El repudio, un río que tocó el plagio

«La vida por la fama es bien perdida.»

BARTOLOMÉ TORRES NAHARRO

Nos han acostumbrado tanto a la materialidad y sus relaciones -como los robos, los asesinatos o los escándalos que cotidianamente vemos en los periódicos- que nos han intentado hacer olvidar el valor de una idea. Quizá esto se deba a que la crítica que surge a partir de ellas, influye en un medio que no conviene ser modificado, pues funciona adecuadamente… ¿O no?

En nuestro contexto capitalista, la ineptitud de ameritar un concepto a otra persona -cuestión sumamente debatible, pues quizá estos en el fondo no tengan dueño- puede señalar una dicotomía: la incapacidad de saber citar -aspecto lógicamente increíble, pues una licenciatura avala una preparación profesional y educativa- o el egoísmo del reconocimiento a los demás. De cualquier forma, circunstancias como ésas, dañan la reputación de las personas.

Y es que cuando no existe un escándalo como el de Enrique Peña Nieto es más difícil que un plagio -por lo menos en el ámbito no intelectual mayormente elitista- se reconozca. De este modo, la materialidad del capitalismo es más difundida (como lo dije al principio) y la infamia de este tipo aparece como un suceso que aún para instituciones, como la Secretaria de Educación Pública, son irrelevantes. Inadmisible.

En un reportaje de Aristegui Noticias, EPN fue acusado de plagio -cuestión reprobable desde cualquier perspectiva- pero, ¿realmente se comprende la magnitud de lo que significa esto? Cuando se publicó la noticia, distintas posturas surgieron desde ópticas contrarias y aseguraron fundamentar su carácter frente a los hechos. Lógicamente, la denuncia rebajó el prestigio de instituciones y de ciertas personas. Sin embargo, la indignación tampoco penetra en todos los subconscientes de la sociedad, en este caso, mexicana.

La propiedad privada -hablo del concepto instaurado como parte de la esquematización marxista- surgió en el siglo XIX; esto permitió una nueva perspectiva acerca de la posesión que trasciende no sólo el plano económico, también el de la patente intelectual. El caso de EPN puede comprobar el demérito -o la desvalorización que también viven los humanistas- de gran parte de la sociedad con relación a las ideas.

Una tesis que expone los fundamentos del presidencialismo en México -inexplicablemente escrita en un 61% por una construcción «personal y original»- debería poseer rasgos éticos y morales, no sólo porque el autor es el actual presidente de México, sino por la materia jurisdiccional que aparentemente conoce.

Así, y en muchos casos, el derecho sólo finge lo que debería ser. Entonces la figura presidencial de Enrique Peña Nieto -«máximo exponente del derecho en México» no sólo por su Licenciatura…- se ha convertido en un cauce que ya desemboca en un río de repudio en el que también actualmente se encuentran muchos otros mexicanos.

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