#LágrimasDeEucalipto 2: Vine a Comala porque…

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Vine a Comala. No recuerdo porque vine a Comala. Yo no vine a Comala, Comala vino a mí. Yo debo haber tenido unos doce o trece años. Un volumen pequeñito, amarillo, con un perro o un coyote o algo parecido en la portada. JUAN RULFO. PEDRO PÁRAMO. Mi familia no era precisamente una familia de lectores. Desde que tengo memoria tuve libros en casa, pero no así mis padres. En la sala, una biblia , en mi cuarto, un pequeño librero que constaba casi en su totalidad de ejemplares de un par de enciclopedias: el  Nuevo tesoro de la Juventud y la Gran enciclopedia de Disney. Además de esos, los 7 tomos de Harry Potter que constituyó mi primer lectura extensiva, la primer y de las muy pocas sagas que he leído (las dos partes del Quijote y la Iliada/Odisea no cuentan).IMG_3078

No tengo idea como llegó ese libro a mi repisa/librero. No sé quién lo puso allí, no recuerdo jamás haber escuchado de él antes, y casi puedo asegurar que ninguno de mis dos padres lo había leído. Probablemente perteneció a mi abuela materna. Ella solapaba más que nadie mi gusto por la lectura. El primer volumen de poesía que leí lo expropié de su biblioteca: un ejemplar de Perlas Negras y otros poemas en la colección Sepan Cuántos de Porrúa que aún conservo. Ella también me regaló un voluminoso ejemplar de los Cuentos completos de Edgar Allan Poe en editorial Tomo (es el único libro de dicha editorial que aún conservo, además de un Principito regalado no sé por qué hace varios años por una buena amiga).

Leí Pedro Páramo de una sentada. Bueno, no precisamente una sentada. Lo leí de pie en gran parte (como dice Vasconcelos que deben leerse este tipo de libros), o con el torso sobre la cama con el trasero y las piernas recargadas en la pared (ésta sigue siendo una de mis posturas favoritas para leer). No entendí gran cosa, he de ser sincero, pero en ese momento no lo sabía. Y no me importó. Me quedé fascinado con eso que no entendía. Hoy, casi 10 años después, he releído Pedro Páramo unas veinte veces, casi dos veces al año, y tengo varios ejemplares de la misma novela en mi librero. Mi papá me ha dicho varias veces “¿y cómo para qué quieres tantos libros del mismo?” “Pos nomás”, contesto yo, casi siempre.

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Aquella vieja edición de la Colección Popular del FCE donde leí por primera vez la novela se perdió en alguna de tantas mudanzas. La sustituyó una edición “conmemorativa” del Fondo, por 50 años de Pedro Páramo editada en 2005, para la colección Letras Mexicanas, en pasta dura. Esa la regalé a una persona por la que sentí un gran afecto hace ya algo de tiempo. Poco después conseguí la edición de Compactos Anagrama, bastante mediana, a decir verdad. Luego, en la Feria de libro antiguo de hace tres años conseguí una quinta edición en Letras Mexicanas, empastado, con su camisa en estado prácticamente perfecto. Me costó cosa de $300 pesos. Quizá un poco más. Esa vez compré también una segunda edición de El  llano en llamas. En mi cumpleaños número 20, Diana, mi novia, me regaló la última edición conmemorativa de RM. La que fue editada junto con El llano en llamas y El gallo de Oro con forros color verde, blanco (más bien hueso) y rojo. Sí, como dando a entender que Rulfo es lo más mexicano que la literatura mexicana ha dado en el siglo XX. También hay en mi librero un ejemplar editado también por RM que incluye las obras ya mencionadas además de el Castillo de Teayo, un texto de enfoque antropológico acerca de las ruinas del Teayo escrito por Rulfo, junto con algunas fotografías del mismo autor. Además de las Cartas a Clara, los Cuadernos de Juan Rulfo, editado por ERA y una que otra curiosidad (muchas, la verdad) aquello constituía prácticamente mi colección sobre Rulfo. Pero hace apenas un par de semanas mi colección vino a engalanarse con la joya de la corona: la primera edición de la mítica novela, escrita en 1954 y editada en 1955 por el Fondo de Cultura Económica, para la Colección Letras Mexicanas, número 19 de dicha colección. La edición fue cuidada, como muchas saben, por Alí Chumacero, pero también por José C. Vázquez, quien fuera el primer editor y tipógrafo de la casa editora.

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Si no lo saben, la primera edición de esta mítica novela es una de las joyas que muchos bibliófilos desearían tener en su biblioteca. Su valor en el mercado oscila entre los $6,000 y los $25,000 pesos mexicanos. A mí me costó menos de lo que cuesta una chela en un bar fresón de la Condesa. El estado no es el óptimo (probablemente nadie pagaría $25,000 pesos por este ejemplar) pero es bastante bueno. No conserva la camisa, pero no está roto, mutilado, desprendido ni nada por el estilo. Lo más cerca que había estado de tener una primera edición de Pedro Páramo en mi colección era aquella vez que pujé $600 pesos en una subasta en un grupo de Facebook, la cual finalmente rebasó los $9,000. Es decir, bastante lejos. Por lo cual el hallazgo me emocionó de sobremanera. Yo había ido a cierta pequeña librería de pueblo, en San Bartolo, Naucalpan. Mi propósito era comprar un ejemplar de las Memorias de mis tiempos de Don Guillermo Prieto que había visto en otra ocasión pero no había comprado. La pequeña librería es un desmadre. No encontraba el libro de Prieto y estaba dispuesto a marcharme cuando me topé de frente con un pequeño estante lleno de primeras ediciones de Letras Mexicanas. Casi me da un infarto cuando divisé el sucio lomo naranja entre otra serie de títulos interesantes. Me acerqué y descubrí que era lo que pensaba. Lo abrí y en la guarda vi el precio: de milagro no caí desmayado. Tomé casi todo el contenido de la repisa, pagué, y me fui. (A partir de ese día me hice amigo del dueño, un amable viejito español con una voz de lo más extraña y que afirma que EMU es la mejor editorial mexicana. Además, me ha insistido más de una vez que edite una revista de sopa de letras: ahí está el dinero, dice).

Ahora: lo sustancial de esta columna ¿qué tiene de especial la primera edición de Pedro Páramo como para valer tanto dinero? Objetivamente, nada. En cuanto a materiales, diseño, encuadernación, es prácticamente idéntica a otros ejemplares de la colección editados por esos años (1954-1955). Sin embargo, la mayoría de esos volúmenes no han tenido el éxito y renombre mundial que la novela de Rulfo, ni han sido reeditados, traducidos y aclamados alrededor del mundo como ésta. Este libro vale lo que vale porque son muy pocos en el mundo los que también cuentan con un ejemplar en su librero. De los 2,000 ejemplares que se tiraron muy pocos circulan hoy en día.

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Pero más allá del snobismo de poder decir: yo lo tengo y tú no (y probablemente nunca lo tengas), el ejemplar es considerablemente distinto a las ediciones posteriores en la misma colección. En esta ocasión compararé los dos que tengo a la mano: la primera edición de 1955, por supuesto, y la quinta edición, de 1964.

Lo primero que salta a la vista es la encuadernación: la primera edición además de tener ese característico color naranja que tan fácilmente la identifica se siente más como tela que la quinta edición, por lo cual me atrevería a decir que es de mejor calidad. La impresión sobre las pastas (nombre de la novela, logo del FCE, nombre de la colección y número de colección) es color negro en la primera edición y dorada en las siguientes. El ejemplar de 1955 es considerablemente más ancho que su reedición del 64, esto debido a varios factores: el papel de la primera edición es un poco más grueso y la tipografía es mucho más grande. En ésta se utilizaron tipos Janson de 11 y 12 puntos, mientras que en la reedición se utilizó tipo Auster de 9 y 10 puntos. Considerable diferencia que sin duda hace más placentera la lectura en el ejemplar del 55. Por lo anterior, la novela en la primera edición consta de 156 páginas, mientras que la reedición de 129. Seguro habrá algún cambio en el texto, pero no he tenido tiempo de realizar dicha labor de comparación. Las viñetas del inicio y el final de la novela (Los arrieros y los perros) son las mismas en ambas ediciones, la impresión es de mejor calidad en la primera edición, aunque son ligeramente más grandes en la 5ta. Como ya se mencionó más arriba, la edición primigenia estuvo al cuidado de Chumacero  y José C. Vázquez, mientras que la 5ta la cuidó Jasmin Reuter y el mismo Rulfo. Además, ésta última tuvo un tiraje del doble que la primera, 4,000 ejemplares, por lo cual en teoría es bastante más fácil de conseguir (irónicamente, yo pague por ella casi 10 veces lo que pagué por la primera edición).

En conclusión las diferencias tangibles son pocas pero significativas. Se nota que en sus inicios el Fondo de Cultura Económica, probablemente al tener una producción más discreta, ponía mucha más atención en todos los aspectos de sus libros: en los materiales, la encuadernación, la formación, etc. La primera edición de Pedro Páramo es un ejemplar que vale la pena tener en el librero por el puro placer estético de verlo allí. Sin embargo, pagar más de $10,000 pesos por un ejemplar como éste es un lujo que muy pocos excéntricos pueden darse. Salgan a las calles, visiten librerías por miserables que parezcan. Les deseo que corran con tan buena suerte como yo.IMG_3085

Revista Primera PáginaAutor: Cris Yescas Fundador y director editorial de la revista Primera Página. Estudiante de Letras Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Miembro del seminario de escritura autobiográfica de la FFyL. Me interesan la vida, la poesía, la música, la traducción, la tipografía, la escritura autobiográfica, la edición, el amor, la fotografía,el dolor y la felicidad.
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