Literalia, Literatura

Algo tan trivial: Una autoficción de Fausto Alzati Fernández


Este libro no es un exorcismo. Este libro es una declaración de amistad para mis demonios. Sin demonios, mi vida hubiese sido más apacible hasta ahora, quizás habría sido más ordenada. Pero sin ellos no habría saboreado el mundo, ni hubiera sido masticado y escupido, crudo, ante la vida, para descubrir de qué estoy hecho.

Fausto Alzati Fernández, Algo tan trivial.

Algo tan trivial (Literalia, 2018) es un título modesto, que ciertamente reconoce contarnos una historia –al menos a primera vista– meramente personal. Sin embargo, esta autoficción que nos presenta Fausto Alzati Fernandez (1979; poeta, ensayista y tatuador) termina por marcar distancia de esta trivialidad a través de sus formas y por convertirse no sólo en una plataforma para el recuento de algunas de sus memorias, sino para extraer reflexiones significativas a partir de las escabrosas vivencias que narra el autor.

Algo tan trivial carece de la linealidad de la que también carece la memoria y su narración –que imita la naturaleza fragmentaria de los recuerdos– lo mismo se detiene a recordar el primer hash de su protagonista que el porro que provocó el incendio que al final lo orilló a dejar el hábito.

Así, sus capítulos se dividen internamente, de manera que en cada uno se desarrollan varias líneas temáticas y en ellas transcurren los distintos tiempos del pasado, así como digresiones que filosofan acerca de la naturaleza de la adicción, del budismo o del psicoanálisis.

Un aire a la Ciudad de México se filtra entre los párrafos del libro, con sus calles y su baile; con sus anexos donde se hacinan a sus adictos; con las mujeres en cuyo sexo Alzati habrá de buscar un sustituto de sus dealers y sustancias.

Todo intelectual que ha intentado escribir sobre la mexicanidad ya ha perdido antes de empezar la tarea, por un sencillo hecho: no sabe bailar. Las fibras de su sistema nervioso no están educadas para entender el entorno del que tanto arma teorías.

Fausto Alzati Fernández, Algo tan trivial.

También penetra en ellos la música que, como un guiño de intermedialidad, se entrelaza con el relato: Alzati recurre al disco Violator (1990), de Depeche Mode, como pretexto y soundtrack sobre el cual organiza sus historias y pensamientos.

Cada una de las nueve canciones del álbum da nombre a los distintos capítulos del libro; el disco y su mood atraviesan su escrito en diferentes formas o niveles.

Envuelto en esa música me sentía comprendido. Las letras alusivas al deseo, el hipnótico bajeo, la incitación a transgredir, eran un bálsamo a todas las preocupaciones que entonces conocía. Violator era mío, no de mis padres, ni de quien yo pretendía ser para ellos y los demás en ese entonces.

Fausto Alzati Fernández, Algo tan trivial.

La prosa de Alzati es fluida y exacta. Los cortes que marcan sus saltos temporales y sus digresiones son precisos, además de que no se pierden entre ellos continuidad ni aquellas se extienden demasiado como para fugarse entre las ramas. Algo tan trivial son las vivencias del autor, pero también sus puntos de vista y reflexiones bailando al ritmo de Personal Jesus.


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Jorge GalindoAutor: Jorge Galindo (Xalapa, Ver., 1991) es compositor de canciones. Ávido lector de poesía, se ha acercado a los estudios literarios con el interés de analizar la canción como parte del fenómeno poético.

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