Creación crítica, La ene con peineta, Literatura

Federico García Lorca en prosa

Imagen: “Hojas en un cuaderno”, por Ricardo Rosales de Paula Muñoz

Entre 1916 y 1918, durante la tregua espacial de España con el resto de Europa, que estaba en truculenta guerra, un joven escritor granadino escribía sus Impresiones y paisajes. El novel Federico sentía con sus propias manos la realización del ideal pedagógico del krausismo español: García Lorca formó parte de los viajes pedagógicos organizados por su profesor de la Universidad de Granada, Martín Domínguez Berrueta, célebre exponente de la Institución Libre de Enseñanza. Como dice su título, este libro recopila una serie de textos escritos en prosa que fueron el producto de la reflexión de su autor frente a los paisajes, mayormente rurales, en los que Federico acudió como estudiante de Berrueta y, como afirma Rafael Lozano Miralles[1], con los que definió su afición y apego a la escritura literaria.

Impresiones y paisajes aparece en abril de 1918, meses antes de que Federico publicase su primer poema. Los textos que componen este título asemejan a un observador que se deja sorprender por la fuerza de la imagen que capta el ojo. Aunque no siempre se asoma con notoriedad, el sujeto narrativo es también un sujeto receptor de la imponente imagen; por medio de la escritura ese observador consigue que ésta se vuelva una imagen poética.

Hay que interpretar siempre escanciando nuestra alma sobre las cosas, viendo un algo espiritual donde no existe, dando a las formas el encanto de nuestros sentimientos, es necesario ver por las plazas solitarias a las almas antiguas que pasaron por ellas, es imprescindible ser uno ser mil para sentir las cosas en todos sus matices.[2]

La primera creación literaria de Federico García Lorca, prosaica y acompañada de un fuerte sentimiento romántico, posee una primera persona que no difiere tanto con la que explicará, en 1926, en El Ateneo Científico, Literario y Artístico de Granada, qué es la imagen poética en la poesía de Luis de Góngora. En Impresiones y paisajes puede vislumbrarse un jovial anuncio del que será su paradigma por excelencia: “[…] una imagen poética es siempre una traslación de sentido”.[3]El carácter ecfrástico de algunos de los apuntes de Lorca en su primera gran publicación deja evidencia de su pensamiento literario: el yo que los enuncia asume que son imágenes que pueden ser dignas de ser inmortalizadas en un lienzo; sin embargo, utiliza la palabra —en ocasiones con gran matiz descriptivo— como medio artístico para rememorar la imagen del recuerdo; es decir, como un mecanismo nostálgico[4]de la memoria y de la apropiación de la imagen a la que, años después, adjetivará como poética: “Yo vi un mesón en una colina dorada al lado del río de plata de la carretera./ Bajo la enorme románica fe de estos colores trigueños, ponía una nota melancólica la casona, aburrida por los años”.[5]

Entre sus páginas, la voz narrativa discurre entre la descripción de la imagen y la reflexión de ésta misma:

Hay en nuestra alma algo que sobrepuja a todo lo existente. En la mayor parte de las horas este algo está dormido; pero cuando recordamos o sufrimos una amable lejanía se despierta, y al abarcar los paisajes los hace parte de nuestra personalidad.[6]

El Federico prosista alude a temas que le preocuparán durante casi toda su obra, por ejemplo, el miedo ante el olvido o el de la preocupación que le suscita la modernización de la España en la que le tocó escribir —tema que volverá centro en Poeta en Nueva York—. De manera similar se refiere a la imagen de España como una ruina quieta y muerta, pensamiento que matizará con su experiencia política y convicción ideológica durante la Segunda República (1931-1936).

Asimismo, Federico da un primer paso con estas páginas en su andar como un escritor en la soledad. Mediante la escritura en prosa, que raramente volverá a cultivar después con la intención de publicarla, el autor de La casa de Bernarda Alba realizó un ejercicio de autoconocimiento. Las típicas metonimias y metáforas lorquianas que inmediatamente remiten al Lorca maduro se encuentran aquí en formación, en impresión y en proceso de poetización: “Hay un algo de inquietud y de muerte en estas ciudades calladas y olvidadas. No sé qué sonido de campana profunda envuelve sus melancolías….. Las distancias son cortas, pero sin embargo qué cansancio dan al corazón”.[7]

Como apunta Hans-Georg Gadamer, la escritura puede funcionar como la confesión de un yo. El yo que escribe en estas impresiones paisajísticas aglutina algunas inquietudes que definirán el pensamiento del poeta andaluz. A pesar de que Federico aparentó no enorgullecerse de este libro —tendrá sus razones seguras en la confidencialidad de la muerte—, Impresiones y paisajes es un texto que ayuda a conocer a su autor en una de las primeras etapas de su construcción como escritor y ser humano. Considero valioso releer el primer momento literario de Federico García Lorca debido al sencillo hecho de haber sido escrito y publicado por él como una necesidad de dejar constancia de su inquieta mente por medio de la escritura. Pues, como se confiesa el mismísimo Federico: “El silencio sólo está en el pensamiento doloroso y en la muerte….. El tremendo camino se abre ante nosotros….. y por fuerza hemos de pasar por él…..”.[8]

Bibliografía:

García Lorca, Federico. Impresiones y paisajes. Ed. por Rafael Lozano Miralles. 5ª ed. Madrid, Cátedra, 2017. 301 págs. (Col. Letras Hispánicas.)

García Lorca, Federico. “La imagen poética de don Luis de Góngora”, en Prosa. Madrid, Alianza, 1969. Págs. 91-127.

[1]Rafael Lozano Miralles realizó la introducción y la edición crítica de Impresiones y paisajes para la editorial Cátedra, un trabajo, sin duda, amplio y encomiable.

[2]Federico García Lorca. Impresiones y paisajes. p. 58.

[3]Federico García Lorca. “La imagen poética de don Luis de Góngora”, en Prosa. Madrid, Alianza, 1969. p. 94.

[4]Es muy interesante el puente poético que Federico traza durante una gran parte de su producción poética con la poeta gallega Rosalía de Castro.

[5]Federico García Lorca. Impresiones y paisajes. p. 69.

[6]Ibid. p. 57.

[7]Ibid. p. 61.

[8]Ibid. p. 189.

Todos los derechos de la imagen “Hojas en un cuaderno” pertenecen a Ricardo Rosales de Paula Muñoz.

Josu RoldánAutor: Josu Roldán (Coyoacán, 1992) Hispanista de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México. Amante de la literatura española medieval, áurea, decimonónica y contemporánea, así como de la pedagogía y la historia. Me inclino hacia la investigación, la creación literaria y la docencia. Me gusta el fútbol y la comida.

 

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