho, así, que su particularidad y la principal característica que lo diferencia de cualquier otra especie es su capacidad de regirse bajo la luz de la razón. Walter Fisher, académico estadounidense del siglo pasado, se opuso en cierta medida a esta idea, que denominó “paradigma racional”. Fisher planteaba, bajo lo que se conoce como “teoría narrativa” o “paradigma narrativo”, que las personas somos, antes que nada, seres formados por relatos, por historias, por palabras. Todos somos creadores y narradores de cuentos, de reflexiones; éstos constituyen una de las formas de comunicación más antiguas y universales. Somos seres narrativos.

Esto tiene implicaciones inimaginables. Las palabras no sólo nos permiten relacionarnos con los otros, compartir, o conformarnos como personas –como afirmaba Fisher–. Las narraciones son parte fundamental de la memoria colectiva. La palabra escrita, por su parte, constituye una de las formas más lúcidas del recuerdo. “Sólo somos palabra” dice Víctor Cata en su fantástico libro. “Sólo somos memoria y recuerdo en la cabeza de los demás. Nos fijamos en la mente de los que tengan ganas de acordarse de nosotros”.

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Las libretas de Esteban - Aimeé Cervantes

“Las libretas de Esteban”: Declaración de amor a la literatura

Ilustración de Aimeé Cervantes Flores

[…] renunciar al camino de la escritura […] al final del día, era renunciar a mí mismo. Por ello fue después de un sueño que retomé la pluma. Porque necesitaba ahondar en lo más profundo de mí. La pluma se convirtió en el único puente para negociar con los demonios que me habitan. Y si digo negociar es porque estoy convencido de que esos demonios no se irán a ningún lado. Hay que aprender a vivir con ellos, dirigir su energía.

PABLO MARTÍNEZ-ZÁRATE, LAS LIBRETAS DE ESTEBAN

Empezar una novela con un sueño es un recurso que desaconseja cualquier manual para los aspirantes a escritor. Por eso, al abrir Las libretas de Esteban (2015, Pablo Martínez-Zárate), cuya acción arranca a partir del sueño de su protagonista, uno podría mostrarse escéptico. Sin embargo, Martínez-Zárate triunfa con esta propuesta, que anticipa la naturaleza casi onírica del resto del relato.