Categoría: Ensayo

Textos ensayísticos de temas libres.

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Para Carmen, en la Casa del Poeta || José Antonio Lugo

La espadas toledanas —o las de los samurais— se caracterizan por su temple, esa combinación de dureza y flexibilidad que las hace únicas. La poesía de Carmen Nozal es precisa, afilada, corta con una lucidez amarga todo lo que toca. Y, sin embargo, es tierna, compasiva, empática. Dar vida a lo que los filólogos llamarían un oxímoron, es decir, una unión de contrarios, una mezcla imposible, es lo que ella, como un orfebre ancestral, logra con sus poemas.

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Federico García Lorca y Galicia

De Galicia os simiterios
cos seus alciprestes altos,
cos seus olivos escuros
i os seus homildes osarios,
todos de frores cubertos,
frescos coma os nosos campos,
pocas mañáns malencónicas
e nas tardes solitarias
cando o sol poniente os baña
co seu resprandor dourado,
cheos dun grande sosego
parés que que nos din, «¡Durmamos!»
ROSALÍA DE CASTRO

A mi muy querida Tamara Pérez Permuy, la gallega más mexicana del mundo.

Imágenes: Federico García Lorca en Betanzos, Galicia.

Imagínate que llegas por primera vez a Santiago de Compostela… Imagínate que eres un joven granadino que toca el piano y que tiene aspiraciones a escribir literatura… Imagínate que es 1917 y que tu voz poética interior tan dorada por el incansable sol de Andalucía se encuentra de tajo con el cielo de Galicia…

Entre 1916 y 1918, durante un viaje pedagógico organizado por el profesor Martín Domínguez Berrueta de la Universidad de Granada, Federico García Lorca llevó consigo lo que puede nombrarse como un diario literario de viaje en el que se puede encontrar una mirada de subjetivación paisajística de alto tono poético. La mayor parte de la crítica ha dedicado sus páginas a la poesía y al teatro del poeta de Granada. No obstante, sus prosas —entre las que se encuentran numerosas conferencias, entrevistas y este maravilloso diario, Impresiones y paisajes— han gozado de menor atención. Afortunadamente, con el paso de los años se están realizando más estudios sobre esta otra cara del multifacético autor de Poeta en Nueva York.[1]

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Factores de comportamiento o acercamiento al mundo individual || Ensayo de Víctor Hugo Espino

Con ello surgió la buena nueva de la filosofía: que, por mucho que le deprima el desorden en que vive, el ser humano no puede caerse fuera del universo.

Peter Sloterdijk. El mundo interior del capital.

En el libro El eros electrónico (2000), específicamente en el ensayo “De la caverna a la electrónica”, Román Gubern explora la intención individual sobre lo colectivo. Él escribe:

“Pero, como hemos dicho, los líderes mediáticos establecen y difunden modelos jerárquicos de comportamiento, patrones de conducta, porte y vestimenta, que generan en el público lo que los antropólogos denominan “mimetismo de rango”, aunque es bien sabido que cuando tales modelos se popularizan y banalizan son abandonados por las élites.

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Más vista, antes que palabras || Ensayo de Víctor Hugo Espino

Diría Ellery Queen que el crudelísimo mundo moderno en que vivimos se muestra intolerante con los milagros. Ya no acaecen más milagros, a menos que sean milagros de estupidez o bien de avaricia nacional. Bien lo saben cuantos poseen un ápice de inteligencia.

Ellery Queen – Lámpara de Dios.

En el primer párrafo del aforismo “Gasolinera” de Calle de sentido único, Walter Benjamin escribe: “En estos momentos, la construcción de la vida se halla mucho más bajo el dominio de hechos que de convicciones”.

Resulta místico el augurio del filosofo alemán del siglo XX sobre la evidencia de nuestro tiempo. Y esta evidencia no se refiere a la forma en que se propaga la información, sino a la acogida de la mayoría al coincidir en gustos y opiniones. Tampoco se refiere a las pruebas científicas, sino aquellos hechos que enlazan con la estupidez y merecen el aplauso por la mayoría de habitantes de esta orbe.[1] La borregada gobierna sempiternamente. Nuestra era está dominada quizá por hechos que son consecuencia de la facilidad y la comodidad, productos estos de la especialización tecnológica.

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Habitar el silencio

1

Jueves 26 de septiembre, 2019. Una fotografía apareció frente al monitor de mi computadora: una pizza sonriente con ojos. Un mensaje lo acompañaba: ¡Amor, será nuestro Wilson! En la fotografía había algo evidente. La persona que me hacía escribir estaba acompañada de alguien más que no era yo. Tres segundos después perdí la voz. Esa fue una de las tantas veces en que he muerto.

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Fronteras literarias

Cuando no hay fronteras, me las traen. Aunque no quiera.

Max Aub, Enero en Cuba

¿Podemos establecer límites arbitrarios que permitan diferenciar un concepto de otro? ¿Es posible dividir las cosas? La practicidad a la que nos ha condenado el modo de vida occidental nos hace creer que el espacio físico en donde nacemos, crecemos y morimos es el primero en estar delimitado por líneas imaginarias que el Estado, como ente todopoderoso, estableció. Sin embargo, el concepto de frontera no sólo puede ser usado en favor de intereses nacionales; las artes y las humanidades han conseguido trascender las expresiones sociales para colocar al concepto fuera de los confines mundanos. Una frontera, entonces, no es un lugar, sino el proceso a través del cual una cosa deja de ser lo que es para convertirse en una completamente distinta. Aquí un recuento de tres fronteras en la literatura que fueron exploradas excepcionalmente por varios autores.

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Muerte - Aimeé Cervantes

“Asfódelos”: La muerte tiene lugar

A modo de brevísimo paréntesis entre los ya múltiples artículos que se ciñen a nuestro siglo y al pasado, el detenerse en la figura del mexicano Bernardo Couto Castillo responde más a un compromiso de difusión literaria y, por supuesto, editorial. No es para menos. Su presencia en las letras mexicanas es prácticamente efímera, pero influyente dentro del periodo naciente de la literatura del siglo XX.

El escritor murió de neumonía el 3 de mayo de 1901, con apenas 21 años, ligado, como todo buen bohemio del fin du siècle (periodo de innumerables aflicciones existenciales), al opio, al alcohol y al hachís. A pesar de su prematuro deceso, su pluma nos legó una obra muy breve pero llena de oscuridad, asesinatos, muerte y un amplio espectro de temas incómodos no sólo para la sociedad de su época, sino también para la nuestra: Asfódelos.

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‘Cuando conocí a Federico García Lorca’: Rafael Alberti

Debiste de haber muerto sin llevarte a tu gloria
ese horror en los ojos de último fogonazo
ante la propia sangre que dobló tu memoria,
toda flor y clarísimo corazón sin balazo.
Mas si mi muerte ha muerto, quedándome la tuya,
si acaso le esperaba más bella y larga vida,
haré por merecerla, hasta que restituya
a la tierra esa lumbre de cosecha cumplida.
 

«Elegía a un poeta que no tuvo su muerte»
RAFAEL ALBERTI 

La arboleda perdida de Rafael Alberti, magnífico poeta y dramaturgo, suele mencionarse como las ‘memorias’ del poeta gaditano. Probablemente sea ésta la manera con la que Rafael llamaba a este conjunto de libros en los que, a guisa de retrospección, escribía su historia de vida, sobre aquél que había sido en el pasado. En este texto mi prioridad no es disertar sobre un posible estatuto genérico de La arboleda perdida como una autobiografía en partes y no como la conocemos mayoritariamente, como memorias. Sin embargo, esta discusión es muy interesante y fecunda para escribir muchas páginas sobre su menester en el futuro. Será en otra ocasión.

En ésta traigo al presente un momento maravilloso para la literatura española del siglo anterior que quedó inmortalizado en el segundo libro de La arboleda perdida: aquel día de octubre de 1924 en el que, como dos fuerzas tan grandiosas y potentes como un huracán masivo y un volcán eruptivo colisionando, se conocieron Rafael Alberti y Federico García Lorca en la Residencia de Estudiantes de Madrid.