7 poetas mexicanos que le aullaron al amor

Hablar de amor es hablar de amores concretos. Independientemente de la imposibilidad de de pensar en una idea general y universal del amor, y dejando de lado la configuración del mismo que se ha dado históricamente desde hace siglos, sí que podemos voltear a ver, leer y escuchar las historias de hombres y mujeres que vivieron algo en un momento de su existencia y que tuvieron a bien nombrar “amor”. Afirmar o negar que aquello fuera tal cosa, no es nuestra tarea y es de hecho, ociosa y hasta egoísta. Que cada quién cargue con su amor y con la consiguiente pena de la pérdida de éste como pueda y como quiera. Hablo el día de hoy de algunos cuantos que de algún modo siento necesariamente cercanos. Su lengua es la misma que la mía (y que la tuya, lector), incluso la variante dialectal, y el tiempo de enunciación es también muy cercano al tiempo en el que yo vivo, amo y sufro. Sin más, les presento a hombres reales, hombres que fueron (solo uno de ellos sigue vivo) de carne y hueso, que comían, bebían, cagaban y que un día quisieron arrancarse aquello que en ello hubiese de hermoso y otorgárselo a otro ser, para que se perpetuara en ellos su existencia.

“Ira o amor. No sé. Te quiero: / como a ciruela herida por el viento / Yo te quiero.”max11

Max Rojas es un autor que no entró en el canon de su generación, pues decidió no adscribirse a los círculos de poder y hegemonía literaria. Lo suyo era la calle, el barrio, la bohemia, el sufrimiento, y el amor. La escritura como catarsis y como único espacio real ante la pérdida, el abandono, la tristeza. Si bien su poesía no sería catalogada directamente “amorosa”, pues es una poesía rasposa, oscura, doliente, sin duda gran parte del vacío existencial es muchas veces confundido con el vacío amoroso. Sus dos primeros libros El turno del aullante y Ser en la sombra exploran esos espacios terribles de incertidumbre ante la partida, ante la maldita resignación de estarle aullando a un fantasma.

“Entonces sabrás que nunca estaremos tan ocultos que podamos olvidarnos.”

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Jaime Reyes obtuvo en 1977 el premio Xavier Villaurrutía. Recientemente, Malpaís Ediciones ha reeditado La canción del ogro, poemario sui generis de la poesía mexicana. Sin embargo, el libro que nos ocupa en esta entrada es Isla de raíz amarga, insomne raíz. En ese libro se conjugan, en sus tiradas de enormes versículos, imágenes de un tremendo dinamismo al mismo tiempo que dolorosas y angustiantes. De algún, lo que se plantea en este poemario es que a pesar de un mundo triste, corrompido, sucio, y a pesar del mal, el amor habrá de subyacer, quizá no tanto como esperanza, pero si al menos como presencia inevitable.

“Mira, solo el amor no basta…”

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Ya hemos publicado en otro momento una selección de poemas amorosos de Miguel Guardia, que dan cuenta sin duda alguna de que merece estar en este pequeño artículo. El verso citado en este texto es parte de su poema mayor “El Retorno”, obra en el que Guardia canta a su amada todo lo que puede ver, y que lo hiere: la desesperanza, la ruina, la injusticia, la cobardía. Canta la muerte de los héroes. Y a pesar de que confiesa que no basta el amor, es curiosos que es de hecho en ese lugar extraño, confuso y contradictorio es donde Guardia encuentra guarida ante la existencia, en gran parte de su obra poética.

“Pero aquí llegas tú, puntual, serena / a cerrarme la boca dulcemente”descarga

Efraín Huerta fue (no en un sentido tradicional) el maestro de al menos un par de los poetas aquí listados. No cabe duda que el tema del amor es una constante de su producción poética, no obstante, no es un poeta que se obstine en ahondar en una sola idea del amor, sino en muchas de sus innumerables vertientes. Huerta lo mismo canta como un hombre herido que como un heridor, como alguien que ríe ante los infortunios o como alguien que se encuentre en el pleno goce de cuantas facultades amorosas un ser humana pueda disfrutar.

¿qué soy junto al amor que tú me tienes?

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Quizá Rubén Bonifaz Nuño es el autor en cuya obra el amor es una constante prácticamente absoluta. Desde Los demonios y los días, pasando por El manto y la corona, Albur de amor o Pulsera para Lucía Méndez, por mencionar solo unos cuantos, Bonifaz fue un bardo dedicado a cantarle al amor hasta que se le acabo la voz (porque no le importó perder la vista, y no le importó estar imposibilitado para escribir, siempre que pudiera dictar sus poemas). Sus poemas son auténticas canciones, ya dichosas, ya lastimeras, totalmente esperables de un amante auténtico de los boleros.

“Sobre la tumba de un poeta hice el amor a Fosca”

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Francisco Hernández es el único poeta vivo de este breve artículo. Ha sido galardonado por diversos premios y es considerado por algunos como el poeta vivo más importante de México. Su poesía está cargada de impulsos eróticos prácticamente desnudos, obligando siempre a la imaginación a expandirse más allá de lo evidente.

“gracias por que vivo y no quiero morirme…”

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De todos los presentes, es la poesía de Abigael Bohórquez quizá la más heroica. Explico. Bohórquez es el único de la lista cuya sexualidad debía mantenerse casi oculta durante el momento de su escritura. No obstante Bohórquez asume una postura política en la que el habrá de “Decir lo que ama”, dándole voz (una auténtica, sincera) a todos esos que no la tienen. Además, rompe de algún modo el esquema occidental tradicional de la poesía amorosa: no es la mujer la que necesariamente inspira al hombre, los sexos y el género poco importan, lo que importa para el poeta es el sentir, la vivencia desgarradora, aquello que devuelve al hombre al “dolor de la palabra”, aquel existir que vale la pena ser cantado, que debe, de algún modo perdurar. Me atrevo a decir que muchos de los versos de Abigael Bohórquez escritos a otro hombre, son de una plasticidad y belleza muchísimo mayor a muchos versos ripiosos escritos por un hombre a una mujer (¡porque, insisto, nada de eso importa!)

La poesía es sin duda, al igual que la filosofía o la ciencia, una manera de conocer y aprehender el mundo, de construir verdades, que si bien no son universales (ninguna podría serlo), sí que son necesarias, y que, yo, personalmente, agradezco tremendamente, pues me han dado a que asirme, en momentos en los que el piso empieza a volverse denso, arenoso.

Revista Primera PáginaAutor: Cris Yescas Fundador y director editorial de la revista Primera Página. Estudiante de Letras Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Miembro del seminario de minificción de la UNAM. Rulfiano hasta el tuétano. Amante de la música y de la fotografía.
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