Música

Death: la generación de nuevos paradigmas para el metal extremo

Por metal extremo, nombre soso y hasta risible, podemos entender gran parte de los géneros musicales derivados de la fusión de sonidos entre el heavy metal y el hardcore punk, principalmente. El thrash metal, el speed metal, y el death metal, en un primer momento. En el terreno de este último se desarrolló una de las más grandes bandas de metal de la historia. Se dice, de hecho, que fue dicha banda prácticamente la que dio nombre al género. Death: muerte. Simple, lo mismo que devastador. El nombre más adecuado sin duda para el proyecto que emprendería desde los 15 años, su principal compositor y frontman, Chuck Schuldiner.

                Más allá de analizar musicalmente (o solo musicalmente) los discos de Death, interesa comprender el devenir de la banda que se manifiesta también en su producción lírica y estética, así como en la manera de su fundador de auto concebirse y enunciarse ante una escena que ha sido siempre machista, homofóbica e intolerante. Me disculpo, de antemano, por enfocarme principalmente en la figura del frontman, y no en la larga lista de talentosos miembros que formaron parte de Death en diferentes momentos de su devenir.

                Remontémonos a 1987, año en que es lanzado su primer disco propiamente de estudio. Scream Bloody Gore. Es éste, para algunos, el primer disco pr­opiamente del género. La producción es mala, el presupuesto con el que fue grabado el disco, bajo. Lo que se nos presenta es una mezcla de sonidos de thrash metal con voces guturales y letras de horror y gore. Este sería el primer rostro que Chuck la daría al naciente género. La estética del disco, el diseño de portada aporta a abonar una imagen primera del Death metal, en la que muchas bandas se estancarían. La misa sacrílega oficiada por un cádaver y otros temas horroríficos han sido repetidos hasta el hartazgo, y en 2016, existen bandas que siguen encontrando en ese estereotipo su zona de confort.

                Apenas un año después, en 1988, sale a la luz Leprosy que si bien conserva hasta cierto punto la estética y letras del primer disco, es posible encontrar en él un movimiento verdaderamente prodigidioso. Un nivel en las composiciones que había sido pocas (o quizá ninguna vez) visto antes en un género “extremo”. Poco a poco Schuldiner se daba cuenta de que el camino que había de seguir su banda no podría ser siempre el mismo.

                En su tercer disco, Spiritual Healing, de 1990, el extrañamiento continúa. La portada ya no es tan violenta como las anteriores. Un azul cielo ocupa gran parte de la portada y contraportada. Una mujer enferma adolece (probablemente de cáncer) y un predicador pretende sanarla. El rictus de dolor en el rostro y la de felicidad y hasta placer en la cara de los religiosos conforman un cuadro casi cómico. La crítica social desplaza, aunque no del todo, a los temas meramente ficcionales de literatura de terror. El tempo se reduce considerablemente en la mayoría de las canciones y una cantidad importante de reverb tanto en las guitarras como en las voces aparece, lo cual aporta al sonido de la banda un carácter aún más peculiar con respecto a lo que otras bandas estaban realizando en la época. Para referencia, es en éste mismo año que sale a la luz el ya clásico Eaten back to life de Cannibal Corpse.

                El cuarto disco de Death es ya un álbum clásico en la historia del metal y representa también la primer ruptura fuerte de la banda consigo mismos y con el resto de los exponentes contemporáneos a ellos. El logo sufre un primer cambio: deja de sangrar. La sed de vísceras y muerte se ha saciado. Su público se extiende: Death habría perdido algunos fanáticos debido a la manera de enunciarse de su vocalista y frontman. Chuck fue un hombre que amaba a su familia, las historias de terror, la cerveza y los animales. Circula por internet una fotografía de él vistiendo una sudadera con gatitos impresos. Era un hombre al que no le interesaba mantener una apariencia específica, un eterno ceño fruncido. Esto, entre otras cosas,le costó en la escena del metal estadounidense cuestionamientos a su sexualidad (la cual no viene al caso aquí) y su masculinidad, los cuáles eventualmente significaron que se dudara de su capacidad o derecho a realizar metal “extremo”. Pero Human vino a cerrar bocas y mover cabezas. El sonido se volvió casi ajeno a lo que se entendía entonces por Death metal pero que discos anteriores de la banda ya invitaban discretamente. Armonías y disonancias inusitadas. Letras introspectivas, profundas, filosóficas casi. Y lo que es, para mí, el ápice de ese disco, una pieza instrumental, rara, extraterreste y hermosa, que es “Cosmic Sea”. Cabe destacar que la alineación de este disco es quizá una de las más prolíficas del género: Paul Masdival en la guitarra, Sean Reinert en la batería (ellos dos formarían años después la grandiosa Cynic), Steve DiGiorgio y su bajo sin trastes, y Chuck en las guitarras y las voces, que eran guturales cada vez más agudos, que no por ello inhumano. Death es una de las pocas bandas en las que a pesar de estar sus canciones cantadas en técnica gutural, sus letras son perfectamente comprensibles.

             0e3a55b1d10c1ba74610343ece722df9 Llega 1993 y con él Indivual Thought Patterns, un disco en que la calidad musical mostrada en Human es estirada hasta niveles que en ese momento pudieron pensarse críticos. Canciones veloces, progresivas, violentas pero increíblemente equilibradas. Más allá de lo musical, lo estético y lo lírico se alejan ya diametralmente de lo propuesto en una primera etapa. La portada es una mancha de tinta estilo Rorscharch. Las letras se inclinan seductoramente al mundo interior y a la manera de que éste pretende encontrar un lugar en el mundo: los protagonistas ya no son zombies ni cuerpos putrefactos, es ahora la imaginación, el filosófo, el hombre que no encuentra lugar en el mundo y se siente aislado en una esquina.

                 Symbolic, de 1995, supone un retorno a los temas sociales tocados en Spiritual Healing aunado a una mordaz revisión a los preceptos metafísicos sobre los que el hombre crea sentido y se lo otorga al mundo. Así mismo, una uniformidad y recuento de todo lo realizado, principalmente, desde cinco años atrás. Lo que realiza Schuldiner es básicamente, la consagración de verdaderas obras maestras como  “Zero Tolerance”, “Crystal Mountain” y “Without Judgement” que serán sentar el pavimento sobre el que se sentará el tremendo coloso que será The sound of perseverance.

 5f2af4b37d78195930680268902dbeb1_m               Este sería el último disco de estudio de Death. 1998. Gloria. Oro puro. Pero empecemos por lo primero. Para este disco, Chuck decide rediseñar el logo de la banda. Elimina la calavera que había estado sobre la letra “h” durante tantos años. La portada es roja mayormente. Y se diría, casi, que duele mirarla. Hombres, o sombras de hombres, o siluetas apenas, ascienden por una montaña que pareciera esperar con las fauces abiertas para devorarlos. Y comienza el disco:  doble pedal, platillos, tarola. Un virtuosismo barroco o neoclásico en la guitarra. La voz de Chuck Schuldiner totalmente extraña, pero al tiempo, totalmente familiar. Un tipo de gutural sui generis, una expresión verdaderamente propia. Todo lo que habíamos escuchado hasta entonces es llevado a su punto cúlmen. Pareciera que nada podría haber después de que el alma ha hablado, en aquella sublime composición que es “Voice of the Soul”.

                Pero lo que sucede es todo lo contrario. Schuldiner muere en 2001 de una neumonía, debilitado por el cáncer que se comía su sistema inmunológico poco a poco. Pero su legado no perece. Y más allá de utilizar la palabra legado en el sentido tradicional, lo entiendo aquí como la apertura de un terreno de posibilidad. En vida, el músico deseó; y lo cristalizó en su obra; que el universo del metal no fuera un espacio cerrado, un terreno estéril y repetitivo. Su figura fue ejemplo e invitación a la disidencia. Sin duda, nadie nunca hará jamás música como que la Schuldiner en Death, pero eso era, precisamente, a lo que sus composiciones invitan. A repensar, a entender una vez más, siempre, porque siempre se puede, porque existe siempre un paso más, y que lo único que puede detener a Death es, irónicamente, la muerte.

Revista Primera PáginaAutor: Cris Yescas Fundador y director editorial de la revista Primera Página. Estudiante de Letras Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Miembro del seminario de minificción de la UNAM. Rulfiano hasta el tuétano. Amante de la música y de la fotografía.

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