Creación crítica, La ene con peineta, Literatura

¡Viva la República!

Republicana es la luna,

republicano es el sol,

republicano es el aire,

republicano soy yo.

RAFAEL ALBERTI

Paul Preston, el historiador hispanista, ha dicho que, a pesar de los muchos errores que se cometieron, la República española fue un intento de dar una mejor calidad de vida a los miembros más humildes de una sociedad represora. Bajo este criterio escribo este texto, el cual pretende no únicamente vindicar, sino recuperar la figura de la República en el discurso literario hispánico hasta nuestros inciertos días.

La incipiente mención o rememoración de la República en la literatura, como en el cine y en otras manifestaciones artísticas, no puede referirse únicamente a un sentimiento de nostalgia vacía. La figura del régimen republicano ha encarnado una lucha en busca de la memoria colectiva de un pueblo que eligió la forma de vida republicana en las urnas, por sí mismo, el cual intentó enarbolar la complicadísima tarea de incorporar un cambio de vida política, sociedad e ideología en España.

No merece la pena adentrarse en un laberíntico jilguerío de razones y posturas políticas en este momento. La República fue y es un régimen legítimo. Hoy, en tiempos de elecciones y de la vuelta de la sombra negra del fascismo, el sentir de miles, si no millones, de españoles ha vuelto la mirada a aquellos años de los treintas.

El mundo de la literatura es tan vasto que puede inventar universos en los que aquella verdad de la “realidad” resulta igual de inverosímil que en la vida misma. Aunque tímida durante el franquismo, la recuperación de los valores republicanos nunca se ha detenido. En España, los escritores, académicos, editores y libreros de medio siglo, como muchas personas alejadas de la literatura, tuvieron que aclimatarse a la cálida temperatura de la censura. Fuera, el exilio continuó su labor epistémica con los brazos de la educación y la cultura tanto como le era posible llevarlo a cabo.

Resulta muy valioso entender por qué Alberto Méndez, el ya célebre autor del ciclo de cuentos Los girasoles ciegos, incluyó las siguientes palabras de Carlos Piera en su introducción a una antología poética de Tomás Segovia:

Superar exige asumir, no pasar página o echar en el olvido. En el caso de una tragedia requiere, inexcusablemente, la labor del duelo, que es del todo independiente de que haya o no reconciliación y perdón. En España no se ha cumplido con el duelo, que es, entre otras cosas, el reconocimiento público de que algo es trágico y, sobre todo, de que es irreparable.

Conviene remarcar que esta exigencia no busca “abrir las heridas” de una etapa pasada que debe ser pasada como una página engorrosa de un mal cuento. No. Las heridas siguen abiertas y son manoseadas cada vez que alguien dice que los familiares de las víctimas republicanas son unos simples buscadores de huesos. Buscar huesos es una actividad igual o más de digna que la de echar más tierra y más cal a los muertos que siempre reclaman no caer en el nebuloso vacío del olvido. Los muertos huelen, le pese a quien le pese. En este entrañable libro de Alberto Méndez, un capitán franquista se rinde ante los republicanos poco tiempo antes de que Madrid cayese definitivamente en manos de los golpistas. Este mismo personaje, el Capitán Alegría, es fusilado por quienes le dieron el grado militar. Sin embargo, no muere. De esta misma manera puede erigirse el diálogo por un reconocimiento de la causa republicana. El diálogo podrá ser fusilado una y otra vez, pero no morirá.

También Manuel Rivas, el célebre escritor gallego, dio su opinión en el cariñoso pero cruel cuento “La lengua de las mariposas”, que fue llevado al cine por José Luis Cuerda y nos ha hecho estremecernos cada vez que lo vemos. En este relato se enfrentan las vicisitudes de la grata convivencia entre un profesor típico de la Institución Libre de Enseñanza y un inocente niño ávido de conocimientos con la atrocidad de la guerra fratricida. No hay que olvidar que los profesores fueron perseguidos durante la guerra y el franquismo porque éstos eran considerados los anunciantes de la antítesis del franquismo; es decir, del conocimiento. “Ellos son las luces de la República”, dice el padre del pueril narrador de esta historia.

El escritor y director de cine, Vicente Molina Foix, encontró un espacio de legitimación en un universo republicano epistolar. Rafael, uno de los personajes de esta enternecedora trama de cartas cruzadas por la historia de España en el siglo XX, homenajea aquellos años de la República en los que artistas como Federico García Lorca se convirtieron en estandartes de la cultura:

Me enteré de que el gobierno de la República había creado un teatro universitario popular para llevar obras clásicas bien hechas por los pueblos y ya de una vez me decidí a dejar la tienda de telas de Granada. Mi madre, que ahora trabaja en casa cosiendo, no se lo cree. Sigue pensando que la profesión de actor dramático no existe, y quizá tenga ella la razón y no yo. Pero aquí estoy, para enrolarme de lo que sea en La Barraca. Si me dejan, que ya estoy un poco mayor.

Podría mencionar muchos ejemplos más; sin embargo, mi postura es clara: la República está viva, está más viva que nunca, probablemente; vive en los libros, en los romanceros estudiantiles, en las películas y en las conciencias. La República, la Guerra Civil y el exilio han sido fecundos detonantes literarios y bien parece que su estela continuará. Habrá que preguntarse ¿por qué?

No queda más que atisbar que el republicanismo contemporáneo no busca venganza, sino reconocimiento y memoria. La cultura y el arte siempre han sido dos fieles aliados para aquellos a los que la voz les ha sido negada en la oficialidad discursiva. El 14 de abril se conmemora el Día de la República con el mismo sol que la vio nacer en 1931 y que la verá renacer en muy poco tiempo más.

Comienza abril, un mes que en México nos regala las jacarandas, las flores del renacer de un ciclo y de la alegría, las flores moradas, las flores republicanas. Así bien, desde este rincón coyoacanense que camina sobre un empedrado de jacarandas y colecciona las peinetas de las enes, no queda más que decir lo siguiente: ¡Viva la República!

Josu Roldán MaliachiAutor: Josu Roldán Maliachi (Coyoacán, 1992) Hispanista de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México. Amante de la literatura española medieval, áurea, decimonónica y contemporánea, así como de la pedagogía y la historia. Me inclino hacia la investigación, la creación literaria y la docencia. Me gusta el fútbol y la comida.

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