Melancholia o la más bella realización del Apocalipsis

De cierto no sabemos qué es lo que hacemos en el mundo y cuál es la razón porque la que estamos en él, haciendo lo que hacemos todos los días: nos volvemos hombres de ciencia, artistas o empresarios para dotar de significado a una existencia que en sí misma no lo tiene. Creamos convenciones sociales, ritos, medimos, construimos, destruimos. Todo sin poder decir si lo que pasa día con día es algo más que azar y casualidad.  La desaparición inmediata de todo aquello sobre lo que cimentamos nuestra vida es lo que plantea Melancholia (2011) de Lars Von Trier a través de la conjunción de sublimes secuencias gráficas, el preludio de Tristán e Isolda de Wagner y dos principales líneas argumentales narrativas, que si bien, en cuanto a narrativas, pueden parecer poco sólidas en momentos, no disminuyen la calidad del filme en cuanto a unidad.

Hay que tener en cuenta cuando nos enfrentamos al cine, que el objeto estético al que nos acercamos tiene características particulares y que no se rige por las reglas de otras artes: una película no es un cuento ni una novela, tampoco es una fotografía o una pintura, ni una ópera o un concierto. El cine, de algún modo, es una suma de todos ellos, lo cual no implica una heterogeneidad en la cual los elementos permanezcan incolumes, estos necesariamente son resignificados en función del nuevo todo que nos es presentado.

El filme de Von Trier inicia con una serie de secuencias en cámara lenta (tan típicas del director) que muestran la colisión del planeta Tierra con otro cuerpo celeste y la inminente destrucción del primero. Vemos perecer a un hombre, a un niño, a dos mujeres y a un caballo de quienes aún no sabemos nada. El breve instante de la muerte se extiende por varios minutos acompañados de la música compuesta por Wagner para una de sus Eine Handlung más famosos.kirsten_dunst_melancholia_lars_von_trier

Como es típico también en el director, la película está dividida en episodios. El primero de ellos tiene por nombre “Justine” y narra la boda de Justine y Michael. La ceremonia ha sido organizada por Claire, hermana de Justine, y John, su marido. La que en un principio es la boda perfecta para la sociedad burguesa va decayendo poco a poco, dejando entrever la debilidad de los símbolos y los rituales construidos alrededor de la idea del matrimonio. Gaby, la madre de las hermanas, funciona como la disidente, como aquel personaje que ha descubierto la falsedad y vanalidad de las convenciones humanas. Justine, finalmente sucumbe ante su ser, el cual no se acopla al existir que el es impuesto: decepciona a su esposo, a su hermana y su cuñado, a sus invitados y a su jefe: pierde, literalmente de la noche a la mañana, todo aquello con lo que el mundo la había rodeado para construirle una existencia feliz.

El segundo episodio lleva por nombre Claire. La hermana de Justine vive junto con su esposo y su hijo en la lujosa finca en dónde tuvo lugar la boda que presenciamos en el episodio anterior. Su vida es aparentemente apacible, pero se ve irrumpida, de nueva cuenta, por la presencia de una demacrada Justine, que atraviesa una crisis depresiva. El mundo construido se ha derrumbado para ella y no logra encontrar la manera de enfrentarse al mundo, desnuda al fin de todo. Por otro lado, Claire, que sería la contraparte racional de su hermana, es invadida por un miedo terrible ante la incertidumbre: su esposo, hombre de razón y ciencia, le asegura que están fuera de peligro, pero Melancolía, un planeta que ha entrado en la órbita de la Tierra se acerca cada vez más y ningún cálculo sería capaz de arrancarle su temor ante lo inevitable: la muerte, y más allá de ello, la extinción, la desaparición de todo lo conocido y todo lo erigido por el hombre y para el hombre. Finalmente, Justine, quien “sabe cosas” y conoce el destino de la Tierra de antemano, se burla de la pretensión de su hermana de dotar de significado al fin del mundo. No obstante, cuando Justine se enfrenta al inocente miedo a lo desconocido e inminente por parte de su sobrino, será ella misma quien erija de nuevo un rito y construya una “cueva mágica” para protección de su familia ante la colisión de Melancolía.

Finalmente el mundo es destruido, como sabíamos desde la primer secuencia del filme. Lo que podríamos llamar el mundo “natural” o la “realidad” no se detiene ni se inmuta ante el hombre. Lo que nos recuerda Melancolía, después de todo, es que a fin de cuentas recurriremos siempre a ese inexplicable apartado de nuestro existir que llamamos mente, a ese lugar en el cual se confunden imaginación y razón, y buscaremos, ante todo, explicar de una u otra manera lo que sucedió y lo que aún no sucede, para significar y resignificar lo vacío, pues, aunque como Justine sabe y afirman en algún punto del filme, “estamos solos”, en cuanto a especie, pero no en cuanto a seres sociales, y al tener a nuestro lado alguien con quien contemplar el fin, valdrá la pena llenar, vanamente quizá, ese Apocalisis de significado: pensarlo bello.

Revista Primera PáginaAutor: Cris Yescas Fundador y director editorial de la revista Primera Página. Estudiante de Letras Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Miembro del seminario de minificción de la UNAM. Rulfiano hasta el tuétano. Amante de la música y de la fotografía.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: