Les juro que sí llego: una novela hecha rap cortesía de LNG/SHT

 

En los grandiosos Crímenes ejemplares de Max Aub hay un relato en el que un hombre asesina a un amigo suyo, pues después de hacerlo esperar durante más de tres horas, éste llega muy campante a la cita, como si aquel grosero retraso fuera cosa de poca importancia. Les juro que si llego es el nombre del último EP del mexicano Gastón Espinosa a.k.a LNG/SHT, un disco de rap que francamente me ha volado la cabeza y cuya trama (pues este disco es para mí una novela), bien podría ser un antecedente del gran microrrelato de Aub.

Un gran amigo mío, también columnista de esta revista, Marco Toriz, comentaba conmigo hace algunas semanas acerca de su imposibilidad de hablar de canciones aisladas: él siempre piensa en discos completos. No es capaz de decir si “Pigs” es una genial canción de Pink Floyd, pero si puede  realizar juicios acerca del Animals completo. De algún modo estoy de acuerdo con él y desde mi subjetividad califico como los mejores discos aquellos que siguen algún tipo de cohesión o lógica interna: discos que debes escuchar en orden y de principio a fin o inevitablemente sentirás que de algo te has perdido. Discos que fueron pensados varias veces, que no son simplemente compilaciones sin ton ni son de aquello que fue surgiendo con el paso del tiempo.

Desde mi subjetividad califico como los mejores discos aquellos que siguen algún tipo de cohesión o lógica interna: discos que debes escuchar en orden y de principio a fin o inevitablemente sentirás que de algo te has perdido.

Escuché por primera vez a LNG/SHT una noche cualquiera hace aproximadamente un año. Alguien compartió en su muro de Facebook un video de YouTube: “LNG/SHT: El punk rock arruinó mi vida”. Una fotografía de un tipo gordo y barbado con una gorra tapa plana y la oreja izquierda expandida que  sostiene un micrófono era la única imagen estática del video. Decidí dar play. Suena un sintetizador seguido de una pesada línea de bajo distorsionado y un lento beat en la batería. Una base normal de punk clásico. Segundos después, la voz de un hombre. Un timbre de voz que no es demasiado agudo pero que para nada es grueso: “Tengo un tórrido romance con la culpa…” Lo que siguió me sorprendió en demasía. Yo fui un puberto muy cerrado musicalmente. Escuchar un solo género es para adolescentes tarados, dice el rapero en una de las canciones del EP de 2015, y quizás tenga razón. Solía ser un metalero a ultranza, de esos que visten el mismo chaleco con parches todos los días, cuya parte del cuerpo más preciada son sus largas cabelleras y que escuchan Slayer, Pantera, Voivod y Annhilator a todo volumen, a todas horas. No me di la oportunidad, durante mis primeros años de preparatoria, de abrir mis oídos al maravilloso y plural mundo que ofrece la música. Hoy, soy una persona que disfruta de igual manera una cumbia de Celso Piña, que una banda de Post punk o un concierto para cello de Shostakóvich. Sin embargo y muy a mi pesar, mantengo ciertos prejuicios acerca de los géneros que menos conozco. Uno de ellos es el rap. Y como muchos, quizá incluso de la misma escena del rap, tengo una idea predeterminada acerca de lo que se trata y no se trata allí: Thug life, drogas, sexo, mujeres, o en su defecto: crítica y denuncia social, marginalidad, pobreza. Pero lo que aquella noche me ofreció aquel video publicado por el canal Niños Ricos Estudio fue algo totalmente distinto: en el plano de lo musical, una simbiosis entre sonidos propios del punk y una dinámica absolutamente rapera. Pero más allá de eso, el contenido lírico de la canción: una confesión autobiográfica acerca de un sujeto que no está de acuerdo con los lineamientos que la sociedad le impone. De un personaje que es señalado como improductivo pero que puede vivir con ello, y que de hecho, lo disfruta. Algo que dista sin duda del estereotipo de rapero con grandes cadenas y anillos de oro.

Esta canción que me introdujo a la producción musical de LNG/SHT pertenece a su primer EP, Youth (2013), que fue bien recibido tanto por raperos como por punk rockers y cuyas canciones tienen mucha fuerza como unidades. Los sampleos son increíbles y poderosos. Las letras son directas y divertidas. Las referencias a la cultura pop son quizá el elemento más recurrente en este primer EP. Sin embargo, y aunque para muchos en este disco se encuentra lo mejor de Gaston, para mí la verdadera joya se encuentra en el disco que nos ocupa Les juro que si llego (2015).

Las referencias a la cultura pop son quizá el elemento más recurrente en este primer EP

El disco (aquí necesariamente debo hablar ya del disco como unidad cuya fragmentación es posible solo en detrimento de sus mayores cualidades) mezcla inteligentemente fragmentos de grabaciones de contestadora con los tracks propiamente dichos. En ese sentido, la estructura del disco es absolutamente literaria y narrativa. Lo que ambos elementos conjugados nos ofrecen es la historia intimísima de LNG/SHT. Si él es un personaje real, falso o si se trata de una ficción autobiográfica, no interesa.  Y no importa pues ese que nos habla desde un yo lírico cuenta una historia que se ha repetido hasta el cansancio en nuestra generación y que por tanto es fácil reconocernos en ella: la del joven inconforme que estudia una carrera que no le interesa, que tiene pasiones que son menospreciadas profesionalmente, que es discriminado por vestir de cierta manera o llevar tatuajes, que repudia el sistema capitalista pero que es un consumidor obsesivo que desea obtener mucho dinero de manera sencilla para complacer sus fetiches. Sus amores son intensos pero fugaces y carece, según sus mayores, de madurez y responsabilidad. Las letras de cada canción son lo mismo divertidas que conmovedoras. La obra está construida tan inteligentemente que uno simplemente no puede adelantar una canción o utilizar el aleatorio. El disco es una novela. O un poema, un poema largo. Una novela y un poema que hablan siempre de lo mismo, pero siempre diferente, siempre bello.

El disco es una novela. O un poema, un poema largo. Una novela y un poema que hablan siempre de lo mismo, pero siempre diferente, siempre bello.

Y es, sobre todo, una muestra de que aunque pareciera que todo está dicho y que existe una manera de hacer las cosas con límites bien delimitados, Gastón Espinosa, LNG/SHT nos demuestra que con un número de elementos limitados, las posibles combinaciones son siempre infinitas.

Revista Primera PáginaAutor: Cris Yescas Fundador y director editorial de la revista Primera Página. Estudiante de Letras Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Miembro del seminario de minificción de la UNAM. Rulfiano hasta el tuétano. Amante de la música y de la fotografía.
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