Mes: mayo 2018

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El fin de las crisálidas || Cuento de Edgar Loredo

¡Maldito creador! ¿Por qué me hiciste vivir? ¿Por qué no perdí en aquel momento

la llama de la existencia que tan imprudentemente encendiste?

SHELLEY

Decide ir al sótano y concluir el proceso. Después de semanas de planeación, sabe que debe mantener la cordura, pues una acción precipitada arruinaría todo.

Recuerda cómo, en distintos lugares de la ciudad, colocó trampas y tras esperar noches enteras, por fin consiguió capturar a sus «orugas», mismas que han de transformarse ahora en algo hermoso. Asimismo recuerda cómo en sigilo las trasladó a su casa y adecuó el sitio para que disfrutasen de una estancia apacible. Es consciente de poder truncar su objetivo en esta última etapa, por ello, se concentra al máximo. Desciende apoyándose en el barandal; la luz mortecina, verdosa, surge del improvisado invernadero y parece cautivarlo. Dos hileras de focos aumentan la temperatura del lugar al encenderse. A pesar de ello, apaga los ventiladores y enciende la calefacción. Su propio sudor le incomoda y asquea.

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Música y la frontera desdibujada: de lo popular a lo académico (II)

Fotografías por Diana Márquez

Si revisamos la entrada para “música popular” en el Grove Dictionary of Music and Musicians uno de los diccionarios enciclopédicos más importantes en materia musical– podemos encontrar que el término se encuentra definido de forma general como toda aquella música que usualmente es considerada de menor valor y complejidad que la música artística, y que permite ser escuchada por un gran número de oyentes sin conocimientos musicales en vez de por una élite reducida. De esto puede seguirse que, en contraposición, la música académica es aquella que implica cierto grado de complejidad dentro de su creación y que su apreciación se reduce a un pequeño grupo de personas propias del ámbito académico.

Desde esta definición pareciera ser muy sencilla la labor de clasificar cualquier tipo de expresión musical. ¿O no?

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La rosa alquímica (II) || Carlos Maximiliano Cid del Prado

Tal es la exigencia del camino del místico que implica una total entrega a Dios. Uno de los méritos de la consagración hacia la divinidad es la fe absoluta hacia el Creador, por el cual todas las cosas fueron hechas y por quien todo se sostiene. Así, Silesius sugiere -basándose en las Sagradas Escrituras-, que el camino del místico conlleva una plena confianza en Dios:

DEJA QUE DIOS SE OCUPE DE TODO:

¿Quién decora las azucenas? ¿Quién alimenta a los narcisos? Entonces, cristiano, ¿a qué tanto inquietarte por ti?

Lucas 12: 27 – 28:

Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos. Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¡cuánto más hará por vosotros, hombres de poca fe!

La rosa representa también el camino del místico. Como símbolo de la santidad, fue retomada por Dante en su Comedia. Al estar estructurada en tercetos (endecasílabos); dividida en tres partes: el infierno, el purgatorio y el paraíso; al ser tres los protagonistas: Dante, Virgilio y Beatriche; y tres las divinas personas: el Padre, el Hijo y Espíritu Santo; la Comedia apela a un carácter simbolista en fondo y forma. No es casualidad que la letra “Aleph” -ya mencionada anteriormente- se considere una figura triúnica, es decir tres en una. La grafía “א” está constituida por tres trazos; el primero es una yod “י”, la segunda es una vav “ו” y la tercera es otra yod “י”. Juntas forman la grafía “א”. Recordemos que el ” Aleph” divino es aquel por medio del cual todas las cosas fueron hechas.

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La rosa alquímica (I) || Carlos Maximiliano Cid del Prado

La rosa es la síntesis de lo eterno y lo perecedero. Decir rosa es un axioma de belleza, fragancia y color. Empero, el lenguaje no son las cosas: la palabra es una metáfora de la realidad. Bástenos recordar la segunda escena del segundo acto de Romeo y Julieta, cuando la heredera de los Capuleto recuerda la nimiedad de los objetos y sus apelativos: “That which we call a rose / By any other word would smell as sweet.” La rosa no dejará de ser rosa aunque se llamase de otro modo ya que su aroma no depende de su nombre. La belleza vive despreocupada en el mundo de lo incognoscible: no necesita ser nombrada para ser hermosa. Nunca habrá un de-por-sí-para-sí tan increíblemente bello: “La rosa no tiene por qué, florece porque florece, no se presta atención a sí misma, no pregunta si la ven.”

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Mujeres que saben latín… y francés, y náhuatl y LSM

En agradecimiento al amigo leal, presente incluso en tiempos difíciles

Para Mariela Vanessa, a quien espero para compartir las letras

En una entrevista con La Jornada, Norma Blázquez Graf, investigadora de la UNAM, afirma que las “brujas”, que la cultura pop consagró después como mujeres ancianas, decrépitas, horribles y con ganas de absorber la juventud de otros y otras, fueron un invento de la Edad Media y que realmente “eran parteras, alquimistas, perfumistas, nodrizas o cocineras que tenían conocimiento en campos como la anatomía, la botánica, la sexualidad, el amor o la reproducción, y que prestaban un importante servicio a la comunidad. Conocían mucho de plantas, animales y minerales, y creaban recetas para curar, lo cual fue interpretado por los grupos dominantes del medievo como un poder del Diablo.”

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Sebastián Hoffman y el zombi sin tiempo

Existe la podredumbre del tiempo y me refiero así porque lo que pasa en un minuto ya no es válido al siguiente. Nuestra sociedad se rige por tiempos porque la vida se divide en años y a partir de ahí vamos partiendo el pastel de nuestra entera existencia hasta que se nos acaba. Pero, ¿qué pasa cuándo el tiempo no pasa para ti, pero tampoco puedes aprovecharlo?

La comparación del director Sebastián Hoffman de su personaje “Beto” con el cometa “Halley”, es gracias a que solamente se puede mirar una vez por sólo unos momentos cada 79 años. Así, Beto está en esta tierra existiendo, pasando inadvertido ante aquellos que no saben que no lo volverán a ver. Para Beto el tiempo es un recurso no renovable que se le escapa más aceleradamente de las manos que a la mayoría de los que le rodean y, aunque todos los seres humanos tienen los días contados, él se pudre en vida, con cada segundo, minuto hora y día se desvanece como el azul oscuro de la noche ante la luz brillante del sol.