Estridentistas VS Contemporáneos: un conflicto de hace mil siglos

En 2015 cuidé la edición del primer libro de Emiliano de la Rosa, Flor y Espejo, y entre varios otros, quedaron grabados en mi memoria los siguientes versos: “He visto gente seguir gente que sigue gente/que sigue gente por conflictos de hace mil siglos.” Esas palabras han venido a mi mente cuando hace unos días visité la exposición recientemente inaugurada en Bellas Artes: “Los Contemporáneos y su tiempo”. Unos meses antes, visité con mucho entusiasmo la exposición/donación de “Los Estridentistas” en el MUNAL. Es evidente que son muchas las diferencias entre una y otra exposición, sin embargo, la disposición y curatoría de ambos espacios dejan de manifiesto algo que para nadie debería ser secreto: la lucha eterna por el poder hegemónico en el terreno literario mexicano.

Si ya has visitado ambas muestras habrás notado el abismo de diferencia entre el presupuesto invertido en una y otra. El tamaño de las salas y el número de obras expuestas también se alejan diametralmente. Además, en “Los contemporáneos…” se dedica una sala, precisamente, a los “Estridentistas”. Pero lo que allí se nos muestra de ellos es solo una de las caras de la crítica acerca de dicha agrupación: jóvenes ruidosos pero sin ningún talento, un líder homofóbico, un grupo frustrado, una sarta de inútiles. Opiniones que salieron, de entre otras tantas, de las letras de Carlos Monsiváis (mismo personaje, que por ejemplo, evitó que Abigael Bohórquez fuese publicado en vida en antologías de poesía de aquel momento).

Pocos han sido los críticos que han decidido optar por una postura más objetiva e imparcial, uno de ellos es Evodio Escalante, quien tanto en el libro publicado por el INBA con motivo de la exposición, como en ensayos anteriores (Elevación y caída del estridentismo), analiza de manera más justa el fenómeno que fuese el Estridentismo en los años 20. Escalante no peca de lo que la mayoría de los estudiosos de este suceso: él ni encumbra ni sataniza.

Los Estridentistas, más allá de su valor estrictamente literaria, representan una lucha interminable por el poder literario en México, una pugna que tiene mucho de binaria: los del centro contra los poblanos, los recatados y crepusculares contra los provocadores y futuristas. José Luis Martínez en su prólogo a la antología del Ensayo Mexicano Moderno da cuenta de los procesos de exclusión utilizado por aquellos que ostentan el poder entre sus manos, muchos de los textos seleccionados se alejan demasiado de la definición de ensayo que él mismo ha establecido, pero ¿cómo sería capaz de dejar fuera de tal empresa literaria a Julio Torri, a Justo Sierra,  a Gutiérrez Najera o al mismísimo Octavio Paz? Y peor aún, ¿cómo osar sustituirlos, por ejemplo, con un Maples Arce o un List Arzubide? Las parcelas del poder están bien definidas desde la institución de esta nación y sus cimientos suelen moverse poco a lo largo de la historia.

Roberto Bolaño, en Los detectives salvajes narra la admiración y curiosidad que él y su grupo de jóvenes poetas (Infrarrealistas en la realidad y Realvisceralistas en la novela) sentían por Los Estridentistas. Podríamos pensar en los primeros como los herederos de estos últimos: enemigos acérrimos, cuando menos en apariencia, de Octavio Paz y su séquito. Poetas ruidosos, poco ortodoxos, fieles a la vanguardia, nómadas, antisolemnes. Y dicha oposición de grupos puede rastrearse hasta el día de hoy. Aún está fresca la polémica por la antología La nouvelle poésie mexicaine, una muestra clara de que la lucha sigue vigente, de que el poder sigue siendo acaparado por unos cuantos que, así como Los Contemporáneos o Los Ateneístas, que aunque no tuviesen afinidades estéticas o literarias, algo tuvieron en común: fueron y son los que reciben las becas y los apoyos, los que son publicados en antologías pagadas con dinero público, los que viajan a otros países como dignos representantes de la alta y cosmopolita cultura mexicana y que una vez agotado su genio literario obtienen puestos dentro de instancias culturales para repetir los mismos esquemas y las mismas prácticas ad infinitum. Recientemente también ha fallado el proyecto Tierra Adentro, en cuya colección se publicaron textos de gran valor literario pero también muchos otros que hacen pensar ¿y a quién dejo de publicarse por publicar esto?  Y está, por otro lado, entre las sombras, las parcelas alternativas: La ratona cartonera, Niño Down ediciones; ¿son los herederos de Estridentistas e Infrarrealistas? ¿buscan ellos y buscaron sus presuntos antecesores el poder o simplemente buscan abrir espacios distintos, crear un cambio?

Sin embargo, si acaso existe una respuesta certera, la desconozco. Dice Caeiro “Si las cosas fuesen diferentes, serían diferentes: esto es todo./ Si las cosas fuesen como tú quieres, serían sólo como tú quieres.” Me contaba una vez un ex–infrarrealista cuyo nombre prefiero mantener anónimo, cómo Mario Santiago Papasquiaro llenaba las cintas de la grabadora de la residencia Paz leyendo sus poemas, para obligar así a Octavio a tomar la llamada. En una entrevista realizada a Marco Lara Klahr para el número especial acerca del Infrarrealismo de la hoy inconseguible revista Viento en Vela, el periodista cuenta como su amigo, Papasquiaro, era un hombre que era cuando menos, incongruente. Que deseaba ser leído, escuchado, que soñaba con fama y reconocimiento, pero intentaba conservar siempre una imagen que dijera todo lo contrario. ¿Tiene acaso razón el teórico francés Pierre Bordieu y todos los esfuerzos de los que no ostentan el poder; en este caso Estridentistas y los que les siguieron y les antecedieron, y en suma, de todo grupo disidente y alternativo; fueron, son y serán realizaciones simbólicas en miras de una realización material? Una antología oficial, una entrevista en Letras Libres, una lectura de poesía en Casa del Lago, un

¿Habría existido un cambio verdadero si a Monsiváis, a Cuesta o a Bodet se los hubieran comido los zopilotes como prometía Maples Arce? Probablemente la lógica de exclusión habría sido la misma. Todo aquel que no encajara en cierta estética o con unos ideales en particular habría sido dejado fuera. Y estos, a su vez, los excluidos, buscarían maneras de hacerse con el poder. Pero la realidad es una. Los que ostentan el poder literario en nuestro país siguen una misma línea, realizan las mismas prácticas, parecen incluso, hablar con las mismas palabras que otros hace 100 años. Este es un conflicto de hace mil siglos, una pelea “por muertos ya olvidados”. Un pleito que parece extenderse más allá de lo que uno puede ver, y aún más lejos, tal vez.

Revista Primera PáginaAutor: Cris Yescas Fundador y director editorial de la revista Primera Página. Estudiante de Letras Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Miembro del seminario de minificción de la UNAM. Rulfiano hasta el tuétano. Amante de la música y de la fotografía.
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