La ene con peineta, Literatura

De Antonio Machado a 80 años de su muerte (y un poco de Paco de Lucía)

El pasado domingo 24 de febrero el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, visitó Collioure, Francia, en un acto de pretendida ‘reconciliación’ y ‘homenaje’ al poeta andaluz Antonio Machado y al ex presidente del gobierno republicano, Manuel Azaña. Como parte del discurso que sostuvo el mandatario, admitió que el reconocimiento al exilio de españoles republicanos llegó con mucho tiempo de retraso:

Han pasado muchos años. España tendría que haberles pedido perdón mucho antes por la infamia. A ellos y tantos otros que estuvieron en la misma lucha y que permanecen hoy casi olvidados, como Fernando Valera, el último presidente del Gobierno de la República en el exilio.

Hoy, a ochenta años de la muerte de Machado, se reconoce el gesto del tambaleante gobierno de Sánchez; no obstante, este acto de conmemoración queda demasiado corto para que las voces del exilio sean escuchadas y los crímenes del franquismo sean juzgados más allá de las sobremesas y comunicados intrascendentes.

Don Antonio, personaje talismán de la aclamada pero discutida Generación del 98, se educó en las aulas de la Escuela Libre de Enseñanza, cuya base ideológica bebió de las fuentes cristalinas del krausismo y el liberalismo español del siglo XIX. Machado fungió como uno de los más brillantes abanderados de la ola modernista de la poesía española, de cuales temas son reconocidos hoy como cultos al tiempo, a la naturaleza, a la emoción y, por supuesto, a un valor inquebrantable del republicanismo español: a la libertad.

Hasta sus últimos días, Machado escribió versos llenos de verdipardo amor y nostalgia. Uno de sus últimos poemas conocidos es un llamado de atención por el cobarde y cruel asesinato del joven poeta Federico García Lorca, quien conoció al sevillano en uno de sus viajes pedagógicos de juventud. Machado no se cansó de repetir lo que muchos seguimos refrendando

…el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!.

El poeta andaluz llegó, junto con su madre y su hermano, a la pequeña localidad francesa de Collioure el 28 de enero de 1939 huyendo de la guerra fratricida que lo perseguía (como a miles de republicanos). El 22 de febrero murió como alguna vez coloreó sus versos con los matices de su Sevilla, recordando

Estos días azules y este sol de la infancia.

La influencia de Antonio Machado en la literatura hispánica ulterior a su muerte es interminable como el agua de sus Coplas elegíacas. Su amor por la vida se cuela corriendo en nuestras terrosas lecturas como

El río despierta.

En el aire oscuro,

solo el río suena.

           ¡Oh canción amarga

del agua en la piedra!

Hacia el alto Espino,

bajo las estrellas.

            Solo suena el río

al fondo del valle,

bajo el alto Espino.

Antonio Machado, de una prudencia encomiable en su recorrido artístico, continúa admirando a las jóvenes generaciones de estudiosos de la literatura española. La grandeza de su obra influenció a una gran cantidad de poetas del siglo XX y lo que han caminado los caminantes por los caminos inciertos de la contemporaneidad. Uno de los mejores homenajes que podemos hacerle es seguirlo leyendo y cantando. La libertad es para cantarla, para gritarla, para exigirla cuando se nos pretende ser erradicada. Ningún discurso de odio debe volver a nuestros campos, a nuestros ríos, a nuestros mares y a nuestras hojas.

***

El 25 de febrero de 2014, Paco de Algeciras, el de Lucía, murió en Playa del Carmen, México. Su legado en el flamenco moderno y castizo es inagotable. Junto a Camarón influyó a miles de músicos y oyentes que no se cansan de vindicar su notable estela musical. Desde este pie de artículo, a cinco años de su muerte, realizo un sincero reconocimiento de su grandeza, la que se ha quedado en mi memoria con la imagen de Paco: pierna cruzada, guitarra orgullosa, camisa de seda blanca, ojos entrecerrados y el pelo necio que recorre de un lado a otro su cabeza.

Josu RoldánAutor: Josu Roldán Maliachi (Coyoacán, 1992) Hispanista de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México. Amante de la literatura española medieval, áurea, decimonónica y contemporánea, así como de la pedagogía y la historia. Me inclino hacia la investigación, la creación literaria y la docencia. Me gusta el fútbol y la comida.

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