James Joyce: dos cartas a Nora Barnacle (NSFW)

Un día como hoy de 1882 nació en Rathgar, Irlanda, uno de los escritores más importantes del siglo XX. Joyce escribió cuentos, teatro, novela, ensayo, pero sobre todo es reconocido por sus novelas (no en el sentido tradicional), su afamado Ulysses, y su temido Finnegan’s Wake. Una parte no muy conocida de su producción escritural es su correspondencia, la cual es, de hecho, bastante amplia. Una parte importante de su producción epistolar son las cartas dirigidas a su mujer, Nora Barnacle. Presentamos a continuación un par de ellas, traducidas por Cristopher Yescas. No deseamos guiar la lectura de nuestros visitantes hacia una postura en específico, y mucho menos a una que apuesta por el sensacionalismo y el morbo, por ello, los dejamos directamente con los textos, que sin duda, son de una riqueza tremenda y gran peculiaridad.

A NORA

3 de Diciembre 1909, Calle Fontenoy 44, Dublín.

…tal parece que haces que me convierta en una bestia. Fuiste tú, tú misma, niña sucia y desvergonzada, la que abrió camino por primera vez. No fui yo quien te tocó primero hace mucho tiempo en el Ringsend. Fuiste tú la que deslizó su mano dentro de mi pantalón, hizo delicadamente mi camisa a un lado,  tocaste mi verga con tus largos y finos dedos para gradualmente tomarla por completo, gorda e hinchada como estaba, para finalmente masturbarme lentamente hasta que me vine entre tus dedos, todo el tiempo voltéandome a ver con tus tranquilos ojos como de santo. También fueron tus labios los primeros en pronunciar una palabra sucia. Recuerdo bien esa noche en la cama, en Pola.

Cansada de estar abajo de un hombre, una noche te arrancaste la camiseta con violencia y te subiste en mí para montarme desnuda. Metiste mi verga en tu vagina y comenzaste a montarme de arriba hacia abajo. Quizá la calentura que yo tenía no fue suficiente para ti, pues recuerdo que te acercaste a mi cara y me murmuraste, muy tiernamente “¡Cógeme, mi amor! ¡Cógeme!”

Nora, querida, muero todos los días por hacerte una o dos preguntas. Déjame, querida, hacerlas, puesto que yo  te he dicho todo lo que yo he hecho, ahora puedo preguntarte. Cuando esa persona (Vincent Cosgrave), cuyo corazón detendría con un revolver, puso su mano o sus manos debajo de tu falda ¿solamente te tocó por afuera o acaso puso su dedo o sus dedos dentro de ti? Si lo hizo ¿llegó lo suficientemente profundo? ¿Te tocó por detrás? ¿Te estuvo tocando mucho tiempo como para que te vinieras? ¿Te pidió que lo tocarás y lo hiciste? Si no lo tocaste, ¿acaso él se acercó a ti y lo sentiste?

Otra pregunta, Nora. Sé que fui el primer hombre que te cogió, ¿pero acaso algún hombre antes te masturbó? ¿Ese chico al que tanto cariño le tenías alguna vez lo hizo? Dímelo ahora, Nora, verdad por verdad, honestidad por honestidad. ¿Acaso nunca, nunca tus dedos desabotonaron sus trusas y se deslizaron dentro como un ratón, mientras estaban en la oscuridad? ¿Alguna vez lo masturbaste, querida, dime sinceramente, a él o a cualquier otro? ¿Acaso jamás habías tenido entre las manos la verga de un hombre o de un chico hasta que me desabotonaste el pantalón a mí? Si no te ofende todo esto, no tengas miedo de decirme la verdad. Querida, querida, esta noche tengo tremenda lujuria por tu cuerpo que si estuvieras aquí, a un lado mío y me dijeras de tu propia boca que la mitad de los pelirrojos palurdos de Galway te habían cogido antes de mí, de cualquier modo desearía embestirte con deseo.

Dios mío, ¿¡qué clase de lenguaje es éste con el que le escribo a mi orgullosa reina de ojos azules!? ¿Se negará  contestar mis insultantes preguntas? Sé que estoy arriesgando algo muy bueno al escribirle de este modo, pero si ella me ama realmente sentirá que yo estoy loco de lujuria y que eso debo decírselo plenamente.

Corazón, contéstame. Incluso si eso significara que yo sepa que tú también has pecado. Eso me haría más cercano a ti. De cualquier modo, te amo. Te he escrito y dicho cosas que mi orgullo no me permitirá decir jamás a ninguna otra mujer.

Mi amada Nora, estaré esperando con desesperación obtener tus respuestas a estas perversas letras mías.  Te escribo tan abiertamente porque ya siento que puedo mantener mi palabra contigo.

No te enojes, querida, querida, Nora, mi dulce flor silvestre de los matorrales. Amo tu cuerpo, lo añoro, lo sueño.

Háblame con esos amados labios que he besado mientras lloro. Si estas porquerías que he escrito te insultan, hazme entrar en razón con tu látigo como lo has hecho antes. ¡Que Dios me ayude!

Te amo, Nora, y parece ser que esto es también parte de mi amor. Perdóname, perdóname.

JIM

A NORA

20 de Diciembre de 1909, Calle Fontenoy 44, Dublín.

Mi dulce niña sucia,

Recibí tu caliente carta esta noche y he estado tratando de imaginarte mientras te masturbas en el clóset. ¿Cómo lo hiciste? ¿Te recargaste en la pared con tu mano moviéndose debajo de tu ropa o te arrodillaste allí con la falda arriba y tu mano ocupada a través de la abertura de tus calzones? ¿Dices que te puso tan caliente como para que te dieran ganas de cagar? Me pregunto cómo es que puedes hacerlo. ¿Te vienes mientras cagas o primero te masturbas y luego cagas? Debe ser una cosa tremendamente deliciosa ver a una mujer con sus ropas levantadas masturbándose furiosamente, ver sus lindos calzoncitos blancos bajados por la parte de atrás y ver medio atorado en su trasero una cosa grande, gorda y café. Dijiste que cagarías tus calzones, mi amor, déjame cogerte después. Me gustaría escucharte cagar primero, querida, y luego cogerte. Alguna noche cuando estemos en algún lugar en la oscuridad hablando sucio y sientas tu mierda lista para salir, rodéame el cuello con tus brazos avergonzada y caga lentamente. El sonido me va a enloquecer y cuando te suba el vestido…

¡No seguiré! ¡Tú puedes adivinar por qué!

El cinematógrafo abrió hoy. Me voy de Trieste el domingo 2 de enero. Espero que hayas hecho lo que te dije acerca de la cocina, piso linóleo, banquitas y cortinas. Por cierto, no cosas tus calzones delante de nadie. ¿Ya está listo tu vestido? Espero que sea así –con un largo abrigo, un cinturón y puños de cuero, etc. Aún no sé cómo haré para manejar los gastos de Eileen. Por amor de Dios arregla que tú y yo tengamos una cama cómoda. No tengo ningún deseo de hacerte nada, querida. Lo único que quiero es tu compañía. Puedes estar tranquila acerca de mis idas con… tú entiendes. Eso no va a pasar, querida.

Oh, ahora tengo hambre. El día que llegue dile a Eva que prepare uno de esos pudines de tres centavos y algún tipo de salsa de vainilla con vino. Me gustaría roast-beef, sopa de arroz, capuzzi garbi, puré de papas, pudín y café negro. No, no, me gustaría stracotto di maccheroni, una ensalada mixta, ciruelas guisadas, turrón, té y presnitz. O no, mejor anguilas cocidas, o polenta con…

Perdóname, querida, estoy hambriento.

Nora, querida, deseo que pasemos un feliz año nuevo juntos. Le escribiré a Stannie mañana acerca del cinematográfo.

Nora, mi fiel amada, mi canalla colegiala de ojos dulces, sé mi puta, mi amante, tanto como lo desees (¡mi pequeña maestra cogelona! ¡mi pequeña pinche puta!) serás siempre mi bella flor silvestre de los matorrales, mi flor azul de lluvia oscura.

JIM

Revista Primera PáginaAutor: Cris Yescas Fundador y director editorial de la revista Primera Página. Estudiante de Letras Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Miembro del seminario de minificción y del seminario de escritura autobiográfica en la UNAM. Amante de la música, la fotografía, la poesía y la traducción.
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