José Donoso: crítico mordaz de la medianía

Crítica y elogio de la medianía

          Ni siquiera en un mundo poblado por enanos y gigantes serían dignas de ser exhibidas las personas de estatura mediana. Ni siquiera. Ser digno de exhibición, por otra parte, ¿es proeza, ventaja o beneficio? ¿Es maravilla?

                                               Ana María Shua

Por un lado, lo bello y lo sublime han sido parte importante de la temática de la literatura a lo largo y ancho del mundo durante toda la historia, lo grotesco y lo obsceno, por otro, han ocupado también un derrotero nada despreciable, aunque por lo general este extremo haya sido minimizado, invisibilizado o relegado en incontables ocasiones.

En la minificción que abre este artículo, perteneciente a Fenómenos de Circo de la argentina Ana María Shua, se reflexiona acerca de los dos extremos de un término, pero sobre todo, de lo que se encuentre en medio de ambos, de aquello que pueda ser clasificado como mediano, mediocre o normal.

Cuarenta y un años antes, en otro país del cono sur, el chileno José Donoso se planteaba la misma cuestión, bajo otros términos y en otro contexto. Así mismo, su forma de trabajar el tema fue radicalmente distinta al de la maestra argentina del microrrelato. Mientras que la reflexión  de Shua está contenida en unas cuantas líneas, la obsesión de Donoso resultó en una novela de 546 páginas, que según una entrevista otorgada por el autor, le costó casi un década parir.

La novela publicada por Seix Barral en 1970 para su colección Biblioteca Breve podría parecer de primera instancia una oda a la exageración y el extremismo: muchas son las dificultades que se presentan al ir internándose a la selva que es El obsceno pájaro de la noche. Aún después de varias páginas es difícil adaptarse a la polifónica voz narrativa, un monstruo con muchas bocas y decenas de cuerdas bucales que se pisotean las unas a las otras con tal de llevar el mando, de hablar primero ellas antes que las otras. Los cambios de narrador son impredecibles y sorpresivos. Pero aquello no es la mayor dificultad que presenta la obra. Muchas novelas son desafiantes en la forma pero relativamente simples en el contenido.  No es esto lo que sucede con el hijo más controvertido de Donoso, pues la trama se niega a sí misma a cada paso, los escenarios y las situaciones de una realidad aparentemente objetiva son cancelados por otras realidades que se superponen a ésta, hasta llegar al punto en que los límites de lo onírico, lo rememorado y lo verdaderamente acontecido dentro del universo ficcional se desdibujan totalmente.freaks.jpeg

No obstante, más allá de una primera impresión de complejidad, el contenido de la obra nos permite leer una crítica mordaz a la medianía: en un universo en el que las aristas se encuentran totalmente alejadas las unas de las otras, en el que lo bello y lo grotesco están en apariencia diametralmente distanciados, el peor de los castigos es encontrarse a camino entre uno y otro, ser completamente normal, mediocre, mediano. Humberto Peñaloza es el personaje que encarna con mayor claridad esta cuestión. Un hombre que no destaca en absolutamente ningún ámbito: no en lo físico, no en lo económico, no en lo artístico. Su obsesión es la de ser siempre más de lo que es, y cuando ha fallado por ésta vía, lo mejor es reducirse, negarse, llegar al extremo de lo grotesco, de lo despreciable, de lo obsceno. Porque cualquier cosa es para él mejor que quedarse allí, a medio camino entre el ser y el ser, en una especie de limbo en la que solamente se está siendo.

Pero esto también se encuentra en otros personajes de la novela; Jerónimo de Azcoitía, un hombre que pertenecería al extremo más afortunado de nuestro término binario belleza/fealdad sufre también el proceso de devenir que lo vuelve un hombre impotente, un hombre inútil, un mediano, un cualquiera. Lo mismo sucede con su mujer, Inés Azcoitía, un ser que podría tener todo para ser un ejemplo de perfección, pero cuyo vientre podrido la arrastra al más oscuro rincón de la monstruosidad.           Lo mismo sucede con el resto de los personajes: seres que no logran permanecer estables en alguno de los extremos, monstruos que devienen seres bellos en un universo particular y guardianes de lo sagrado que cometen las más horrendas herejías.

Podrá gustar o no (como a Bolaño) la novela de Donoso, pero no sin razón se ha convertido en un referente importante cuando se habla de literatura chilena y latinoamericana en el siglo XX. Las historias personales de Peñaloza y Azcoitía­ (y de la Madre Benita, de Boy y de Iris Mateluna, y de todos los personajes que van y vienen a través de las páginas de la novela) dejan de ser precisamente eso, personales, para trascender a un nivel social o universal, a una lucha  sin fin entre los extremos de un concepto que se piensa binario: lo bello y lo monstruoso, lo sagrado y lo profano, el placer y el dolor; para encontrar solamente que entre uno y otro de los ápices se encuentra un camino plagado de nuevas posibilidades, de voces que no son ni lo uno ni lo otro, y que recuerdan, sobre todo, la imposibilidad de lo certero, de lo único y de lo inamovible: entre lo sublime y lo vulgar, entre lo obsceno y lo decente, existe una distancia que si bien no corta, es siempre franqueable. Las más de las veces ese espacio intermedio resulta terrible, pues, en un mundo como el que ha creado el ser humano, el sentirse en medio, sin elemento alguno al cual asirse, provoca una tremenda incertidumbre capaz de derrumbar hasta el ser más inquebrantable.

Revista Primera PáginaAutor: Cris Yescas Fundador y director editorial de la revista Primera Página. Estudiante de Letras Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Miembro del seminario de minificción de la UNAM. Rulfiano hasta el tuétano. Amante de la música y de la fotografía.
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